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September 2nd at 2:36am

La Hora del Talibán

Hola Humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

Afganistan. Una tragedia a tantos niveles que no sé ni por donde empezar. Las preguntas se agolpan en mi mente. Por ejemplo, ¿cómo es posible la rapidez con la que el Taliban ha tomado el país?. Para que ustedes se hagan una idea, yo escribo estas líneas a primera hora del martes 17 de agosto, para ustedes todavía es lunes. Acabo de ver las impactantes imágenes de gente agarrada al fuselaje de un avión mientras despega y cayendo al vacío desde cientos de metros de altura, el caos en el aeropuerto de Kabul, las tropas estadounidenses disparando al aire para que la gente se retire de las pistas. Inmediatamente he recordado que hace un mes, cuando al presidente Biden le preguntaron si la salida de Afganistan iba a ser como la salida estadounidense de Vietnam, él respondió que para nada, que aquí no íbamos a ver helicópteros evacuando gente de la azotea de un edificio como vimos en Saigón. Bueno, pues esto se le parece bastante

 

Kabul, la capital afgana ha caído en manos de los talibanes hace ahora menos de 48 horas. En este mapa interactivo se observa que el 12 de agosto, jueves de la semana pasada, el gobierno afgano controlaba aún más distritos del país que el Taliban. Ese día la inteligencia estadounidense avisaba que la capital Kabul podría ser aislada (no tomada, aislada) por los talibanes en el plazo de 30 a 90 días según el experto que se expresase. Bueno pues esta foto está tomada sólo cuatro días más tarde, los talibanes sentados a la mesa del huido presidente afgano, dentro de su palacio presidencial. (Jalalabad, centro comercial del país y una de las ciudades más pobladas, fue tomada el domingo por la mañana, sin disparos. Las ciudades circundantes de Kabul fueron las siguientes. Y en cuestión de horas, las fuerzas talibanes estaban en Kabul) ¿Cómo es posible? Estados Unidos y sus aliados han estado entrenando a las Fuerzas Armadas afganas durante 20 años, las han armado hasta los dientes. Sólo Estados Unidos ha gastado más de 2 billones de dólares en la guerra de Afganistán. Eso es $ 300 millones de dólares por día, todos los días, durante dos décadas. ¿Y todo se viene abajo como un castillo de cartas? ¿De que le sirvió a EEUU entrar en el país hace 20 años para salir ahora de esta manera? ¿De qué van a servir los 20 años de derechos civiles ganados por las mujeres como ahora vuelvan a vivir encerradas en casa como esclavas sexuales? Sin poder volver a pisar la calle a menos que un hombre se moleste en sacarlas. ¿Van los talibanes a gobernar como ya lo hicieron entre 1996 y 2001 o van a cambiar? 

 

¿Por donde empezar a responder tantas preguntas? Por vuestros deseos. Las preguntas que hasta aquí llevo formuladas se resumen en tres opciones de vídeos que acabamos de presentar para vosotros en una encuesta. No he podido esperar mucho hasta ver cuál era vuestra preferencia para ponernos a trabajar en ella. Y como media hora más tarde ya había una de las tres opciones que comenzaba a despuntar con claridad, ya mismo atendemos vuestra petición: ¿cómo va a gobernar el Talibán? Vamos con ello

 

Afganistán. El Gobierno del Talibán

 

Lo primero que me viene a la cabeza es que aunque los talibanes aún se paseen por el palacio presidencial de Kabul como turistas recién llegados la pregunta de cómo van a gobernar se me antoja ya anticuada. A su manera, los talibanes, están gobernando. 

 

La semana pasada leíamos informes de ejecuciones sumarias, homicidios por venganza de funcionarios gubernamentales y soldados, matrimonios forzados de niñas con combatientes talibanes e interrupciones de las comunicaciones procedentes de otras provincias. Por las ciudades que los talibanes han ido conquistando, ya han apostado controles a las entradas de algunas universidades para impedir el paso de mujeres, ya han despedido mujeres de sus trabajos y han pedido a los líderes religiosos que les provean con listas de nombres de niñas mayores de 15 años y viudas menores de 45 para casarlas con ellos. Conocemos su férreo control de la sociedad en su gobierno anterior ¿Van a cambiar 20 años después?

 

Es imposible decir con certeza qué ocurrirá cuando los talibanes formalicen su reconquista de Afganistán. Los nuevos gobiernos, especialmente los establecidos por rebeldes, pueden comportarse de formas sorprendentes y difíciles de predecir.

 

Sin embargo, los talibanes difícilmente serán la primera insurgencia en tomar el poder. Y aunque no hay dos casos exactamente iguales, ciertos patrones se han repetido a lo largo de la historia moderna.

 

Nos centramos en tres de los patrones más comunes y cómo podrían reproducirse en Afganistán. Y al final del corto documental barajamos las posibilidades de las decisiones que podría tomar el Taliban

 

Los tres patrones tienen un propósito común: consolidar la autoridad, que casi siempre es la principal preocupación de un gobierno rebelde. Es posible que los insurgentes se hayan apoderado de los ministerios del gobierno y hayan vencido a las fuerzas gubernamentales, pero eso no es lo mismo que gobernar o ganar el consentimiento público.

 

Esto acaba de verse en la capital provincial de Kunduz. Allí, los combatientes del Talibán expulsaron fácilmente a las fuerzas gubernamentales, pero luchan por persuadir a los lugareños para que participen en el nuevo orden. Los servicios básicos como electricidad, agua y recolección de basura están fallando. Los oficiales talibanes no son tanto gobernadores como supervisores de la anarquía, lo que marca el comienzo de una lucha típica de este tipo de victorias, tan  incierto como la guerra que precedió.

 

La naturaleza de los grupos insurgentes victoriosos como el Taliban: endurecidos, disciplinados, ideológicos… y su necesidad existencial de legitimidad de posguerra y consolidación de poder nos lleva a esperar un largo periodo de años en los que luchará para someter a la ciudadanía afgana.

 

Vamos con esos tres patrones.

 

(1) Purgas.

 

A menudo profundas y violentas.Un nuevo gobierno rebelde, centrado en el miedo a ser rechazado por ilegítimo, socavado por los leales al antiguo orden o desafiado por una rebelión propia, a menudo se purga ampliamente, en una campaña final por la victoria sobre la sociedad misma.

 

Cuando los rebeldes de Mao Zedong conquistaron la capital de China y proclamaron un estado comunista en 1949, una de sus primeras iniciativas importantes fue encarcelar o expulsar a los acusados de apoyar al antiguo gobierno nacionalista. Pero las purgas de Mao fueron mucho más allá y se dirigieron a clases sociales enteras que los comunistas temían como posibles fuentes de oposición.

 

Una de esas clases eran los terratenientes rurales, un grupo económicamente poderoso que se consideraba simpatizante de la política de derecha. El gobierno comunista reunió a miles y alentó a los aldeanos locales a hacer lo mismo. Muchos fueron enviados a campos de trabajos forzados - en muchos casos, una sentencia de muerte - o fueron golpeados hasta la muerte en el lugar. Más tarde, Mao estimó que la campaña mató a dos millones o más de sus propios ciudadanos. Aunque algunos historiadores reducen el recuento de muertos, en cientos de miles, pocos discuten que rediseñó la sociedad china en términos que Mao consideraba más favorables a su gobierno.

 

Incluso esto palideció en comparación con las purgas llevadas a cabo por los rebeldes comunistas de Camboya después de tomar el poder en 1975. Esos insurgentes, los Khmer Rouge, vaciaron por la fuerza ciudades enteras y reubicaron a sus residentes en el campo. Posteriormente, el gobierno asesinó a millones de personas pertenecientes a grupos sociales o económicos considerados leales al antiguo gobierno, entre ellos empresarios, periodistas, funcionarios, abogados y estudiantes, así como determinadas minorías raciales o religiosas.

 

China y Camboya representan el extremo más lejano. En 1975, en un caso más típico, las fuerzas comunistas vietnamitas encarcelaron o mataron a cientos de miles de civiles acusados ​​de apoyar al gobierno de Vietnam del Sur respaldado por Estados Unidos. Este es un destino que muchos en Afganistán temen que pueda amenazar a los cientos de miles que trabajaron con su propio gobierno respaldado por Estados Unidos y la coalición. Debido a que ese sistema duró 20 años, empleó a una amplia gama de la sociedad, incluidos no solo funcionarios y soldados, sino también maestros, conductores, traductores y cocineros. Desde el acuerdo de la administración Trump con el Taliban en febrero del año pasado para acabar con la guerra, los talibanes han anunciado que su regreso sería pacífico, pero habrá que ver, también dijeron eso cuando llegaron al poder en 1996 y luego se apoyaron en una fuerza brutal y excesiva para dominar gran parte de Afganistán.

 

(2) Éxodo masivo y cambio social

 

Las imágenes del aeropuerto de Kabul y las de Saigon no son la única semejanza entre Afganistan y Vietnam. Hay más. En Vietnam, a medida que avanzaban las fuerzas comunistas, los civiles que temían represalias o represión huyeron. Primero a ciudades como Saigón y luego, muchos salieron de Vietnam.

 

En años posteriores, alrededor de un millón huyó en barco, incluidos muchos católicos. Las Naciones Unidas estimaron más tarde que entre 200.000 y 400.000 de ellos murieron en el mar. Estados Unidos acogió alrededor de 130.000. Otros países occidentales absorbieron otro medio millón.

 

Tales números no son inusuales. Cuba, un país más pequeño, vio huir a unas 250.000 personas después de la toma de posesión de Fidel Castro en 1959. Denominado el "exilio dorado" porque muchos pertenecían a las clases media y alta de Cuba, consideradas enemigas por el nuevo gobierno, ese éxodo cambió permanentemente la estructura social y política de Cuba y de Florida, donde muchos desembarcaron.

 

Estos éxodos tienden a representar de manera desproporcionada a las clases medias educadas, que a menudo se consideran cómplices del antiguo sistema, y ​​a los grupos minoritarios. La fuga de cerebros resultante puede paralizar la capacidad del país para reconstituirse durante una generación o más.

 

Este éxodo ya ha comenzado en Afganistán. Este año, 400.000 afganos se han visto obligados a abandonar sus hogares, según la ONU. Solo en los últimos días, muchos han huido de las ciudades capturadas por los talibanes hacia Kabul, que cayó en último lugar. Se ha descrito que la capital está repleta de familias desplazadas que buscan refugio y comida. Las agencias de ayuda y los gobiernos vecinos se están preparando para un éxodo de refugiados que, algunos temen, podrían llegar a millones.

 

Las consecuencias pueden ser graves. En Ruanda, en 1994, los rebeldes tomaron el poder en parte para detener el genocidio en curso. Formaron un gobierno de unidad e implementaron un proceso de paz y reconciliación que todavía se considera un modelo global. Pero, incluso allí, dos millones de civiles huyeron: en su mayoría de etnia hutus que temían al nuevo gobierno liderado por los tutsis. La salida de refugiados se convirtió primero en una crisis humanitaria que empujó a muchos a una pobreza desesperada y luego en una crisis política. De los campamentos de refugiados surgieron grupos armados organizados que reclutaban y entrenaban jóvenes para hacer incursiones en países vecinos, alimentando el ciclo de violencia en la región durante años. Si occidente y los países vecinos a Afganistan no abren sus puertas al flujo de refugiados afganos que se avecina podemos esperar una crisis humanitaria de increíbles proporciones.

 

Afganistán está sufriendo ahora mismo una sequía severa y una inminente emergencia de hambre. El Programa Mundial de Alimentos dice que los niveles de desnutrición están aumentando y unos 2 millones de niños necesitan tratamiento nutricional para sobrevivir. Todo esto agravado por el covid-19. ¿Cómo va a responder el Talibán a esto? ¿Un regimen que durante los 5 años que gobernó no realizó funciones estatales básicas, como brindar servicios sociales a la gente?

 

 

(3) Búsqueda de legitimidad

 

Probable que el Talibán haga hincapié desde el comienzo en algo común por parte de los gobiernos rebeldes: una búsqueda para demostrarles a sus nuevos súbditos en casa, así como a los gobiernos extranjeros, que deben ser tratados como los gobernantes legítimos y establecidos.

 

Por lo general, esto implica buscar el reconocimiento público de los líderes sociales y religiosos, o de los perdedores de la guerra, quienes pueden conferir legitimidad al nuevo orden. Pero gran parte del enfoque, especialmente al principio, suele ser internacional.

 

Según la académica Monica Duffy Toft, los gobiernos rebeldes tienden a buscar “legitimidad, apoyo y ayuda internacionales”. Esto aporta algo incluso más valioso que el dinero para la reconstrucción de posguerra: la legitimidad implícita. Esto sirve como prueba para las diversas facciones políticas del país, agentes de poder e instituciones de que los vencedores están ahora a cargo.

 

Los maoístas de China, después de años de conflicto militar, pasaron casi de inmediato a la batalla más suave por el reconocimiento diplomático. Incluso cuando el bloque comunista liderado por los soviéticos los reconoció de inmediato, los nuevos gobernantes de Beijing pasaron décadas buscando, y a menudo diseñando la política interna y externa en torno a ganar el reconocimiento global.

 

A los maoístas les tomó 22 años asegurar el reconocimiento de las Naciones Unidas, y muchos países aún tardaron años o décadas en reconocerles. Medio siglo después, Beijing considera que esa misión todavía sigue, todavía hay países que reconocen al gobierno de Taiwán como el legítimo de China.

 

El reconocimiento internacional ha sido una de las principales prioridades de los talibanes durante décadas. Durante su breve gobierno inicial sobre Afganistán de 1996 a 2001, el Talibán buscó el reconocimiento de muchos países pero sólo obtuvo el de Pakistán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Y eso, porque estos países vieron al grupo como un representante para limitar la creciente influencia de India, Irán y Rusia, que estaban brindando apoyo a una coalición de fuerzas anti-talibanes. Las políticas represivas de los talibanes de entonces, convirtieron a Afganistán en un estado paria sin el apoyo de nadie ¿Van a repetir esas políticas ahora?

 

En conversaciones de paz más recientes, tal vez habiendo aprendido de los peligros que traía la falta de reconocimiento, los negociadores talibanes han puesto especial énfasis en obtener reconocimiento internacional y “relaciones positivas” con gobiernos extranjeros, incluido Estados Unidos.

 

"La búsqueda de reconocimiento diplomático y político ha sido una constante en la lucha de los talibanes", escribió en marzo, Barnett R. Rubin, un académico especializado en Afganistán. “Rechazan ser etiquetados como terroristas y buscan ser reconocidos como un movimiento legítimo y, en última instancia, como un gobierno”.

 

Los emisarios y negociadores talibanes, agregó el Dr. Barnett, parecían ahora entender que, cualesquiera que sean sus ventajas en el campo de batalla, siempre estarán sujetos hasta cierto punto a los términos de los extranjeros.

 

La búsqueda de reconocimiento y legitimidad obedece a otra importante razón, su eventual elegibilidad para solicitar ayuda humanitaria. Y no solo de Occidente. Los medios de comunicación estatales chinos han comenzado a insinuar que Beijing enviaría ayuda a un gobierno talibán si mantiene "su promesa de cortar todos los vínculos con terroristas, extremistas y separatistas".

 

Existe alguna sugerencia de que los talibanes, al igual que otros gobiernos rebeldes antes que él, intentarán demostrar que se moderarán en el poder. Los insurgentes de Ruanda se propusieron incluir a otros grupos étnicos en su gobierno de posguerra. Los rebeldes ugandeses, después de tomar el poder en 1986, intentaron demostrar que su nuevo gobierno toleraría y acogería a los civiles que apoyaran al otro lado.

 

Portavoces de los talibanes, sin duda conscientes de la reputación del grupo, han insistido en entrevistas recientes que el grupo no restablecerá la prohibición de la era de los noventa de que las mujeres trabajaran o recibieran educación. Pero como indicamos al comienzo sobre los primeros informes que llegaban antes de la caída de Kabul, ya mismo van repitiendo el comportamiento del pasado por las provincias

 

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Las promesas no siempre se cumplen. Un desafío frecuente al que se enfrentan los gobiernos rebeldes es conciliar la tensión entre los de línea dura, que a menudo es quien comanda durante la guerra, y los pragmáticos relativos. Quién prevalezca ahora dependerá en parte de a quién empodere el mundo exterior. Pero también dependerá de la dinámica interna del grupo.

 

Los retos están ahí para el Taliban y no tienen fácil solución.

 

Su pasado les persigue. Cuando gobernó hace 20 años, el movimiento no desarrolló instituciones de gobernanza que pudieran proporcionar representación política, como el establecimiento de un parlamento. No se sabe que hasta ahora hayan definido sistema político alguno (aparte de que la Republica Islámica de Afganistan ya ha pasado a ser el Emirato Islámico de Afganistan) y se limitan a repetir que gobernarán bajo la ley Sharia. Que no es decir mucho porque la ley Sharia no es una ley en el sentido que podemos entender en occidente, sino más bien, tal como la define la UNESCO  es un concepto epistémico, flexible y adaptable sujeto a modificaciones en función de las épocas y cambios sociales. La Sharia son normas que rigen el código de conducta y la moral de los ciudadanos. En el pasado, los talibanes aplicaron la versión más estricta de estas normas. Como vuelvan a lo mismo, mal vamos.

 

Para sobrevivir, el Taliban ha de conseguir el reconocimiento internacional y la ayuda extranjera. Para conseguir lo primero tendría que controlar la represión violenta de mujeres y minorías como los chiítas hazaras y establecer algunos derechos civiles y políticos. Para conseguir lo segundo va a tener que mirar de cerca su propia financiación. Los talibanes se financian en gran medida con empresas delictivas, incluido el tráfico de drogas, la producción de opio, la extorsión y el secuestro para pedir rescate. La ONU estima que sus ingresos anuales oscilan entre los 300 y 1600 millones de dólares. ¿Van a renunciar a ello? Veremos.

 

Los desafíos que enfrenta el Talibán no acaban ahí. Si se diese el milagro de que los talibanes adoptasen un sistema político más pluralista e inclusivo con derechos humanos fundamentales, especialmente con respecto a las mujeres, podría enfrentar la oposición de sus facciones más radicales y miembros de base, que han pasado años luchando para restaurar su emirato. 

 

Y también correrían el riesgo de alienar a sus aliados yihadistas regionales y globales. Estos grupos están celebrando ahora su victoria, pero pueden volverse contra los talibanes si se los considera comprometidos con sus principios ideológicos fundamentales. El terrorismo, podría volverse contra ellos.

 

Muchos talibanes, cuando estaban por las montañas, tendrían su propósito claro y a su manera serían felices; ahora que han vencido, más de uno se estará preguntando que está haciendo paseándose por las calles de Kabul sin entender mucho de lo que ve a su alrededor. Como las cabras, muchos de ellos no tardarán en volver “a tirar pal monte” y dejar esto de la gobernanza y las responsabilidades a sus líderes. De lo que salga entre las diferentes facciones dependerá el futuro de Afganistan.

 

Y aquí les recomendamos que vean el #cortodocumental que creamos recientemente sobre “El Poder de las Revoluciones”. Para entender cómo estados que surgen de grupos rebeldes a menudo se afianzan en el poder alimentándose de las crisis que le caen encima, porque por ahí puede venir el futuro de Afganistan

 

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Finalmente, volviendo a mirar ahora la encuesta y sobre todo leyendo vuestros comentarios, no nos queda más remedio que hacer los otros dos vídeos. Así que trifecta sobre Afganistan, (la próxima vez que hagamos una encuesta nos lo vamos a pensar más detenidamente). ¿Por qué no comparten ustedes este vídeo y así nos dan ánimos para presentarles pronto los otros dos? 

 

Adelante y Hasta la próxima.

 

La Paz.

 

 

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Categoría: Actualidad
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