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January 7th at 7:21pm

Corea del Sur. La Revolución Encubierta

Hola Humano,

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

Te adelanto lo que puedes ver en Netflix a partir de diciembre. Un nuevo drama coreano sobre un detective que persigue a un hombre que debido a una maldición vivirá 600 años. Lleva por título: “Bulgasal: Inmortal Souls” No se cómo lo titularán en castellano. “Almas Inmortales”. Busco en la Enciclopedia de Folklore Coreano y encuentro que Bulgasal es el nombre de un monstruo que come metal y nadie puede destruir, de ahí su significado: “Imposible de Matar”. Quédense con la palabra porque puede que a partir del próximo mes ya forme parte de su vocabulario. Como otras cosas coreanas seguramente ya formen parte de su existencia. El mes pasado el Oxford English Dictionary agregó 26 nuevas palabras de origen coreano a su vasta terminología.

 

Este vídeo le va a ayudar a usted a entender el éxito de la serie “El Juego del Calamar”. Y le va a ayudar a usted a entender por qué Corea del Sur, que supo copiar de Occidente y Japón para convertirse en un gigante tecnológico y sobrepasarlos, ahora está consiguiendo hacer lo mismo con la industria del entretenimiento. Pero más clasificador aún, le va a ayudar a comprender como esta nación, tan educada, ha encontrado una manera de hacer la revolución que tres cuartas partes del planeta desearía que se diese. Se lo explicamos

 

Éste no es un tema nuevo para nosotros. Les recomendamos que si este vídeo les interesa, vean luego algún otro vídeo relacionado que ya hicimos en el pasado. Las claves del boom de la industria del entretenimiento coreano que les vamos a exponer están profundamente arraigadas en sus problemas sociales. Así que cuando hace ya más de 5 años les traíamos un vídeo sobre un negocio en el que los clientes fingían su propio entierro para intentar superar traumas; o poco después incluíamos a Seúl dentro de la serie “Los Lugares Más Horribles del Mundo” por el simple (y horrible) dato de que el 88% de jóvenes y adultos surcoreanos por debajo de los 35 años de edad quieren abandonar el país, o en un vídeo posterior les dábamos a conocer el nivel de corrupción institucionalizado en el país; todo ello son factores que apuntalan el éxito tan brutal de esta revolución cultural que ahora está viviendo Corea del Sur.

 

Vamos por partes. Corea del Sur, ha pasado de ser un país destrozado y en guerra hace 70 años a contar hoy con las infraestructuras más importantes del mundo. Corea del Sur floreció en la era de la posguerra, lo que lo convirtió en uno de los países más ricos de Asia y llevó a algunos economistas a llamar a su ascenso el "milagro en el río Han". Los surcoreanos emergieron de la vorágine de la guerra, las dictaduras, la democratización y el crecimiento económico acelerado con un encomiable espíritu comunitario colectivo. Pero la crisis financiera asiática de finales de la década de 1990 socavó la historia de crecimiento positivo de la nación e hizo que cada coreano comenzase a luchar por sí mismo. Desde entonces, la disparidad de riqueza ha empeorado a medida que la economía ha madurado. Corea ocupa hoy el puesto número 11 según el coeficiente de Gini, una medida de la desigualdad de ingresos, entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el grupo de investigación de las naciones más ricas del mundo. A medida que las familias surcoreanas han tratado de mantenerse al día, la deuda de los hogares se ha incrementado, lo que ha llevado a algunos economistas a advertir que la deuda podría frenar la economía. Los precios de la vivienda se han disparado hasta el punto en que la asequibilidad de la vivienda se ha convertido en un tema político candente. Los precios en Seúl han escalado en más del 50 por ciento durante el mandato del presidente del país, Moon Jae-in, y han provocado un escándalo político.

 

Igual que Corea construyó su reputación económica durante décadas tomando como modelos a Japón y Estados Unidos para desarrollar su proeza manufactureradefinida por sus coches y celulares fabricados por empresas como Hyundai y LG; los directores y productores del país llevan años estudiando a Hollywood y otros centros de entretenimiento, adoptando y refinando las fórmulas de la industria y añadiéndole sus propios toques coreanos.

 

Los creadores de la industria del entretenimiento coreano siempre han tenido un olfato agudo para lo que la gente quería ver y escuchar, y que con frecuencia tenía que ver con el cambio social. La mayoría de las películas nacionales más exitosas en la taquilla relatan historias con tramas que le hablan a la gente común, como la desigualdad de ingresos, y la frustración y conflicto de clases que genera. Sin ir más lejos, de eso trata Parásitos, la primera película en lengua extranjera en ganar el Oscar a la mejor película en 2019: que junta a una familia desesperada de estafadores con los ajenos miembros de una rica casa de Seúl; sobre la enorme brecha entre ricos y pobres. O el éxito del año previo “Burning” que enfrenta a un joven repartidor contra un rival acomodado por la atención de una mujer.

 

Los temas sociales siempre han ido de la mano con la industria audiovisual coreana, pero hasta hace poco la televisión estaba controlada por un número limitado de emisoras nacionales. Existía también una censura fuerte sobre contenido que se considerase violento o sexualmente explícito. El mercado interno es muy pequeño y demasiado competido para la gran cantidad de series que Corea del Sur produce. Se necesitaba que pasase algo para solventar estas limitaciones.

 

Y pasó. 

 

Llegaron YouTube y Netflix. La aparición de plataformas de transmisión con menos restricciones que las televisiones locales y capaces de alcanzar a una audiencia global por un lado; y el surgimiento de estudios de producción independientes, como Studio Dragon, que brindan el financiamiento y la libertad artística necesarios para llegar a los mercados internacionales, por el otro; han impulsado a Corea del Sur a conquistar la escena internacional.

 

La serie “El Juego del Calamar” acaba de confirmar la realización su segunda entrega. La primera, con sólo nueve episodios, es el último ejemplo de esta conquista del mercado internacional. El Juego del Calamar, estrenada hace menos de dos meses cuando escribo estas lineas, ya es la serie más vista en la historia de Netflix con cerca de 150 millones de espectadores. Su argumento, probablemente ya lo conocen: 456 personas que enfrentan deudas severas y desesperación financiera juegan una serie de juegos infantiles mortales para ganar un premio en efectivo de $ 38 millones. Audiencias de todo el mundo se identifican con las penurias de sus protagonistas: enfrentarse a un coste de la vida cada vez más elevado, viviendas con precios inalcanzables y trabajos escasos

No es sólo “El Juego del Calamar” que tiene éxito en Netflix, entre las 10 series más vistas de esta plataforma, ahora mismo se encuentran otras dos surcoreanas Hometown Cha-Cha-Cha y My Name. Otros éxitos surcoreanos en Netflix incluyen las series: Mr. SunshineAterrizaje de emergencia en tu corazón y Dulce hogarNetflix ha presentado 80 películas y programas de televisión coreanos en los últimos años; según expresa la compañía, mucho más de lo que había imaginado cuando comenzó su servicio en Corea del Sur en 2016.

 

Las producciones audiovisuales surcoreanas están atrayendo audiencias occidentales porque conectan con los problemas que muchos sentimos de cerca. Los directores y productores dicen que, de manera deliberada, quieren que todos sus personajes “huelan a humanos”. A menudo, las escenas están llenas de interacciones emocionalmente complejas. Los héroes suelen ser personas de a pie, profundamente imperfectas, atrapadas en situaciones imposibles y que se aferran a valores compartidos como el amor, la familia y el cuidado de los demás. Personas que luchan por superar la injusticia que les rodea.

 

Este Hallyu u “ola coreana” (corriente, tendencia…) una de las palabras coreanas incorporada el mes pasado al Oxford English Dictionary, es una revolución educada, callada, que poco a poco ha ido tomando el mundo desde las pantallas y los escenarios. No surgió ayer con “El Juego del Calamar”, se inicio al mismo tiempo que las cosas comenzaron a torcerse en Corea del Sur, en los 90, se fue extendiendo poco a poco por Asia, y finalmente dió el salto hacia occidente con las plataformas de transmisión en continuo. Es entretenimiento, pero también es denuncia, una revolución encubierta. Hwang Dong-hyuk, director de El juego del calamar, ya había ganado renombre con Dogani, una película de 2011 basada en un escándalo de la vida real sobre abuso sexual en una escuela para personas con discapacidad auditiva. La indignación generalizada provocada por la película obligó al gobierno a identificar a los maestros con antecedentes de abuso sexual en las escuelas para menores discapacitados.

 

O miren los artistas de K-pop. Aunque casi nunca hablan de política, su música ha ocupado una importancia central en la vibrante cultura de protesta de Corea del Sur. Cuando las estudiantes de la Universidad de Mujeres Ewha en Seúl iniciaron una serie de marchas en el campus que derivaron en un levantamiento a nivel nacional contra el gobierno en 2016, cantaron “Into the New World” de Girls’ Generation. “One Candle”, de la banda de chicos g.o.d., se convirtió en el himno no oficial de la “Revolución de las Velas”, que llevó a la salida de la presidenta Park Geun-hye. Y ahí tienen a BTS, una de las bandas más grandes del mundo, si no es la más grande; apareciendo hace poco, y no por primera vez, en las Naciones Unidas, como enviados especiales del presidente surcoreano Moon Jae-in.

 

Tras este boom de la cultura coreana hay política, hay protesta, hay más que mero entretenimiento. Lim Myeong-mook, autor de un libro sobre la cultura juvenil coreana. Dice que “Una característica dominante del contenido coreano es la combatividad” “Canaliza el deseo frustrado de la gente de ascender, su enojo y su motivación para el activismo de masas”. 

 

Hay presión y frustración creciente en la sociedad coreana. Su indice de suicidios así lo rebela. Detrás del éxito de su industria del entretenimiento asoma el malestar económico de un país. Asoma el cabreo de una sociedad atrapada entre la presión social para tener éxito y la dificultad de hacer precisamente eso. Para lo jóvenes surcoreanos, la generación de la “cuchara de tierra” como localmente se les conoce, cada vez es más difícil adquirir una vivienda y un trabajo seguro. Sufren la ironía de tener que esforzarse para cumplir con las expectativas de un sueño que otros le marcaron y ver ese sueño cada vez más lejos. Las disparidades de riqueza se amplían. La competencia es cada vez mayor para agarrar una rebanada de un pastel que se encoge, sí, al igual que los concursantes del “Juego del Calamar“. No es aleatorio que estos compitan por una fortuna de dinero. Muchos jóvenes coreanos están obsesionados con las formas de enriquecerse rápidamente, como las criptomonedas y la lotería. Corea del Sur tiene uno de los mercados de moneda virtual más grandes del mundo. (“Block Battle” es un programa de televisión en el que equipos compiten para construir un negocio basado en la tecnología blockchain.) Al igual que el dinero del premio de “El Juego del Calamar”, las criptomonedas brindan a las personas la oportunidad de cambiar sus vidas en un segundo. La dificultad de ganar dinero en la vida real es una de las razones por las que los surcoreanos están tan obsesionados con ganar dinero rápido. Porque la riqueza, la vivienda, el trabajo estable… son bienes que van alejándose más y más

 

Y dime, ¿no te identificas tú con todo esto?. Más si acabe ahora, tras pasar tanto tiempo encerrado en casa. La vida es una oportunidad, y a nadie le gusta verla pasar de largo. La angustia reflejada tras la industria del entretenimiento surcoreano es la angustia de todos, de ahí su éxito. Las voces de sus personajes son las voces de la revolución pendiente. Cabe preguntarse si el 'Juego del calamar' se llevara a cabo en la vida real, cuántas personas participarían en él

 

Hasta la próxima,

La Paz

 

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Categoría: Sociedad
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