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August 6th at 7:35pm

Hpakant, La Maldición del Jade.

Hola Humano,

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia de la serie “Los Lugares más Horribles del Mundo”.

Hace poco más de un mes, el pasado 2 de julio, la República de la Unión de Myanmar sufrió el accidente minero más mortal de su historia. Que sepamos. Un deslizamiento de tierra mató al menos a 174 mineros, otros 100 desaparecieron, y 54 más resultaron heridos. El accidente ocurrió en la que es la mayor mina de jade del mundo, situada en la pequeña ciudad de Phakant, al norte del país, en medio de una de las selvas más inhóspitas e infestadas de malaria del mundo, aislada varios meses al año durante los monzones, y que tiene la mala fortuna de producir la jadeíta de mejor calidad del mundo. Como ya hemos visto en otras ocasiones, para los habitantes de Phakant su mayor riqueza es su condena

 

Phakant, La Maldición del Jade

 

El accidente de julio no fue el primero ni será el último. El año pasado otro deslizamiento mató 54 mineros, en 2015 fueron 116 personas las que perdieron la vida en otro accidente. Los lugareños aseguran que en el año 2000, mil mineros se ahogaron cuando durante una inundación, las aguas del río Uru se precipitaron hacia las minas subterráneas, pero que las autoridades silenciaron la noticia. Y siguiendo hacia el pasado descubrimos que la aldea original de Phakant se estableció por primera vez en 1832 y poco después fue destruida por un deslizamiento de tierra. La palabra Phakant, en el idioma local (Shan) significa “caída de rocas”. Así que los locales ya están prevenidos de lo que puede pasar.

 

¿Por qué se repiten los accidentes? ¿Por qué no se establecen mejores condiciones de seguridad en las minas? ¿Por qué se arriesgan los mineros? Por lo de siempre, la avaricia de unos y la miseria de otros.

 

El comercio del jade está controlado por las élites militares, capos narcotraficantes, y compañías compinches con estos para encubrirlos. Mientras estas redes producen enormes ganancias, la gente local sufre abusos terribles y ve cómo su herencia natural es arrancada bajo sus pies. Estas injusticias avivan los disturbios en una región inestable y volátil.

 

El jade de estas colinas es el más valioso del mundo. Una investigación hace 5 años llevada a cabo por la ONG internacional Global Witness estimó la producción de jade en la región sólo en 2014 en 31 mil millones de dólares. La cifra fue el equivalente al 48 por ciento del PIB oficial de Myanmar y 46 veces el gasto gubernamental en salud de ese año.

Dinero que el país necesita con urgencia pero del que casi nada llega a la gente común ni a las arcas estatales.

 

Los accidentes se repiten porque las condiciones de las minas son precarias. Y las condiciones son malas porque los propietarios de yacimientos se apresuran a explotarlos y acumular beneficio, antes que tomar precauciones y establecer medidas de seguridad ¿Por qué las prisas? Porque los propietarios más importantes son militares que han corrido a acumular riqueza antes que la democracia pudiese quitarles su posición de privilegio.

 

A finales de 2015 hubo elecciones en Myanmar y el 15 de marzo de 2016, Htin Kyaw fue elegido como el primer presidente no militar desde el golpe de estado de 1962

Myanmar acababa con más de 50 años de liderazgo militar. Se veía venir desde hacía tiempo que la Liga Nacional para la Democracia liderada por Aung San Suu Kyiarrasaría en las elecciones. Los militares se apresuraron a explotar sus minas antes del cambio hacia la democracia. Pero tras las elecciones, debido a los numerosos conflictos internos que tiene Myanmar, la cúpula militar y el ejercito parecen haber mantenido sus privilegios y pocos se atreven a discutírselos

 

La industria de jade de Myanmar está sumida en el secreto. La gente común no puede acceder a los datos básicos sobre qué compañías tienen licencias de minería; quiénes son los verdaderos dueños de esas compañías; cómo se asignan las licencias; cuáles son los términos de sus contratos; lo que le pagan al gobierno; y cuánto están produciendo. Todo ello es para que no se preste atención a quién se está beneficiando realmente de la fiebre del jade.

 

Myanmar produce más del 70 por ciento del suministro mundial de jadeíta de alta calidad. La mayor parte de esta jadeíta se exporta a otras naciones, principalmente asiáticas. Gran parte de la producción la lleva a cabo Myanmar Gem Enterprise (MGE), una empresa estatal que tiene suficientes activos líquidos para funcionar durante 172 años.

 

El sistema de licencias de jade de Myanmar está abierto a la corrupción y al amiguísmo. Las principales concesiones van a parar a personajes de los días más oscuros del gobierno de la junta militar. Estos incluyen:

- el Ex dictador militar Than Shwe 

- el Ex secretario general del partido gobernante Maung Maung Thein

- Y el ex ministro de gobierno y ex alto general en el estado de Kachin, al que pertenece Phakant, Ohn Myint

 

Este último el ex-ministro Ohn Myint, además de desempeñar un papel fundamental en el gobierno de Myanmar hasta 2016, se hizo conocido por sus amenazas de abofetear a la gente.

 

Otras figuras militares clave incluyen ex generales y ex miembros del gobierno como Phone Swe y Win Than. Se estima que más de cien minas de jade activas están controladas por no más de quince individuos conectados con el ejército. La ONG Global Witness en su investigación de hace 5 años sugiere que los políticos corruptos y los empresarios conectados habrían robado aproximadamente 122.800 millones de dólares de jade en la última década; lo que constituiría el mayor robo de recursos naturales del mundo en la historia moderna.

 

Para quien quiera adentrarse en la red de empresas pertenecientes a las familias de estos militares nombrados u otras pertenecientes a capós del narcotrafico, como Wei Hsueh Kang por quien gobierno de los EE.UU. ofrece una recompensa de 2 millones de dólares, y marearse con las cifras de sus ganancias, voy a dejar en la descripción del vídeo un enlace al informe de Global Witness en el que el guión de este vídeo está basado

 

Nosotros nos quedamos con los habitantes de Phakant, que a pesar de caminar por encima de un tesoro viven en la miseria. La mayoría de quienes participan en la industria de jade son recolectores independientes, que recogen los desechos de los operadores más grandes y que viven en cuartos destartalados en la base de grandes montículos de escombros excavados por maquinaria pesada.

 

El resto de los lugareños está viendo desaparecer sus medios de vida y su paisaje, destrozado por la intensificación de la lucha por su activo más preciado. Aquellos que se interponen en el camino de las armas y las máquinas enfrentan la confiscación de sus tierras, intimidación y violencia. 

 

Violencia es algo que no falta en Phakant. Como si fuese una ciudad minera del antiguo oeste americano, Phakant ha sido denominado “the wild wild west” (el salvaje salvaje oeste). Un lugar repleto de alcohol, juegos de azar, prostitución y guaridas de opio. La heroína ya no se vende abiertamente en las calles desde que a comienzos de la década de los 90, el gobierno militar detuviese tanto a los adictos como a los traficantes de droga, los llevase hasta al cercano río Uru, los fusilase y arrojase a las aguas.

 

Pero Kachin, el estado al que pertenece Phakant, está en pie de guerra desde 2012 que resurgió un conflicto armado entre el ejercito del gobierno y el de un grupo llamado Kachin para la Independencia. El negocio y dinero del jade mantiene vivo un conflicto que ya ha causado la muerte de miles de personas y 100.000 desplazados. Ambos ejércitos han usado minas terrestres, niños soldados, violación y tortura.

 

Es difícil resolver el conflicto con el jade de por medio. Las familias y compañías del ejército que poseen muchas de las minas de jade perderían en un acuerdo de paz equitativo. Tienen el incentivo financiero y posiblemente el alcance político para mantener el conflicto hasta que se pueda garantizar el control a largo plazo del gobierno central sobre Phakant. El mismo incentivo tienen los oficiales del ejercito en el estado de Kachin que están haciendo fortunas personales mediante la extorsión del negocio de jade, ellos se enriquecen mientras haya guerra. La principal fuente de ingresos para el ejercito de los independentistas también es el jade. Además para ellos, ver a las compañías con licencia controladas por sus peores enemigos engullir su herencia natural es una fuente de resentimiento. Como dicen los lugareños de Kachin. "el árbol está en nuestro jardín, pero no se nos permite comer la fruta"

 

Es muy poco probable que un acuerdo de paz que no aborde de manera significativa la cuestión de quién administra y se beneficia del jade del estado de Kachin sea duradero.

 

Algo han hecho los reformadores del gobierno. Por un lado han incluido a Myanmar dentro de la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI), un marco internacional para combatir la corrupción en los negocios de petróleo, gas y minería, que es apoyado por los Estados Unidos, el Reino Unido, Noruega, Australia y los países de la UE . Por el otro también han iniciado conversaciones de paz con la resistencia independentista. Nada va a ser suficiente si no abordan directamente la necesidad de un sistema más justo y más responsable de administrar el recurso natural más importante del país. Hay que sacar el comercio de jade de las manos de los intransigentes militares y las compañías de compinches. 

 

La comunidad internacional podría ayudar con esto. Estados Unidos puso de su parte con sus sanciones en el pasado. Su Ley JADE , que prohíbía la importación de jade, fue diseñada originalmente para detener a los miembros del "régimen birmano y sus partidarios de financiar sus continuas violaciones de los derechos humanos, las políticas antidemocráticas y las actividades militares”, pero el presidente Obama levanto las sanciones a finales de 2016 con la llegada de la democracia. Myanmar, la antigua Birmania, es a día de hoy un país fuertemente sancionado por occidente, pero no debido a la explotación del jade sino debido a la crisis de los refugiados rohinyás. 

En cualquier caso, las sanciones de las naciones occidentales contra los mercados de piedras preciosas birmanas han sido principalmente ineficaces en el caso del jade, ya que gran parte de la demanda de jade birmano es alimentada por China, que no participa en las sanciones. Como en otras ocasiones, China hace caso omiso de sanciones que tengan que ver con violaciones de derechos y es el principal recipiente del jade de Myanmar.

 

El Jade de las montañas del estado de Kachin, el jade de Phakant, es el mejor jade del mundo; con un un precio promedio de más de 13,000 dólares por kilo y con piezas que pueden alcanzar el valor de millones. Como en otras partes aquí hay riqueza suficiente para todos. Pero la avaricia de unos condena a otros a la miseria. Phakant se convierte en un lugar horrible para sus lugareños que han visto como sus montañas desaparecen ante sus ojos para convertirse en esto. Una mina a cielo abierto a cuyas colinas se agarran a diario rebuscando un trozo de jade para seguir tirando. Así hasta que el siguiente deslizamiento les arrastre y acabe con su miseria. A saber si hay quien encuentra consuelo pensando que al menos el entierro le va a salir gratis.

 

Hasta la próxima,

 

La Paz  

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Categoría: Sociedad
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