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October 29th at 5:41pm

Putin, El Titiritero

Hola humano,

 

Bienvenido a un corto documental de MarginalMedia

 

Te recuerdo un dato que seguramente se te pasó por alto, el pasado 7 de octubre fue el cumpleaños de Vladimir Putin, presidente de Rusia; cumplió 68 años. ¿Y sabes por qué se te pasó por alto? Efectivamente, porque no te importa. Pero casi como a cualquiera que cumpla años, a él si. Para él es importante que el mundo le recuerde. ¿Quieres saber cuantos líderes internacionales le llamaron por teléfono para felicitarle por su cumpleaños? 12. 9 fueron líderes de repúblicas ex-soviéticas y sólo 3 fueron de países ajenos a su vecindario: Israel, India, y Cuba.

 

Este vídeo va sobre como Vladimir Putin, ese maestro en sembrar inestabilidad por todo el mundo, ahora se encuentra rodeado de ella. Por mirar lejos, por ambicionar Occidente, ahora descubre que el patio de su casa es un hervidero que incluso podría cocerle a él mismo

 

Putin, El Titiritero

 

Yo sí recuerdo a Putin estos días. No por su cumpleaños sino porque a la vuelta de la esquina (entiéndase, del mes) está la elección estadounidense y bien sabemos, el impacto que él tuvo en la última hace 4 años.

 

La campaña que llevó a cabo Rusia para influir en las elecciones presidenciales de 2016 en las redes sociales se centró en dirigir los esfuerzos hacia usuarios afroamericanos, como parte de sus tácticas para favorecer el voto del candidato republicano, el todavía presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

 

Las publicaciones de cuentas falsas desde Rusia en Twitter, Instagram, Facebook y YouTube generaron más de 300 millones de interacciones de los internautas estadounidenses entre 2015 y 2017.

 

Las investigaciones llevadas a cabo por la Agencia de Investigación de Internet revelaron que la interferencia rusa perseguía un patrón de búsqueda constante para dividir a los estadounidenses, particularmente por motivos raciales, pero también por religión e ideología.

 

Los resultados de los informes encargados por el senado estadounidense hechos públicos en diciembre de 2018 señalaban que las actividades de desinformación de Rusia aún continuaban.

 

Cuando las noticias de esta sucia intromisión clandestina manipulando la sociedad de otro país se vieron en los noticieros de todo el mundo, incluida la televisión rusa, Putin no sintió vergüenza alguna por ello, al contrario, él percibió aquello como una demostración pública de su poder. Rusia cuenta en el panorama internacional, Rusia puede influir en la política del país más poderoso del mundo, Rusia controla, y yo, Putin, soy parte del comando de este escenario mundial. Putin quiere que le vean como el enigmático maestro de marionetas que le gusta ser. Un jugador de ajedrez que puede enrocarse en cualquier momento, un tahúr de póker que nunca sabes cuando va de farol. A él le gusta ser el estratega en la sombra, que nadie sepa cuánto poder puede realmente tener.

 

Y saber de dónde le viene todo esto es fácil. Cualquier joven que se apasiona con algo y se compromete a formarse seriamente en torno a su pasión gana un conocimiento y un gusto por ello que le dura de por vida. En mi caso, de mi formación como actor durante 15 años ha quedado un gusto por contar historias y tal vez, cierta habilidad para hacerlo. En el caso de Putin, él se graduó a los 23 años como abogado con una tesis acerca de la política de Estados Unidos en África, e inmediatamente después fue reclutado por la famosa KGB, la agencia de inteligencia y de la policía secreta de la antigua Unión Soviética, de la que pasó a ser agente durante los siguientes 16 años.

 

De ahí saltó directamente a la política. No es difícil de entender que alguien que durante más de tres lustros tuviese que pasar el 25% de su tiempo creando desinformación como parte de su trabajo como agente secreto haya ganado cierto gusto y habilidad para hacerlo.

 

Pero a Putin, el titiritero, se le enredan ahora las cuerdas de sus marionetas. Resulta que la patata caliente del planeta se traslada ahora a su vecindario y eso le está creando problemas. Los levantamientos en Bielorrusia y Kirguistán y una guerra en la región del Cáucaso están socavando la influencia del líder ruso. Su imagen de maestro táctico se desmorona. Putin parece haber perdido su toque

 

Hasta ahora nadie ha cuestionado que ésta es la esfera de influencia de Rusia, hasta ahora. Pero las crisis concurrentes en Bielorrusia, Asia Central y la región del Cáucaso han tomado por sorpresa al Kremlin, que ahora lucha por apuntalar los intereses rusos en las ex repúblicas soviéticas.

 

En Bielorrusia, Putin respondió a un levantamiento callejero en agosto apoyando al impopular autócrata del país, el presidente Aleksandr G. Lukashenko, y volviendo la opinión pública contra Rusia en lo que anteriormente había sido el país más amigo de Rusia de Europa.

 

En Kirguistán, en Asia Central, las manifestaciones han alcanzado recientemente tal virulencia que el presidente Sooronbai Jeenbekov, ha tenido que dimitir de su cargo para evitar un derramamiento de sangre. Hace apenas un mes Putin le prometía en persona que haría todo lo posible para apoyarlo como jefe de estado.

 

Y en el Cáucaso, el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por el enclave de Nagorno-Karabaj continúa prolongándose sin que nadie sea capaz de implementar un alto el fuego efectivo y amenazando con deshacer el equilibrio que había permitido a Rusia cultivar diversos vínculos con la región.

 

Rusia estaba haciendo todo lo posible para mantener los lazos con Azerbaiyán y Armenia pero cada día de conflicto deteriora su autoridad. Putin, en el poder desde el siglo pasado siempre se ha esforzado por presentarse como el líder que restauró el estatus de gran potencia que la nación perdió con el colapso de la Unión Soviética. He intenta mover sus títeres con maestría. Como en el ya mencionado caso de la pasada elección estadounidense: mientras desde el Kremlin se negaba oficialmente la interferencia, a la televisión estatal se la permitía informar alegremente sobre las acusaciones estadounidenses para que los paisanos rusos viesen que los Estados Unidos seguían pendientes de Rusia.

 

Ahora, que el foco de atención lo tiene, Putin parece ambivalente sobre el papel de Rusia. Es como si al teatrillo de títeres se le hubiese caído el telón y el maestro, expuesto, parece inseguro qué hilos mover

 

"Esperamos que el conflicto termine muy pronto", ha dicho sobre Nagorno-Karabaj. "Esperamos que todo sea pacífico". Ha dicho refiriéndose a Kirguistán.

 

Los comentaristas pro-Kremlin, acostumbrados al teatro de sombras, ya están acusando a Occidente de una campaña organizada para sembrar discordia en las regiones postsoviéticas.

 

Analistas más equilibrados señalan la pandemia de coronavirus como un factor constante en el creciente malestar que ha puesto de manifiesto la desconfianza en las instituciones y en unos líderes desconectados de la realidad

 

La enfermedad contribuyó a deshacer la frágil tregua entre Azerbaiyán y Armenia, y en Bielorrusia y Kirguistán, la enfermedad preparó el escenario para los levantamientos públicos al exponer a la élite gobernante como desinteresada del sufrimiento de la gente.

 

El presidente Lukashenko enfureció a los bielorrusos al minimizar el peligro del virus, bromeando con que el vodka lo curaría; En Kirguistán, los críticos culparon a los funcionarios por usar el dinero de la ayuda del coronavirus para enriquecerse.

 

Dentro de Rusia, las dificultades económicas causadas por la pandemia han ayudado a profundizar la ira pública contra Putin. La mayor protesta puede que sea en la ciudad de Khabarovsk, en el Lejano Oriente, a 4000 kms de Moscú. Allí decenas de miles de ciudadanos protestan por el arresto de un gobernador popular y piden la dimisión de Putin. Las manifestaciones se suceden cada sábado desde primeros de julio. Precisamente la misma fecha, cuando Putin ganó un referéndum orquestado para poder cambiar la Constitución y darse la posibilidad de permanecer en el poder hasta 2036.

 

Los rusos le piden a su presidente que se centre en los problemas del país: las dificultades económicas, la contaminación y la mala atención médica, pero  Putin se inclina más hacia la geopolítica global, que tiene mas que ver con su pasión y su formación. Igual que mi pasión y formación actoral me tiran hacia intentar contarles una historia a ustedes que despierte su curiosidad en lugar de hacer de los cortodocumentales noticieros, a Putin su pasión y formación como agente secreto le tiran hacia los asuntos internacionales, es ahí donde él percibe la grandeza y el éxito de Rusia, en su política exterior.

 

Y por eso es importante que no falle en ésta. Esa lista del Kremlin de líderes mundiales que llamaron a Putin para desearle feliz cumpleaños muestra la importancia de las repúblicas ex-soviéticas en su agenda internacional: 9 de 12 líderes. Ahora que es cuando el maestro de marionetas tendría que mostrar determinación y destreza en el manejo de sus títeres, es cuando parece titubear.

 

Armenia, por ejemplo, alberga una base militar rusa, algunos esperan una postura más contundente de Rusia en el conflicto para detenerlo, pero el papel de mediador en el conflicto de Nagorno-Karabaj que Rusia ejerció en el pasado parece esta desvaneciéndose. Turquía, el aliado más importante de Azerbaiyán, es quien ha adoptado una postura regional más firme.

 

Los acontecimientos recientes en Bielorrusia son una advertencia que ilustra la fragilidad de la posición de Rusia entre sus vecinos, con ecos de la salida más violenta de Ucrania de la órbita de Rusia en 2014. Tras el apoyo de Putin al presidente bielorruso Lukashenko frente a las protestas, algunos bielorrusos que habían tenido una buena disposición hacia Putin se han vuelto contra él.

 

Altos funcionarios de la Federación Rusa piensan que Lukashenko debería de dimitir pero el presidente bielorruso les argumenta de vuelta que su renuncia ante las protestas callejeras podría sentar un precedente peligroso para lo que podría sucederle al propio Putin.

 

Y no son palabras necias las suyas. El fantasma de la primavera árabe o la revolución democrática árabe de hace 10 años no está tan lejos. En toda la ex Unión Soviética, el ruso sigue siendo la lengua franca, y la proliferación de acceso a Internet en la región, en su mayoría sin censura, significa que las protestas en un país pueden inspirar fácilmente a una población desencantada en otro.  

 

Algunos manifestantes en Bielorrusia han portado carteles que apoyaban las manifestaciones en Khabarovsk, a más de 6.000 millas de distancia. Y antes de las recientes elecciones parlamentarias de Kirguistán que han provocado la dimisión del presidente, los críticos del gobierno estaban pendientes de Bielorrusia, donde fueron las elecciones descaradamente falsificadas de agosto lo que provocó el levantamiento contra Lukashenko.

 

Los kirguis han conseguido lo que lo bielorrusos aún no. Los movimientos populares van ganando en eficacia y precisión. De momento parece que el nuevo gobierno en Kirguistán buscará mantener estrechos vínculos con Moscú y que la alianza armenia con Rusia sigue fuerte, pero nada de lo que está ocurriendo en el vecindario de la Federación Rusa favorece a Putin.

 

Políticos y figuras públicas de las ex-republicas soviéticas cada vez más descontentos y que se sienten más desatendidos  por el gobierno de Putin comienzan a buscar simpatía en Occidente. Y eso, para el maestro titiritero, es indicativo de que las cuerdas de sus marionetas se le están enredando malamente y un desafío directo a su visión de una Rusia gloriosa. 

 

Hasta la próxima,

 

La Paz.

 

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Categoría: Actualidad
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