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October 2nd at 6:33pm

El Futuro Económico. Modelo del donut

Hola Humano,

 

Bienvenido a un video-debate de MarginalMedia. El tema que os traemos a debate hoy es extremadamente importante para nuestro futuro, pero presentarlo en una única pregunta no es fácil. Lo intentamos resumir en esto: ¿Deberíamos de cambiar de modelo económico? En este vídeo te resumimos cuál es la economía predominante y un par de modelos alternativos existentes, para que considerando esa información, tú puedas darnos tu opinión.

 

¿Deberíamos de Cambiar de Modelo Económico?

 

 

La economía de hoy ya tiene el cambio climático insertado en sus entrañas como reto a superar en el  futuro. Si existe un paradigma dominante de cómo los políticos y economistas piensan hoy sobre la solución del cambio climático, se llama crecimiento verde. De acuerdo con la ortodoxia del crecimiento verde, cuyos seguidores pueblan los gobiernos europeos, el estadounidense, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y el Banco Mundial, la economía global puede seguir creciendo y desactivar la amenaza de un planeta en calentamiento a través de un mercado de rápido movimiento enfocado en la acción medioambiental y la innovación tecnológica.

 

Pero en los últimos años ha ido ganando terreno un paradigma rival: el decrecimiento. ¿Deberíamos encoger la economía para detener el cambio climático? En opinión de los decrecientes, la humanidad simplemente no tiene la capacidad de eliminar gradualmente los combustibles fósiles y al mismo tiempo satisfacer la demanda cada vez mayor de las economías ricas. A estas alturas, los decrecientes creen que el consumo en sí debe reducirse.

 

El decrecimiento sigue siendo una tendencia relativamente marginal en la política climática, pero ha estado atrayendo conversos. En 2019, más de 11.000 científicos firmaron una carta abierta pidiendo un “cambio del crecimiento de Producto Interno Bruto“ hacia "el sostenimiento de los ecosistemas y la mejora del bienestar humano ". Vamos, algo semejante a lo que Bután viene haciendo desde 1974. Año en que implementó la “Felicidad Nacional Bruta” como índice para medir la riqueza de su país. Enfocado no tanto en lo que se produce sino en cómo siente la gente. Se lo contamos en este vídeo de hace ya más de 5 años. Échenle un vistazo al final si lo desean

 

El pasado mayo, un artículo publicado en la revista Nature argumentó que el decrecimiento "debería ser considerado y debatido de forma tan amplia y exhaustiva como lo son las vías impulsadas por una tecnología que comparativamente puede resultar riesgosa".

 

En esto consiste el debate

 

Debate

1. El modelo del decrecimiento

 

Quizás el proponente más destacado del movimiento de decrecimiento es Jason Hickel, antropólogo económico y autor de "Menos es más: cómo el decrecimiento salvará al mundo". El decrecimiento, como él lo define, "es una reducción planificada del uso de energía y recursos diseñada para devolver el equilibrio a la economía con el mundo viviente de una manera que reduzca la desigualdad y mejore el bienestar humano".

 

Su argumento contra el modelo de crecimiento verde se basa en dos premisas clave:

 

Una. No hay evidencia histórica de que el PIB se puede desvincular completamente del uso de recursos materiales. En otras palabras, las economías humanas no pueden crecer infinitamente en un planeta con recursos finitos.

 

Y dos. EL PIB se puede desacoplar de las emisiones de gases de efecto invernadero reemplazando los combustibles fósiles con energía renovable, pero ese desacoplamiento no está ocurriendo lo suficientemente rápido.

 

La solución necesaria, en opinión de Hickel, es reducir el consumo de recursos y energía, lo que facilitará la transición rápida a la energía renovable en el poco tiempo que le queda a la humanidad para evitar 1,5 grados de calentamiento global. Pero este imperativo no se aplicaría por igual en todo el mundo.

 

El cambio climático está siendo impulsado principalmente por el consumo histórico acumulativo del Norte Global (o hemisferio norte) por lo que argumenta que corresponde a los países ricos reducir sus economías. (La responsabilidad desproporcionada que tienen las economías avanzadas por el cambio climático es también la razón por la que Hickel rechaza los pedidos de control de la población en los países más pobres por considerar que eso es enfocar el problema “completamente al revés”: "Tenemos un problema de población, es cierto", dijo en 2018. "Pero no tiene nada que ver con los países pobres. El problema real es que hay demasiada gente rica ").

 

Esa reducción de la economía de los países ricos, a su vez, crearía un espacio en el presupuesto mundial de carbono para que los países más pobres sigan creciendo, lo que aún deben hacer para sacar a sus poblaciones de la pobreza.

 

(Ver tweet) En este tweet reciente, Hickel sugiere que los países ricos deberían compartir con los países pobres su tecnología para que los segundos pudiesen hacer uso cuanto antes de energías renovables

 

Los críticos del decrecimiento han comparado este modelo con la austeridad económica o las recesiones forzadas, que tienden a causar un sufrimiento generalizado y agravar la desigualdad. Pero esos efectos negativos, dice Hickel, son simplemente el desastre predecible que sobreviene "cuando las economías dependientes del crecimiento dejan de crecer".

 

El decrecimiento, por el contrario, exige un tipo de economía completamente diferente, una que podría mejorar los medios de vida de las personas a pesar de una reducción en la actividad agregada: por una parte busca reducir la "producción ecológicamente destructiva y socialmente menos necesaria" (entiéndase: vehículos deportivos utilitarios, armas, carne de res, transporte privado, publicidad, y tecnologías de consumo que están diseñadas para quedar obsoletas) y por la otra busca expandir "sectores socialmente importantes" como el cuidado de la salud y la educación.

 

Entre las políticas que propone Hickel para crear la economía de decrecimiento se encuentran acortar la semana laboral, introducir una garantía de empleo con un salario digno, sacar a los trabajadores de industrias en declive, y retirar del mercado bienes como la vivienda que las personas necesitan para vivir una vida digna.

 

2. El modelo del Crecimiento Verde

 

Como crítico al modelo del decrecimiento escogemos al economista Noah Smith que lo considera: “Una fantasía que nos distrae de los esfuerzos reales por salvar el planeta ''

Noah Smith toma los principales argumentos del decrecimiento para argumentar su defensa del crecimiento verde:

 

Primero, dice que el crecimiento económico puede, de hecho, disociarse del uso de recursos: “Podemos seguir mejorando el nivel de vida de todos sin agotar los recursos del planeta. Porque el crecimiento no solo significa usar más y más cosas; en cambio, puede significar encontrar formas más eficientes de usar las cosas que tenemos ". (Hickel descarta esta afirmación de Smith como hipotética).

 

En segundo lugar, y más directamente relacionado con el cambio climático, Smith dice que el desacoplamiento del PIB de las emisiones de gases de efecto invernadero no solo es posible, como reconocen muchos decrecientes, sino que ya está sucediendo: desde 2005, 32 países, incluido Estados Unidos, han logrado hacerlo, según el Breakthrough Institute.

 

Smith está de acuerdo con Hickel en que el desacoplamiento de emisiones no está sucediendo lo suficientemente rápido. ¿Ofrece entonces el modelo del decrecimiento la receta correcta para alcanzar la neutralidad de carbono en un plazo más corto?

 

Podcaster Ezra Klein no lo cree así. En un podcast reciente, Klein argumentó, que el ritmo inaceptablemente lento de la transición a la energía renovable que estamos experimentando, no es un problema tecnológico, sino político. Y en la política, el decrecimiento es mucho más difícil de vender que el crecimiento verde.

 

Según él, el decrecimiento está "atacando las fallas de la estrategia actual por no avanzar lo suficientemente rápido cuando los impedimentos son políticos, pero luego no acepta los impedimentos políticos de su propuesta“, dijo. “Creo que si la demanda política del decrecimiento se convierte en que no puedes comer carne, retrasarás la política climática tan lejos, y tan rápido, que sería desastroso. Lo mismo ocurre con los vehículos utilitarios deportivos. A mi no me gustan. Yo no conduzco uno. Pero si le dices a la gente de los países ricos que el movimiento por el clima es para que no tengan los coches que quieren, simplemente vas a perder ".

 

(Ver tweet) Hickel cree que el desafío a superar son quienes se benefician de la estructura de acumulación e imperialismo establecida que obstaculizan el camino hacia un futuro más justo y ecológico; que la mayoría de la gente se favorecería de las políticas sociales propuestas por el decrecimiento.

 

El articulista Eric Levitz, de la revista New York, está de acuerdo con que “los estadounidenses podrían sentirse más felices y seguros en una economía comunitaria con bajos niveles de carbono en la que la propiedad individual de un automóvil estuviese muy restringida; y la vivienda, la atención médica y actividades de ocio bajas en carbono fuesen consideradas derechos sociales.” Pero, agrega, “nada menos que una dictadura absoluta podría afectar tal transformación a la velocidad necesaria. Y el espectro del “eco-bolchevismo” no acecha al Norte Global. La humanidad va a encontrar una manera de enriquecerse de manera sostenible o morir en el intento ".

 

¿Por dónde va el debate?

¿Por donde vamos? ¿En qué punto del debate estamos? Por ahora, el decrecimiento no tiene un apoyo masivo. Sin embargo, algunas de sus ideas están ejerciendo una influencia en el pensamiento político-económico, particularmente la crítica hacia tener el crecimiento del PIB como estrella polar del progreso humano.

 

"Incluso dentro de la corriente principal de la economía, la ortodoxia del crecimiento está siendo desafiada, y no simplemente debido a una mayor conciencia de los peligros ambientales", escribió John Cassidy en The New Yorker el año pasado. “Después de un siglo en el que PIB por persona se ha multiplicado por seis en los Estados Unidos, ha surgido un vigoroso debate sobre la viabilidad y la sabiduría de crear y consumir cada vez más cosas, año tras año”.

 

¿Y Cual puede ser la alternativa entre el modelo de crecimiento verde y el de decrecimiento ? Kate Raworth, una economista inglesa, ha creado el donut, o economía de donut (o “de rosquilla”); que es un marco visual para el desarrollo sostenible, con forma de donut o salvavidas, que combina el concepto de límites planetarios con el concepto complementario de límites sociales.

 

En opinión de Raworth, las economías del siglo XXI deberían abandonar el crecimiento por el crecimiento y hacer que su objetivo sea alcanzar el punto óptimo, o de donut, entre la "base social", donde todos tienen lo que necesitan para vivir una buena vida, y el "techo ambiental".

 

"El modelo del donut no proscribe todo el crecimiento o desarrollo económico", explica Ciara Nugent en Time. "Pero ese crecimiento económico debe ser visto como un medio para alcanzar metas sociales dentro de los límites ecológicos, y no como un indicador de éxito en sí mismo, o una meta para los países ricos".

 

Las ideas de Raworth han tenido un impacto en el mundo real: el año pasado, durante la primera ola de la pandemia, el gobierno de la ciudad de Ámsterdam anunció que trataría de recuperarse de la crisis adoptando los preceptos de la "economía del donut“. Un año antes de eso, la Primera Ministra Jacinda Ardern de Nueva Zelanda anunció que su país daría prioridad al bienestar y la felicidad de sus residentes sobre el crecimiento del PIB (¿Ver tweet?)

 

Aún sin adoptar los modelos económicos de decrecimiento o del donut, el crecimiento del PIB viene desacelerándose durante las últimas dos décadas un muchos países ricos debido a la caída de las tasas de natalidad y a un cambio en los patrones de gasto de bienes a servicios. Pero esto aún no ha resuelto el problema de la adicción de nuestros países a los combustibles fósiles.  “Sin embargo, el tipo de políticas que ofrecen los defensores del decrecimiento, como los servicios básicos universales y las horas de trabajo más cortas, podrían ayudar a abordar algunos de los males de larga duración que ahora afligen a una amplia gama de economías”, escribe Kate Aronoff en The New Republic. "En lugar de perseguir un objetivo cada vez más lejano tratando de persuadir a las escurridizas inversiones corporativas con obsequios, los gobiernos podrían comenzar a planificar cómo sería un futuro de menor crecimiento y menor carbono pero justo".

 

Y eso es todo, humano, ahí te dejo la pregunta de nuevo: ¿deberíamos de cambiar de modelo económico? Opina, Debate. Hasta la próxima, La Paz

 

 

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Categoría: Sociedad
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