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September 8th at 6:19pm

El Mundo Sin Nosotros

Hola humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

Algunas de las primeras imágenes más impactantes que nos dejó esta pandemia fueron las calles de las ciudades vacías y los animales salvajes adentrándose en ellas para explorar. Aquello nos hizo imaginar cómo podría ser el planeta sin la presencia humana. Esto es algo que a menudo comentáis o me preguntáis cuando alguna injusticia social o tragedia medioambiental de las que veis en nuestros vídeos os marcan emocionalmente y entretenéis la idea de si merecemos estar aquí y cómo sería el planeta si nosotros desapareciésemos de la faz de la Tierra. ¿Cómo? Sobre eso va este vídeo

 

 

El Mundo sin Nosotros

 

“El mundo sin nosotros” ,es el título de un bestseller publicado en 2007 del periodista estadounidense Allan Weisman. No es una novela, es un libro científico. Durante años él investigó sobre esto y nosotros vamos a resumir su libro. Que está centrado en dos cuestiones: ¿cómo reaccionaría la naturaleza frente a la desaparición de la humanidad? y ¿qué legado dejaríamos los humanos en ella?

 

Weisman comenzaba argumentando en 2007 que era poco probable que la humanidad desapareciese repentinamente; pero que si se diese el caso lo más probable es que fuese debido a algún virus humano aún no descubierto. Bueno, algo ya nos hemos acercado a ese momento

 

Primero se enfocó en las ciudades, donde se desarrollarían algunos de los cambios más dramáticos e inmediatos   debido a una repentina falta de mantenimiento humano. Sin gente que haga funcionar bombas que desvíen la lluvia y el aumento de las aguas subterráneas, los subterráneos de las grandes ciudades se inundarían pocas horas después de nuestra desaparición. Los ingenieros calculan que tomaría alrededor de 36 horas para que el metro se inundase por completo.

 

Sin supervisión humana, los fallos en las refinerías de petróleo y las plantas nucleares no se controlarían, lo que probablemente resultaría en incendios masivos, explosiones nucleares y devastadores efectos radiactivos. Es prácticamente imposible predecir el “comportamiento” de esta radiación.  Con nuestra desaparición también dejaríamos tras nosotros montañas de desechos, muchos de ellos plásticos, que probablemente persistirían durante miles de años, con efectos en la vida silvestre que recién ahora estamos comenzando a comprender.

 

Mientras tanto, los desechos de petróleo que se derraman o se filtran al suelo en los sitios industriales y las fábricas serían descompuestos y reutilizados por microbios y plantas, lo que probablemente tomaría décadas. Los contaminantes orgánicos persistentes, -sustancias químicas artificiales como los bifenilos policlorados que actualmente no se pueden descomponer en la naturaleza, tomarían mucho más tiempo-  Algunos de estos contaminantes podrían estar presentes hasta el fin de los tiempos en la Tierra. Aunque con el tiempo, serían enterrados a salvo. La liberación combinada rápida y lenta de todos los desechos contaminantes que dejamos atrás indudablemente tendría efectos dañinos en los hábitats circundantes y la vida silvestre. Lo que no significa necesariamente una destrucción total: es suficiente observar como la vida silvestre vuelve a un lugar como Chernobyl para comprender que la naturaleza puede ser resistente en escalas de tiempo cortas, incluso en extremos de desastre nuclear.

 

Mientras se desarrolla ese legado contaminante, el agua que corre bajo tierra en las ciudades corroería las estructuras metálicas que sostienen las calles sobre los sistemas de transporte subterráneo, y avenidas enteras colapsarían, transformadas repentinamente en ríos en el centro de la ciudad. Durante los sucesivos inviernos, sin los humanos para realizar un deshielo regular, los pavimentos se agrietarían, proporcionando nuevos nichos para que las semillas echen raíces, transportadas por el viento y excretadas por las aves que sobrevuelan, y se conviertan en árboles que continúen el desmembramiento gradual de aceras y carreteras. Lo mismo sucedería con los puentes, sin los humanos allí para eliminar los árboles jóvenes rebeldes que echan raíces entre los remaches de acero: junto con la degradación general, esto podría desmantelar estas estructuras en unos pocos cientos de años.

 

Con todo este nuevo hábitat creándose, la naturaleza entraría estoicamente, inundando la antigua jungla de asfalto con praderas, arbustos y densos rodales de árboles. Eso provocaría la acumulación de material orgánico seco, como hojas y pequeñas ramas, lo que proporcionaría el forraje perfecto para los incendios provocados por los rayos, que irían rugiendo por el laberinto de edificios y calles, arrasando potencialmente partes enteras de ciudades hasta el suelo. Los incendios crearían una gran cantidad de material carbonizado en la calles, lo que será fantástico para nutrir la vida biológica. Las calles se convertirían en pequeños pastizales y nuestras ciudades serían bosques en unos 500 años.

 

Durante esos cientos de años que nuestros edificios permanezcan en pie mientras son degradados por la erosión y el fuego, las primeras construcciones en caer serían las estructuras modernas de vidrio y metal que se romperían y oxidarían, y las últimas, los edificios construidos con la propia Tierra, las estructuras de piedra que irían convirtiéndose lentamente en una versión suavizada de lo que conocemos hoy. Eventualmente, esos horizontes icónicos y definidos que hoy son nuestra identidad dejarían de existir.

 

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Mirando más allá de los límites de la ciudad a las grandes extensiones de tierras agrícolas que actualmente cubren la mitad de la tierra habitable de la Tierra, habría una rápida recuperación de insectos, ya que la aplicación de pesticidas y otros productos químicos cesaría con nuestra desaparición. Eso iniciaría una cascada de acontecimientos para la flora y fauna. Tras el resurgimiento de los insectos, resurgirían las plantas, y tras ellas, las aves. Los hábitats circundantes (comunidades de plantas, suelos, vías fluviales y océanos) se recuperarían, libres de la influencia que los productos químicos tienen en los ecosistemas de hoy. Eso, a su vez, alentaría a que más vida silvestre se adentrase y estableciese en estos areas.

 

Esta transición precipitaría un aumento de la biodiversidad a escala mundial. Nuestro planeta solía ser excepcionalmente rico en megafauna (leones, elefantes, tigres, rinocerontes, osos…). pero eso cambió cuando los humanos comenzamos a extendernos por el planeta, cazando a estos animales e invadiendo sus hábitats. A medida que emigramos de África y Eurasia a otras partes del mundo, la megafauna comenzó a extinguirse. Así se observa en Australia desde hace 60.000 años. En América desde hace 15.000 y en Madagascar y las islas del Caribe desde hace pocos miles de años. "

 

Si los humanos no nos hubiésemos extendido por todos los rincones de la Tierra reduciendo las poblaciones de megafauna a nuestro paso, todo el planeta podría haber sido tan diverso en estas especies como lo es hoy el famoso Serengeti en África Oriental. El centro de Estados Unidos y partes de América del Sur serían los lugares más ricos en megafauna de la Tierra en la actualidad. Animales como elefantes serían comunes en las islas mediterráneas y habría rinocerontes en la mayor parte del norte de Europa.

 

Esta megafauna tardaría millones de años en recuperarse de esas extinciones pasadas incluso si los humanos desapareciésemos del planeta mañana. Entre 3 y 7 millones de años para volver a lo que una vez tuvimos.

 

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Sin humanos, el planeta entero sería una jungla, se volvería cada vez más exuberante y diverso, pero no podemos descartar los efectos del cambio climático, posiblemente el impacto más indeleble que dejaríamos tras nosotros. Es incierto hacer predicciones útiles sobre esto. Por ejemplo, si hay explosiones en plantas industriales, o bocas de pozo de petróleo o gas que continúan ardiendo mucho después de que todos nos hayamos ido, se seguirían descargando enormes cantidades de dióxido de carbono atrapando el calor en la atmósfera.

 

El dióxido de carbono no permanece suspendido en la atmósfera para siempre: nuestros océanos juegan un papel esencial en la absorción de grandes cantidades de dióxido de carbono del aire. Pero todavía existen límites en cuanto a la cantidad de CO2 que puede soportar el océano sin que sus propias aguas se acidifiquen a niveles insalubres, potencialmente en detrimento de miles de especies marinas. También hay un límite en la cantidad que el mar puede absorber físicamente, lo que significa que no es simplemente el sumidero de carbono sin fondo que a menudo se piensa que es.

 

Tal como estamos ahora, los niveles actuales de CO2 ya tardarán miles de años en eliminarse por completo de la atmósfera. Se estima que al menos 100,000 años. Y si el mar alcanza su límite y más gases de efecto invernadero permanecen suspendidos en la atmósfera, el calentamiento continuo resultante conduciría a un mayor derretimiento de los casquetes polares y la liberación de más gases de efecto invernadero debido al ablandamiento del permafrost. Esto se convertiría en un ciclo continuo de retroalimentación que alteraría el clima. Los impactos del cambio climático durarían mucho después de que nos fuésemos.

 

Lo que no va a impedir que el planeta salga adelante. Durante el período Jurásico, había cinco veces más dióxido de carbono en la atmósfera que en la actualidad, ello provocó un aumento espectacular de la acidez del océano, sin embargo hubo especies marinas que sobrevivieron estos extremos, evolucionaron, y formaron parte del planeta que conocemos hoy. A pesar de los extremos climáticos y las inmensas pérdidas que puedan producir, la naturaleza siempre encuentra un camino. El planeta no necesita de nosotros.

 

¿Cómo reaccionar a esto? ¿Nos consolamos sabiendo que si nos extinguimos nuestro querido y sufrido plantea finalmente prosperaría? ¿O por qué no imaginar este futuro para que nos impulse a ser más conscientes de nuestras acciones, en un intento por preservar también nuestro propio lugar en el planeta? Se entiende que pocos quieran saber sobre historias medioambientales porque nos duele ver el daño que le estamos haciendo al planeta y cómo ello nos lleva a nuestra propia desaparición; pero pudiese ser que imaginar el planeta ya sin nosotros sea una manera de perderle el miedo a tratar este tema; de poder centrar el debate en que el planeta volverá a ser un lugar hermoso, recuperado de las muchas heridas que le hemos causado, y quizás entonces, solo quizás, hagamos un esfuerzo por agregarnos nosotros a esa imagen de una Tierra restaurada.

 

Pues si lo ves así, por favor comparte este vídeo. Si el mundo sin nosotros sería un planeta lleno de vida, nosotros también podemos ser parte de ello. Aún no es tarde

 

 

Hasta la próxima,

 

La paz

 

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Categoría: Sociedad
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