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January 23rd at 7:39pm

Japón, Mi cárcel, Mi Hogar

ola Humano,

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

Con una media de edad de 47 años, la sociedad japonesa es la que más rápidamente está envejeciendo en el mundo. Más de un cuarto de su población supera los 65 años de edad. Como los jóvenes cada vez están menos por la labor de tener hijos pues Japón comienza a presentar un riesgo real de que un día pudiese ser una sociedad extinta. Los datos que apuntan en esa dirección y la gravedad del problema los encontráis en otro cortodocumental que presentamos hace 8 meses.

 

En éste, lo que tratamos es un fenómeno que afecta a los ancianos japoneses y que no es nuevo, recuerdo haber leído sobre esto al menos hace diez años, pero lo traemos ahora a colación porque el fenómeno se está incrementando: los ancianos japoneses cometen crímenes con el propósito de que les envíen a la cárcel. Allí están mejor atendidos y se sienten menos sólo que en sus casas.

 

Japón.

Mi Cárcel, Mi hogar

 

De los países que yo conozco medianamente, para mi, el más socialista del mundo, es Japón. Y para argumentarlo me remonto a los orígenes del socialismo.

 

La palabra socialismo fue empleada por primera vez por el monje Ferdinando Facchinei en 1766 para referirse a la doctrina de los que defendían el contrato social como el fundamento de cada sociedad.

 

Facchinei aludía a un libro publicado cuatro años antes del autor Jean-Jacques Rousseau con ese título: “El Contrato Social” que hace referencia a un contrato comunitario en el que los seres humanos puedan compartir libertades e igualdades bajo el mismo estado.

 

Luego ya vinieron los teóricos del socialismo a decirnos cómo los medios de producción o fuerzas de trabajo habían de ser organizados y el socialismo comenzó a definirse como un sistema político. Pero en su origen, el socialismo, mas que un sistema político era un sistema de vida. Sistema que puede ser encontrado en comunidades nativas, en Imperios desaparecidos como el Inca y el Maya, y en cierta medida, a lo que voy, en Japón.

 

Esta impresión tenía yo de Japón hace 25 años después de vivir 10 meses en el país

 

En otras palabras, que el socialismo, en su origen, era mas una creencia o convicción que estructura política alguna. Era un compromiso personal con ese contrato social. Japón puede que no sea políticamente socialista pero culturalmente lo es, sus ciudadanos tienen la creencia de que el bienestar de todos y el sacrificarse por ello es más importante que su bienestar personal; creencia que yo no he encontrado en Occidente. Y por eso los ancianos japoneses, que pasaron su vida trabajando para el engranaje económico de su nación, se ponen ahora en manos de ese estado que saben es mayor que ellos y en el que confían ha de responder para que cuide de ellos en su vejez.

 

Sólo que la manera de ponerse en manos del estado, bueno, es un tanto peculiar. Delin quen y después de hacerlo en ocasiones van directamente a comisaría a informar para que les metan en la cárcel

 

————

 

1… Este hombre tiene 78 años y ha cumplido 15 condenas en la cárcel. Todas por robar comida. Hace cinco años cumplió la última, encontró plaza en una residencia de ancianos, y desde entonces no ha vuelto a robar. En Japón hay una lista de espera de medio millón de ancianos para ingresar a residencias de la tercera edad así que él es ahora afortunado. Muchos otros no lo son; no tienen nada cuando salen de la cárcel así que cometen crímenes de nuevo para poder volver a ella. La vida en la cárcel puede que no sea fácil, pero no hay lista de espera para ingresar y para muchos fuera de ella es peor. El número de crímenes cometido por los mayores de 65 años se ha cuadruplicado en los últimos 20 años. Y una tercera parte de estos presos ancianos, cuando cumplen sus condenas y son liberados regresan a la cárcel en menos de dos años. El 60% de sus crímenes son robos. Los ancianos japoneses practican el hurto en las tiendas más que los adolescentes. En 2017, una encuesta del gobierno japonés reveló que más de la mitad de las personas mayores atrapadas robando en tiendas dijeron que vivían solas, mientras que el 40 por ciento afirmó que no tenían parientes cercanos.

 

Para muchos de ellos, vivir el resto de sus vidas tras las rejas es una mejor alternativa a estar solo. Este fenómeno es el resultado del deterioro de las condiciones de vida de los ancianos en Japón. Históricamente, las familias cuidaban a sus padres ancianos, pero entre 1980 y 2015, las personas mayores que viven solas aumentaron más de seis veces hasta casi 6 millones en la actualidad. 

 

2. Los ancianos se sienten solos y la pensión que reciben no les da para llegar a fin de mes. La pensión de un anciano en Japón son casi 7000 dólares al año y el coste de vida cerca de 9000. A un anciano, sin apoyo familiar, le hacen falta 2.000 dólares anuales que no sabe de donde sacar, para vivir. Las mujeres están peor que los hombres, casi la mitad de esas mujeres mayores de 65 años de edad que viven solas están en la pobreza, en comparación con un 29% de hombres. De la población carcelaria femenina, una de cada 5 mujeres es una anciana. Y 9 de cada 10 de estas ancianas están ahí por hurtos en tiendas

 

Si además, a un anciano que no tiene mas que la pensión para vivir le viene encima una enfermedad seria que le va a acarrear más gastos, no le quedan muchas más opciones que delinquir y acabar en la cárcel, donde va a tener tres comidas diarias y van a cuidar relativamente bien de su salud.

 

De hecho Japón ya lleva más de 10 años acondicionando sus cárceles con módulos especiales para ancianos donde reciben facilidades para desplazarse y ejercitarse. Las autoridades penitenciarias dicen que tampoco quieren ponérselo muy fácil ya que al fin y al cabo es la cárcel, que saben que la vida fuera es dura para ellos y no quieren que se acomoden dentro. Pero los 32.000 dólares anuales que le cuesta al gobierno japonés el cuidado de un preso anciano son casi 5 veces más la pensión que recibe el anciano fuera. Subiendo las pensiones de los ancianos y ofreciéndoles ayudas para permanecer en sus hogares, el gobierno estaría ahorrado dinero. Necesitaría hacer más que eso, necesitaría dar con la tecla de reconectarles con la comunidad y con sus lugares de residencia para que cuando saliesen de la cárcel no quisiesen volver. De momento parece que no han encontrado esa tecla. Y parece que a muchos reclusos ancianos tampoco les importa, para ellos la cárcel es un oasis, un lugar de relajación y comodidad, donde uno puede mantenerse bien alimentado, entretenido y en compañía de gente con los que se entiende. Faltos de libertad sí, pero más importante aún, faltos de las preocupaciones de ahí fuera.

 

Hasta la próxima,

 

La paz

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Categoría: Sociedad
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