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December 4th at 10:37pm

Las Consecuencias de Dios

Hola humano,

Bienvenido a un cortodocumental  de MarginalMedia.

 

Ya saben ustedes que me gusta tocar temas que les saque un poco de su zona de confort para invitarles a estimular su inteligencia. Como eso implica que en ocasiones pierdo bastantes suscriptores porque muchos de ustedes prefieren escoger sentirse ofendidos antes que estimulados, me apresuro a decir lo siguiente. Yo creo en Dios. Incluso, incluso, tengo un par de vídeos en los que intento razonar (entiéndase especular) sobre su existencia. Pero lo cierto es que yo creo en Dios por mera conveniencia. Y no creo que haya nada malo o egoísta en ello. Piense usted en la cantidad de planes que ha hecho en su vida que nunca ha llevado a cabo, las resoluciones de Año Nuevo incumplidas, el dinero gastado en lotería, los sueños que nunca se cumplieron. ¿Fué todo ello una perdida de tiempo? ¿Valió para algo?  Pues sí valió, porque de ilusión también se vive. Para mi Dios es eso: un vehículo que me lleva a partes que sin él no podría visitar. Entiendo que su presencia, la verdad empírica de su existencia es algo que nunca se materializará, pero a mi Dios me sirve, de muchas maneras: como mediador para comunicar con mis difuntos padres, por ejemplo. Si comunico con mis padres, y lo hago, es porque de alguna manera creo que me están escuchando y eso implica que creo que están por algún lado, en el más allá; eso quiere decir que creo en una existencia más allá de la existencia. Ya sé, ya sé, esto no tiene sentido y estoy empezando a sonar como un loco. O no, porque por suerte hay otros por ahí que también creen eso. Y eso es una gran diferencia, ya que si sólo es uno el que delira se llama locura, cuando ya son muchos se llama religión.

 

En fin, que ahora que ya he aclarado que no soy el hijo de ningún diablo y vengo sin mayor intención que la de estimular su inteligencia, vamos con el cortodocumental.

 

Dios, La Ilusión (Una Ilusión llamada Dios) (Dios, y sus consecuencias)

 

Aquí en Australia, donde resido, hay un hombre que creyó que le habían robado el pene y se lo habían reemplazado por el de otra persona. El hombre le echó agua hirviendo y se lo cortó, y le sorprendió que estos actos fueran dolorosos. Este es un caso claro de delirio, ya que la creencia es falsa, y este tipo de creencia es prácticamente inaudito en Australia. 

 

Pero las creencias en el robo de genitales tienen cierta aceptación cultural en otras partes del mundo. De hecho, en varios países se han documentado epidemias de tales creencias, son llamadas "pánicos del pene". 

- Una de ellas se dio en la Europa Central de los siglos XV y XVI cuando los hombres afirmaban que las brujas les robaban los penes y los guardaban en nidos de pájaros. 

- Otra se dio en Singapur. En octubre y noviembre de 1967, el Hospital General de Singapur trató a un total de 454 hombres que creían que sus penes se estaban encogiendo.

- Diecisiete años después el pánico del pene se dio en China, en el transcurso de un año, entre 1984 y 1985, 3000 personas fueron tratadas por koro. (Que así se llama este síndrome cultural en el que la persona tiene el miedo irracional de que sus genitales se están contrayendo y van a desaparecer.) Pero a diferencia del pánico anterior en Singapur, las víctimas no acudieron a los hospitales locales sino que buscaron curas naturales: para evitar el encogimiento, las víctimas tiraban físicamente de sus órganos sexuales mientras se alimentaban con pimiento rojo, pimienta negra, mermelada de pimienta o jugo de jengibre. Tampoco todas las víctimas eran hombres: el 16 por ciento fueron mujeres que pensaban se les estaba contrayendo la vulva, los labios, los pezones y / o los senos. Algunos bebés también sufrieron "koro” porque sus padres creyeron que los genitales de sus hijos estaban desapareciendo.

- Africa está lleno de episodios epidémicos de pánico del pene que han ocurrido ya durante este siglo, que siguen ocurriendo hoy mismo, y cuyos remedios para combatirlos ponen los pelos de punta; pero no sigo con esto para que ustedes no comiencen a creer que este video es un top de aberraciones genitales.

 

A lo que voy es que mientras ustedes pueden pensar que hay que estar muy loco para creer que alguien está robándote el pene, imaginen lo que estas personas podrían pensar al escuchar que en occidente hay gente que se priva de comer hasta casi morir de hambre porque su reflejo en el espejo los convence de que están gordos. La locura es una creencia personal, cuando la creencia se comparte ya es algo cultural. Como metamos un ser superior de por medio, ya es religión.

 

El escritor Robert Pirsing, fallecido hace tres años fue alguien que a los 9 años mostró un coeficiente intelectual de 170 puntos. En su libro “Lila, Una Indagación Sobre la Moral” escribió esto que ya me han escuchado decir: “Cuando una persona sufre de un delirio, se llama locura. Cuando mucha gente sufre de un engaño se llama religión ". Y añade: “El misticismo religioso es basura intelectual. Es un vestigio de la vieja y supersticiosa Edad Media, cuando nadie sabía nada y el mundo entero se hundía cada vez más en la inmundicia, la enfermedad, la pobreza y la ignorancia. Es uno de esos delirios a los que no se les llama locos solo porque hay tanta gente involucrada “.

 

Cultura, creencia, delirio, locura, fe… Cuando debatimos sobre Dios, o su existencia, o la religión… es fácil acabar enredados en sutilezas semánticas. Yo quiero evitar eso en este vídeo. Me gustaría que nos centremos en la parte más práctica de cualquier creencia, religiosa o no; y ésa me parece a mi es sus consecuencias. ¿Causa una creencia daño a otros sí o no? ¿Lo causa a uno mismo, si o no? A mi me parece que ésa la pregunta clave para juzgar una creencia, una religión, o incluso el valor de creer en Dios. ¿Requiere una creencia de tratamiento psiquiátrico, si o no?

 

Los médicos acostumbran a juzgar cuidadosamente los detalles culturales de un individuo para distinguir las creencias que requieren tratamiento psiquiátrico de las que no. Pero hay consecuencias controvertidas de juzgar una creencia por su popularidad porque un delirio que se manifieste como patología que afecte a la mayoría de la gente del mundo carecería de valor clínico. Y ese es el caso de las religiones, que no por ser populares, pueden siempre no ser dañinas

 

Por ejemplo, una mujer que cree que cada semana bebe la sangre de un hombre muerto hace mucho tiempo cuya madre era virgen y cuyo padre creó el universo puede sonar muy delirante para algunos; pero es una creencia tan extendida que ya asumimos no ha de tratarse clínicamente. Esa mujer también podría expresarse así:

 

(Video)

 

El reportero entrevista a gente que salen de un servicio religioso en Ohio, Estados Unidos, a pesar de las recomendaciones de quedarse en casa. La mujer acaba de decir que ella va a la iglesia y de compras donde quiere porque ella está cubierta en la sangre De Dios y nada le va a ocurrir. Es su creencia. El resto de los asistentes al servicio religioso también expresan escasa preocupación por la pandemia o que puedan contribuir a expandir el contagio, haciendo mayor o menor alusión a su creencia religiosa. Este hombre dice que nadie de la congregación tiene covid-19 porque él es el cura y lo sabría.

 

La primera creencia de la mujer de que bebe la sangre de Cristo no le hace daño a nadie, la segunda de moverse libremente por donde quiera porque está cubierta por sangre que la protege sí puede afectar a otros, y a ella misma. Un engaño no es peligroso, el otro sí puede serlo.

 

La mujer cree que la sangre de Cristo la permite ir sin precaución alguna al Walmart y la tienda de comestibles por la misma razón que yo creo en Dios, por conveniencia. Nuestras creencias, no solo sirven para modelar el mundo que nos rodea, también nos sirven para amoldarlo a nuestros propósitos. Nuestras creencias nos distinguen como miembros de ciertos grupos sociales, lo que nos ayuda a asegurar la confianza y la cooperación. Cada vez hay más conciencia de la función social de las creencias.

 

De hecho, el firme respaldo de algunas proposiciones claramente falsas, como la afirmación de que la multitud que asistió a la inauguración presidencial de Donald Trump en 2017 fue la más grande en la historia de los Estados Unidos, puede ser equivalente a perforaciones corporales rituales o caminatas en el fuego: una señal de compromiso grupal que es creíble para otros precisamente porque es difícil de sostener.

 

¿Nos vale de algo el creer juntos en un engaño? ¿Crear delirios colectivos? Evidencia para apoyar el papel de la religión en los vínculos sociales, no falta. Pero la visión psiquiátrica predominante es que los delirios son idiosincrásicos, alienantes y estigmatizantes, lo que representa una disfunción en la capacidad de negociar alianzas sociales. O dicho de otra manera: Lo que la religión hace por unir a unos puede hacer por dejar a otros fuera.

 

Entonces, lo que distingue las creencias religiosas saludables, y quizás las creencias en las teorías de la conspiración, de los delirios dañinos puede ser en parte una cuestión de si la creencia fortalece o no los lazos comunitarios. Si sostener una creencia afecta su funcionamiento diario e interrumpe sus relaciones sociales, es más probable que su creencia cuente como un engaño. Escoja usted sus creencias con cuidado para no hacerse daño a si mismo. Hay quien directamente argumenta que el simple hecho de creer en una vida en el más allá ya es malo para nosotros porque reduce nuestra capacidad de enfocarnos en ésta vida y sacarle el máximo provecho a lo que tenemos.

 

Que cada uno de ustedes crea lo que quiera creer, en eso radica nuestra libertad como individuos. La religión, tal como mi conveniencia en creer en la existencia de Dios, sirve un propósito. Miles de millones de personas por todo el mundo encuentran consuelo en su religión. Pero todos sabemos que determinadas creencias religiosas pueden ser "malignas" en el sentido de  devaluar y dañar la vida. Y, lamentablemente, las creencias malignas que comparten muchos son más peligrosas que las que comparten unos pocos.

 

¿Está la mujer que acude a misa en medio de la pandemia en su derecho de hacerlo porque piense que la sangre de Cristo la protege, sí o no? ¿Es esa una creencia “maligna” que devalúa y daña la vida o es una creencia beneficiosa que a ella le provee fuerza y consuelo? ¿Es su decisión el poder acudir a misa o es la comunidad quien ha de otorgarle el permiso de poder hacerlo? Se lo pregunto a ustedes porque no se si se habrán dado cuenta pero todo es política. Pensamos que hablamos de valores y creencias, pero todo acaba reflejado en política. Ya lo mencioné: nuestras creencias modelan el mundo que nos rodea y lo amolda a nuestros propósitos. Eso implica decisiones, alguien tomando esas decisiones. ¿Es justo permitir que los feligreses se congreguen en un servicio religioso pero impedir que los hinchas de un equipo acudan a un evento deportivo? Porque ya lo vieron ustedes, nos dejó Diego Armando Maradona. Para bastante gente Maradona era un Dios. Y no metafóricamente. Existe una religión en torno a Maradona, para esta gente Maradona era un dios en la tierra. Y la pérdida de su Dios les ha dolido mas que nunca me va a doler a mi la pérdida del mío. ¿Por qué a la gente que encuentra confort y consuelo en acudir el estadio de fútbol cada domingo se le va a negar el derecho a ejercer su creencia y permitírsela a quienes van a misa?

 

Miren hasta que punto está mezclada la religión con la política. La Corte Suprema de los EEUU, la cabeza judicial del país, el tribunal más importante para impartir justicia. Lo constituyen 9 personas: un presidente y ocho jueces asociados. Los nombra el presidente de los EEUU y como no renuncien a su cargo ahí se quedan de por vida. Pueden ser destituidos por el Congreso pero nunca ha habido una destitución. Son 9, cualquier cosa que decidan no pueden empatar. ¿Asistir a servicios religiosos? En los pasados meses de mayo y julio hubo dos casos en los que la corte tuvo que decidir a requerimiento de los gobernadores de California y Nevada y el tribunal permitió las restricciones sobre los servicios religiosos presentadas por los gobernadores para combatir el coronavirus. Se murió el juez que era más liberal, y el presidente lo reemplazó por otro juez más conservador, y la semana pasada la corte Suprema le negó al gobernador de Nueva York imponer restricciones a los servicios religiosos en su estado. La votación de 5 a 4 de los casos anteriores ahora fue al revés. La persona recién llegada cambió el balance de poder.

 

Imaginan ustedes si llega hasta el tribunal una reforma de la ley del aborto, o sobre matrimonios del mismo sexo… El criterio de un solo juez puede cambiar la vida de millones de personas. Lo que para mucha gente son asuntos que tienen que ver con libertades, con derechos humanos; para otra gente son asuntos que están profundamente ligados a su fe o su creencia religiosa. Dios afecta a todos: a quienes creen en él y a quienes no creen en él. Por eso Friedrich Nietzsche quiso “matar a dios”, pero eso es una tarea imposible. Tan imposible como matar la ilusión de que te toque el premio mayor de la lotería que nunca te va a tocar, o visitar ese lugar que nunca vas a visitar, o tener ese cuerpo que nunca vas a tener. Y esta tal vez sea la mayor prueba de la existencia De Dios, que tanto para los creyentes como para los no creyentes es imposible librarse de las consecuencias de creer que existe

 

Hasta la próxima,

 

La paz

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Categoría: Sociedad
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