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October 22nd at 8:31pm

Vacunas Obligatorias ¿Sí o No?

Hola humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia,

 

Esto iba a ser un video-debate sobre si la vacuna de covid-19 debería de ser obligatoria para todos o no, así se lo ofrecimos a ustedes no hace mucho y comentar sí que comentaron. Pero buscábamos participantes para un directo, queríamos tener caras detrás de las palabras, y eso no. Palabras muchas, rostros muy, muy poquitos. En fin, seguimos insistiendo, buscando su participación

 

Caso de que ustedes no se animen, de momento nos quedamos en lo de siempre. Nosotros hacemos el vídeo que queramos hacer, ustedes comenten lo que les da la gana: que si el vídeo está sesgado por aquí o por allá, que si porqué no incluimos esto o mencionamos aquello y yo ya les responderé lo habitual: “Mira humano, si cuando se te ofrece la oportunidad de participar no la tomas, ¿por qué no haces tú mismo el vídeo que te hubiese gustado ver? Sé el cambio que quieres ver en el mundo. No te quedes mirando cómo el mundo pasa por delante de tu computadora”.

 

Vamos al grano, déjenme que les caliente un poco las neuronas. ¿Qué tal esto como título?

 

Vacunas, El Pasaporte Hacia la Libertad

 

Miren lo que hemos encontrado.

En un experimento llevado a cabo en 1981 por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman se pedía a estudiantes universitarios estadounidenses y canadienses que decidieran una respuesta a un hipotético  "brote de una enfermedad asiática inusual".

 

Se pidió a los participantes que se imaginaran preparándose para un brote que se esperaba que matara a 600 personas eligiendo programas alternativos para combatir la enfermedad.

 

Se pidió a un grupo de participantes que eligiera entre los programas "A" y "B":

 

Programa A: "200 personas se salvarán"

Programa B: "hay una probabilidad de 1/3 de que se salven 600 personas y una probabilidad de 2/3 de que ninguna persona se salve"

En este escenario, el 72% de los participantes prefirió el programa A.

 

Se pidió a un segundo grupo de participantes que eligiera entre los programas "C" y "D":

 

Programa C: "400 personas morirán"

Programa D: "hay una probabilidad de 1/3 de que nadie muera y una probabilidad de 2/3 de que mueran 600 personas"

En este escenario, el 78% prefirió el programa D - que ofrece el mismo resultado que el programa B. 

 

Lo que el experimento viene a probar, antes de confundirles a ustedes más, es que es fundamental la manera cómo enmarcamos un problema, en este caso vidas salvadas versus muertes.

 

Este estudio que les hemos resumido se llama: "El encuadre de las decisiones y la psicología de la elección". Ya es un clásico de la psicología y pueden encontrarlo en la descripción del vídeo.

Hay muchos otros estudios con hallazgos similares, sobre todo en el trabajo de George Lakoff, autor de “No pienses en un elefante: conoce tus valores y enmarca el debate”.

 

Y eso es lo que vamos a intentar hacer aquí, enmarcar el debate, porque por lo que yo llevo leido en los comentarios que habéis escrito cuando os preguntamos vuestra opinión sobre la obligatoriedad de la vacuna para el covid-19 hay mucha gente que está pensando en un elefante.

 

Así que para comenzar nos vemos obligados a remarcar lo obvio. 

 

- Las vacunas contra el covid-19 son seguras, se han desarrollado rápido sí, pero se han tomado todas las medidas necesarias para garantizar su seguridad; se han desarrollado en base a conocimientos científicos utilizados durante décadas. No son experimentales. Han pasado todas las etapas requeridas de los ensayos clínicos. Están sometidas al monitoreo más intenso en la historia de las vacunas.

 

- Las vacunas contra el covid-19 son efectivas. Pueden evitar que usted contraiga y propague el virus que causa el COVID-19. ¿Puede usted contagiarse de covid-19 aun estando vacunado? Pues sí, porque las vacunas no ofrecen un 100% de protección, pero si usted contrae covid la vacuna puede evitar que usted enferme gravemente. Si usted está vacunado también puede proteger a las personas a su alrededor, especialmente a aquellas que tienen mayor riesgo de enfermar gravemente. Si usted no enferma gravemente  y no contagia a alguien que enferme gravemente hay menos necesidad de que acudamos todos al hospital y el sistema sanitario colapse; porque los hospitales se necesitan no solo para tratar pacientes de covid-19 sino pacientes que necesitan ser atendidos de urgencia de otras enfermedades.

 

Para todo esto sirve la vacuna de covid-19. Ninguna de las vacunas contra el COVID-19 contiene el virus que causa el COVID-19 vivo, así que no es posible que una vacuna contra el COVID-19 lo enferme a usted de COVID-19. Ya hay evidencia de que las personas adquieren una mejor protección por estar totalmente vacunadas que por haber tenido COVID-19. Un estudio que les dejamos en la descripción del vídeo demuestra que las personas no vacunadas que ya tuvieron COVID-19 tienen más del doble de probabilidades de volver a contraer COVID-19 que las personas totalmente vacunadas.

 

Las vacunas ayudan, las vacunas protegen. Hay cosas que aún no se saben. No se sabe, por ejemplo, cuánto dura la protección en las personas que se vacunan. Lo que sí sabemos

es que hay casos muy graves y muertes por COVID-19 en muchas personas. Y que si usted contrae el COVID-19, también corre el riesgo de contagiar a sus seres queridos, que podrían enfermar gravemente. Sabemos que la opción más segura es vacunarse contra el COVID-19

 

Esto es de cajón, de libro, lo que hay, que nadie piense en un elefante. Porque si no sería imposible tratar el tema que les sugerimos en el debate sobre la obligatoriedad o no de la vacuna.

 

El principal argumento que yo leo en contra de la obligatoriedad de vacunarse es sobre la violación de la libertad personal. A nadie debería obligársele a meterse algo en el cuerpo que no quiera inyectarse.  Eso es, principalmente, lo que yo leo.

 

Jim Jordan congresista estadounidense  por el estado de Ohio tuiteó el mes pasado que la obligatoriedad de la vacuna “no es americano”, en referencia a lo que muchos tienen en la cabeza, que Estados Unidos es el paladín de las libertades personales. Le cayeron palos por ignorante (o por mentiroso) recordándole que para él haber ido a la escuela tuvo que estar vacunado de sarampión, paperas, rubeola, polio, varicela, hepatitis B, Difteria, tétanos, tos ferina, etc, etc, etc… Que las vacunas también son obligatorias para entrar al ejercito, a las escuelas de medicina y enfermería, a determinados países, o como refugiado en los Estados Unidos. Que los mandatos de vacunas en Estados Unidos no son antiamericanos, sino todo lo contrario son muy americanos, porque han existido durante décadas. Tal como ha existido el rechazo que ahora se da.

 

Yendo hacia atrás en el tiempo, el mismo rechazo que se está dando hoy se dio con la introducción de los mandatos de vacunación infantil en la década de 1970. Pero para 1980, los 50 estados exigían que los escolares estuvieran vacunados contra la variedad de enfermedades que ahora apuntaban quienes respondían al congresista

 

Entre 1898 y 1903 la viruela hizo estragos. El gobierno obligó a todo el mundo a vacunarse y hubo estadounidenses que declararon que nunca tragarían por eso. Los grupos anti-vacunación difundieron propaganda sobre los terribles efectos secundarios y los médicos corruptos. Multitud de padres marcharon a las escuelas para exigir que se permitiese la entrada a sus hijos no vacunados. Las personas hicieron certificados de vacunación falsos. Hubo hasta quienes se quemaron los brazos con ácido nítrico para imitar la cicatriz característica que dejaba la vacuna.

 

Las razones para la resistencia entonces eran similares a las de hoy: unos se opusieron a los mandatos por motivos de libertad personal; otros porque creían que los legisladores estaban confabulados con los fabricantes de vacunas, y otros por preocupaciones de seguridad que, para ser justos, estaban más fundamentadas en la realidad que hoy. Las vacunas entonces no estaban reguladas como ahora, y hubo casos documentados de dosis contaminadas con tétanos. Hace un siglo, escuadrones de hombres entraban a las casas de las personas en medio de la noche, derribando puertas si era necesario, para inyectar a las personas las vacunas contra la viruela. No creo que ahora se esté llegando o se vaya a llegar a tanto

 

Más atrás aún en el tiempo, George Washington ordenó vacunas para los soldados bajo su mando en el Ejército Continental en 1777 porque sabía que si surgía una epidemia, eso iba a causar más muertes que el enemigo; y antes aún, cuando los barcos de colonos europeos llegaban a las colonias americanas, les ponían en cuarentena para evitar enfermedades. Entonces, en el caso de la viruela, como aún no existía vacuna, lo que los médicos hacían era provocar una pequeña herida en la persona para en ella frotar el virus vivo de la viruela, y así inducir una infección relativamente leve para protegerse de posibles infecciones más graves en el futuro.

 

Comparen entonces, con ahora. Los mandatos de vacunas no son antiamericanos, no son pérdida de libertad; son parte de la tradición estadounidense y siempre ha provocado resistencia en parte de la población. Nada de esto es nuevo, pero una cosa distingue a los manifestantes anti-vacunación de hoy de los del pasado. La oposición siempre fue política pero antes no fue partidista. Los reclamos de libertad, los sentimientos sobre los derechos de los padres, las preocupaciones sobre la ciencia o sobre las ganancias involucradas ya estaba ahí; pero esta división partidista en términos de quién es más probable que dude o rechace la obligatoriedad de la vacuna es algo nuevo, de este momento del siglo XXI que nos toca vivir. Revisen nuestros vídeos para entender ustedes a quien le debemos este partidismo. Me pregunto cuanta gente que antes estuvo contra la cuarentena, contra las medidas de distanciamiento, contra el uso de la mascarilla, ahora también está contra la vacuna sin siquiera reparar que es ésta la que va a liberarla de lo previo

 

El cuando a la legalidad de los mandatos de vacunas obligatorios, en el caso de los Estados Unidos, ya quedó resuelta hace más de un siglo cuando como resultado de ese rechazo en el caso de la viruela que les hemos contado, la Corte Suprema resolvió en1905 la cuestión, dictaminando que eran constitucionales.

 

El juez John Marshall Harlan, conocido por defender las libertades civiles escribió entonces: “La Constitución no impone un derecho absoluto en cada persona a estar, en todo momento y en todas las circunstancias, totalmente libre de restricciones” “La libertad real para todos no podría existir bajo la aplicación de un principio que reconozca el derecho de cada individuo a usar el suyo, ya sea con respecto a su persona o su propiedad, independientemente del daño que pueda causar a los demás”

 

Yo creo que esto podría escribirlo cualquier juez hoy mismo. Y es en este marco, volviendo al estudio del comienzo sobre la importancia de cómo enmarcar el problema, en el que presentamos el tema de la obligatoriedad, o no, de la vacuna contra el covid-19 hoy. El estado puede y debe restringir la libertad de las personas si éstas representan una amenaza de daño para otros, pero sólo puede hacerlo si ése es el caso. Tiene que probar que si restringe tu libertad personal es porque tú puedes ser una amenaza para otros. 

 

Vamos por partes. Lo primero: que el estado puede y debe restringir la libertad para el bien de la comunidad, pues claro que puede y lo hace. Y yo no veo que nadie se queje, por ejemplo, de que para entrar en muchos países has de estar vacunado contra la fiebre amarilla, porque si no lo estás puedes meterla dentro. Asumimos la obligatoriedad como algo normal. Hay muchas cosas que hacemos sin rechistar, porque nos obligan, y puede que incluso no tengan mucho sentido. Cuestión de percepción personal. Por ejemplo, quitarse los zapatos y los cinturones para entrar en la zona de tránsito internacional del aeropuerto; regalo de los atentados de las torres gemelas. Entramos en los aeropuertos descalzos y agarrándonos los pantalones en caso de que hayamos escondido explosivos en los zapatos o el cinturón como resultado de un atentado de hace 20 años, ¿y nadie se manifiesta contra eso?

 

Imagina esto. Estás a punto de abordar un avión. Las autoridades tienen motivos para creer que llevas un arma cargada. Tienen derecho a detenerte. Pero están obligados a investigar si realmente tienes un arma y si no la tienes, están obligados a liberarte y permitirte abordar tu avión. Continuar detenido sin causa justificada sería un abuso de tu libertad.

 

Tener COVID es como abordar ese avión con un arma cargada que puede dispararse accidentalmente en cualquier momento. Pero si las vacunas eliminan las balas del arma, los portadores no son un riesgo para otras personas y pueden y deben estar libres. La vacuna es el pasaporte para tu libertad.

 

Lo que hemos descubierto, dolorosamente, es que la principal forma de controlar la pandemia, ha sido restringiendo el movimiento de personas. Esto evita que las personas se infecten e infecten a otros. Es la base justificada para los encierros, el aislamiento, los pasaportes de vacunas y la cuarentena de personas que han estado en áreas de alto riesgo.

 

Si las vacunas reducen suficientemente la transmisión a otras personas, si los vacunados eliminan las balas del arma, si no son un riesgo para otras personas, pueden y deben de estar libres; los pasaportes de vacunas, o sanitarios, son la libertad que todos reclamamos pero que sólo se puede otorgar a quien no puede causar daño a otros.

 

Los pasaportes de vacunas y la obligatoriedad de la vacuna en ciertos empleos ha motivado manifestaciones en contra por toda Europa (en Francia, más de 200.000 manifestantes) pero se ha incrementado el ritmo de vacunación. Porque en las condiciones de bloqueo que a todos nos ha tocado vivir, la vacuna, es el mejor camino para recuperar la normalidad y la libertad que todos anhelamos. Y no es discriminación seguir restringiendo la libertad de los no vacunados; es como poner en cuarentena a quienes ingresan en el país cuando llegan desde un país de alto riesgo. Su libertad está restringida porque son una amenaza para los demás.

 

Amenaza directa, como en el caso de contagio directo por montarse en un avión con covid, o indirecta, como es el caso de colapsar los servicios de urgencia de un hospital. Aun antes de esta pandemia, gente moría a diario como resultado de las listas de espera para ser atendido. Quien no tiene un familiar que haya fallecido porque cuando finalmente le llegó el turno de ser atendido por el médico especialista, ya tenía un cáncer que estaba demasiado avanzado para ser tratado. Entonces, ¿por qué se le va a dar prioridad de atención médica a alguien que enferma de covid-19 cuando pudiéndose haber vacunado escogió no hacerlo, antes que a otro que necesita esa cama en la UVI del hospital, o ese respirador?

 

Repito. El estado puede y debe restringir la libertad de las personas si éstas representan una amenaza de daño para otros, no es discriminación seguir restringiendo la libertad de los no vacunados. Si representan un daño, si no, no puede hacerlo, si no puede probar que eres una amenaza para otros, que llevas un arma, han de dejarte montar en el avión.

 

Con lo cual todo este debate (que estoy teniendo yo solo porque no puedo ir a perseguirles a ustedes para que participen) se reduce a una cuestión de proporcionalidad.

 

Las vacunas reducen la transmisión, pero ¿la reducen lo suficiente como para justificar mandatos, incluida la restricción de las libertades de los no vacunados?

Pues ahí es donde alguien ha de poner el listón y decidir que es suficiente. Las vacunas actuales parecían reducir la transmisión de la variante alfa original en un 50-60%, pero no está claro si reducen significativamente la transmisión de delta, particularmente con el tiempo. Los datos de Israel sugieren que los vacunados en enero podrían tener tan solo un 16% de protección contra la enfermedad sintomática en julio (aunque todavía un 80-90% de protección contra la hospitalización y las enfermedades graves). Otros estudios han mostrado cargas virales similares en aquellos infectados con delta independientemente del estado de vacunación.

 

Dejar que los vacunados deambulen libremente y restringir la libertad de movimiento de los no vacunados sería una discriminación si la vacuna no reduce significativamente la transmisión.

 

Sabemos que las vacunas tienen efectos secundarios, incluso letales. La vacunación contra COVID en grupos de bajo riesgo, como niños y jóvenes, es claramente en los intereses de las personas mayores, pero menos en los suyos. Los riesgos, se vuelven más significativos en ellos.

 

Esto en cuanto a causar un daño directo a otros, por contagio. En cuanto al daño indirecto por consumir un recurso escaso como las camas de la unidad de cuidados intensivos enfermándonos de covid, la proporcionalidad se cuestiona como: ¿dónde ponemos el listón con el cual decidimos que la presión sobre el sistema de salud es tan severa como para justificar la coacción como método para proteger el sistema?

 

De nuevo, alguien tiene que poner ese listón, porque si no cualquier medida para promover la salud podría ser obligatoria:  dejar de fumar, perder peso, hacer ejercicio, etc. La libertad tiene cierto valor y eso incluye la libertad de asumir algún riesgo.

 

Cuánto riesgo debemos tolerar y qué nivel de coerción se justifica depende de la seguridad y eficacia de las vacunas, la reducción de la transmisión, la gravedad del problema de salud pública, la efectividad de las medidas menos restrictivas de la libertad, los costos de la coerción y, en definitiva, el valor de la salud y la libertad.

 

La ecuación no es fácil. Yo creo que debatiendo no seriamos capaces de resolverla nunca. Pero por suerte creo que se va a resolver sola. Esto no surgió ayer, ya llevamos 18 meses viviendo esto, hemos visto lo que hemos visto y más o menos sabemos lo que hay; el que no quiera verlo es porque prefiere vivir en otro mundo. La evidencia es muy fuerte de que las vacunas covid previenen enfermedades graves con delta. La mayoría sabemos que las vacunas son el pasaporte hacia la normalidad que añoramos, el resto la irá aceptando, como en el pasado. También el cinturón de seguridad nos restringía la libertad dentro de nuestro querido auto y ahora lo aceptamos como algo mejor para nosotros, para quien nos rodea y para el sistema. El consenso social cada vez será más amplio a pesar de que hay situaciones en las que la carga social que cae sobre un grupo a veces beneficia a otro. Los superpropagadores o quienes se infecten con facilidad van a tener que aguantarse sufriendo más control que el resto; eso va a crear desigualdad para ellos, para facilitar la libertad de otros.

 

Conviviremos con covid al igual que convivimos con las leyes de tráfico: podríamos reducir drásticamente las muertes en las carreteras si reduciésemos los límites de velocidad. Sin embargo, equilibramos las vidas perdidas en las carreteras (y las emisiones de carbono) con la eficiencia del transporte, el placer y la libertad. Aprenderemos a vivir con covid como aprendimos a vivir con la gripe. Y la vacuna no es mas que parte de ese aprendizaje. Las decisiones respecto a ella no pueden ser meramente médicas, menos políticas, y nunca partidistas como muchos quieren que sean ahora; han de ser decisiones éticas, que sepan sopesar los diferentes valores para maximizar salud pública y libertad

 

Hasta la próxima, 

 

La Paz

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Categoría: Actualidad
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