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July 14th at 8:06pm

Lopburi, La Ciudad de Monos

Hola Humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

“Beyond your wildest dreams”, “Más allá de tus sueños más salvajes”; decía el trailer promocional de la película “El Planeta de los Simios” de 1968 que nos mostraba un planeta en el que los simios, y no los humanos, eran la raza dominante. Los simios esclavizaban en aquella película a los humanos. Los humanos eran los que estaban encerrados en jaulas y los simios libres. El éxito de aquella película fue tal que nos ha dejado otras siete secuelas tras de si, cada una más alejada de la realidad descrita en el libro que dio comienzo a todo, la novela de de Pierre Boulle publicada en 1963.

 

Como se dice que la realidad es capaz de superar la ficción, en este cortodocumental vamos a descubrir que hoy vuelve a ver gente que vive enjaulada por culpa de los monos; y no es otro planeta, es el nuestro.

 

Lop Buri, Ciudad de Monos

 

Uno de mis destinos turísticos más habituales de los últimos años es Tailandia. Debido al coronavirus, hace poco de un mes perdí mi acostumbrada visita anual para jugar un torneo de futbol de veteranos. Tailandia lleva perdido mucho más que mi visita debido al virus, el turismo contribuye entre un 9 y un 17% a su producto interior bruto, un 20% considerando empleos indirectos. El año pasado la capital Bangkok ocupó el primer lugar en la lista de Mastercard de su “Global Destination Cities Index" con casi 23 millones de visitantes, yo fui uno de ellos. Y Pukhet y Pattaya ocuparon los números 14 y 15 de la misma lista con más de 9 millones de visitantes cada una.

 

Quien no se ha perdido su visita este año a Tailandia es Jorge, uno de los mecenas que apoyan el contenido de este canal y cuyo nombre encontráis al comienzo o final de los cortodocumentales. En un podcast que podéis encontrar en la descripción del vídeo él relata la diferencia entre las extremadas precauciones contra el coronavirus que experimentó a comienzos de año en Tailandia y las casi nulas que experimentó en su regreso a España. Su relato hace parecer a España un país tercermundista en comparación con Tailandia. Las cifras de un cuarto de millón de infectados y más de 28.000 muertos en España en comparación con 3.000 infectados y 58 muertos en Tailandia, un país bastante más poblado, puede que le den la razón.

 

A lo que voy, que países asiáticos como Tailandia han hecho un gran sacrificio cerrando sus fronteras e intentando poner a salvo a su población aun sabiendo el batacazo que eso iba a suponer para sus economías. En cuanto los pobladores del reino de Tailandia han sentido el hambre; el descontento y las revueltas no se han hecho esperar.

 

Pero no por parte de los humanos ya que en Tailandia la pobreza existe pero comida no falta, no son los humanos quienes pasan hambre sino los monos. Los protagonistas de este cortodocumental son los están sintiendo mas que nadie la falta de turistas y están tomando calles y tiendas en busca de su alimento. Lo que ha llevado a algunos a tener que vivir en jaulas, para protegerse de ellos.

 

A la ciudad de Lopburí, en el centro de Tailandia, se la conoce como La Ciudad de Monos. Hasta antes de la pandemia, simios y humanos convivían en relativa armonía. Los macacos son la principal atracción de la ciudad para los turistas. Una importante fuente de ingresos. Entre otros gastos, los turistas compran bananas para alimentar a los animales y poder tomarse fotos con ellos.

 

El agradecimiento de los residentes hacia los macacos se manifiesta en el Festival de los Monos anual que lleva celebrándose más de 30 años. Los residentes contribuyen con aproximadamente dos toneladas de fruta, una tonelada de verduras, y con zumos y golosinas para deleite de los macacos.

 

La celebración se lleva a cabo en Prang Sam Yot, un templo de la ciudad, del siglo XIII. Un clan de monos vive alrededor del templo. Otro clan de monos vive alrededor de otro templo, Phra Kan Shrine. Sus movimientos normalmente se reducen a los templos, ya que es donde acuden los turistas, y a las zonas colindantes. Para los comerciantes y residentes de estas áreas siempre ha sido un poco una relación de amor y odio con los macacos. Agradecen los ingresos que traen los turistas, pero no que los macacos se adentren en sus casas y comercios para robar cualquier cosa, ni que rompan cristales, arranquen los cables de la luz y teléfono o las partes de goma de los automóviles.

 

 

Casi todos los que viven o trabajan cerca del templo de Prang Sam Yot tienen a mano algún dispositivo para controlar a los macacos, un palo largo, un tirachinas, una ruidosa pistola de juguete. Este comerciante usa hasta peluches de cocodrilo y cabezas de tigres.

 

Algunos propietarios de edificios han instalado cercas eléctricas no letales de 12 voltios a lo largo de sus niveles superiores en un intento de mantener a los animales fuera de sus techos y toldos. A intervalos regulares, el siniestro sonido de "chasquido" de las corrientes eléctricas, y una sacudida de electricidad brevemente visible, a veces es suficiente para mantener alejados a los monos.

 

Otros edificios han quedado desiertos y abandonados. Nadie quiere comprarlos. La gente ni siquiera estaciona sus autos por la zona. Este cine abandonado es ahora propiedad exclusiva de los monos. Alguien intento convertirlo en un centro comercial hace años pero aquello falló cuando los macacos, siempre curiosos, iban a por las bolsas de compras de los clientes. En este cine los monos llevan sus muertos a un cuarto en una esquina superior del edificio. Ahí no entra nadie mas que ellos. El cine también es donde los clanes de monos pertenecientes a ambos templos resolvían sus disputas más violentas. Hasta ahora.

 

Este vídeo se hizo viral el pasado marzo, los dos clanes de macacos hambrientos abandonaron sus templos y se liaron a golpes por el centro de la ciudad. La guerra parece ser que ahora ha sido declarada no solo entre ellos sino también contra los humanos por el alimento. Sin turistas no hay plátanos que llevarse a la boca. Los residentes intentan aplacar el hambre de los macacos con golosinas y sobras de comida, pero eso no parece suficiente para los monos.

 

Cualquiera que haya experimentado el que un mono le robe las gafas de sol (a mi me las robó uno en mi luna de miel, en Malasia) sabe lo difícil que puede ser conseguirlas de vuelta. Cuando lo intentamos, estos animales deben de vernos lentos como tortugas. ¿Pero por qué nos quitan las gafas de sol, el teléfono, la gorra o las chanclas si no se las van a comer? Porque saben que son útiles valiosos para nosotros y pueden canjearlos por comida. Y no cualquier comida, quien no haya hecho trueque con un mono aún no ha descubierto lo negociantes tan duros que son. Esperan y esperan hasta que se aseguran que te sacan lo más nutritivo que lleves. Es darles eso, o usar la fuerza, si puedes pillar al mono, claro.

 

La fuerza es lo que los expertos locales del templo de Prang Sam Yot usan para intentar rescatar las billeteras que los monos roban de los turistas.

 

Dicen los locales que desde aquellas imágenes de la confrontación de monos en marzo la situación ha empeorado para ellos; el encierro debido a Covid-19 de los residentes ha dado más rienda suelta a la expansión de los macacos. La ciudad ha designado varias zonas prohibidas que han sido totalmente ocupadas por facciones en guerra de monos. Esta residente dice: “Vivimos en una jaula pero los monos viven afuera”. Ella se vio obligada a cubrir su terraza con redes para evitar que los animales hambrientos asalten su casa en busca de comida. "Su excremento está en todas partes (y) el olor es insoportable, especialmente cuando llueve", agregó.

 

Intentar contentarles crea un dilema. Los residentes tratan de mantener a raya a los animales arrojándoles restos y comida chatarra, pero las autoridades dicen que eso solo está haciendo ahora que los monos sean más violentos. Y que darles de comer es darles más energía para pelear e incentivarles a criar más.

 

El Departamento de Parques Nacionales de Tailandia ha lanzado un programa para esterilizar a unos 500 monos, con la esperanza de frenar a la población de la ciudad. Los monos están siendo capturados, sedados, castrados y liberados con números de referencia tatuados en sus cuerpos.

 

Más a largo plazo se pretende solucionar el problema mediante la construcción de un nuevo santuario de monos donde tenerlos más controlados. ¿Pero donde crear el santuario? ¿Quién va a querer tener el santuario cerca? Porque en palabras de un funcionario: ”Es como tirar basura frente a tu casa y preguntarte si estás contento con eso”.

 

Son pocos quienes preferirían ver desaparecer a los monos por completo. La mayoría de los residentes han vivido durante años con los macacos alrededor, dicen que se sentirían solos sin ellos, acogen a algunos de ellos casi como parte de la familia, y entienden perfectamente el beneficio económico que aportan a la ciudad

 

La gente de Lopburi quieren tener sus monos, simplemente no quieren ser dominados por ellos; quieren que su ciudad sea conocida como La Ciudad de Monos, no la Ciudad de los Monos, como si ellos fuesen la raza dominante

 

Hasta la próxima,

 

La Paz

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Categoría: Actualidad
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