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April 28th at 7:47am

Bolsonaro se Queda Solo

Hola Humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

Imagine usted que en un país en guerra, el presidente del país no cree que los aviones sean capaces de soltar bombas, consecuentemente no prepara refugios ni planea nada para proteger la población. Llegan los aviones, caen las bombas y mueren miles de personas. ¿Debería ese presidente ser juzgado por su negligencia mortal para los ciudadanos? Pues igual con el coronavirus

 

Yo espero que en algún momento de esta pandemia, o tras ella, se juzgue a esos líderes populistas que han estado y están negando la pandemia simplemente porque no encaja en su propuesta política del jijiji, jajaja, la vida es de color de rosa, tal como yo te la pinto, y los problemas no existen porque yo soy un rey mago que los hago desaparecer

 

Esos gobernantes deberían de ser juzgados. Por crímenes contra su propia ciudadanía. Con el agravante de premeditación y alevosía, porque lo que ha ocurrido y está ocurriendo, no es algo que “nadie pudiese esperar”, se veía venir perfectamente. Al menos desde aquí ya lo veíamos. En el momento en que le ofrecíamos este vídeo hace más de un año cuando EEUU acumulaba 1543 muertos por covid-19 y Brasil 92, escuchen lo que ya les decíamos: 01”38 (“Buenos Brasil… por la tardanza en actuar.”)

 

Hoy EEUU y Brasil encabezan las listas de muertos por covid-19

 

Por suerte para EEUU, tiene una democracia fuerte y en cuanto tuvieron oportunidad, ya se deshicieron de Trump; pero en nuestra querida Latinoamérica nunca se sabe lo que puede pasar. Por eso éste es un buen momento para revisar al dirigente Bolsonaro, ahora, porque ya sabemos que muchos de nuestros gobernantes una vez que llegan arriba son capaces de cualquier cosa con tal de mantenerse ahí. Bolsonaro se está quedando sólo y su impredecible respuesta puede llevar a Brasil a un pozo más hondo que en el que ya le ha metido con esta pandemia

 

Un peligro llamado Bolsonaro

 

Jair Messias Bolsonaro subió hasta el pedestal del poder apoyado en tres columnas:

- Los partidos políticos de lo que se conoce como el centrao, el gran centro, una miríada de partidos de caciques territoriales sin ideología que ofrecen con escaso pudor su apoyo parlamentario al mejor postor a cambio de cargos con abultados presupuestos.

- La élite económica, que controla las finanzas y economía del país

- Y el sector militar. 

 

Ahora estas tres columnas de apoyo se desmoronan bajo sus pies.

 

Hace menos de tres meses, Bolsonaro parecía apuntalar este apoyo cuando el 1 de febrero, en las elecciones presidenciales a las cámaras del congreso dos aliados del presidente salían escogidos en primera vuelta al frente de ellas: el diputado Arthur Lira, representado al “centrao”, al frente de la Cámara de Diputados y Rodrigo Pacheco liderando el Senado. Aquello le costó a Bolsonaro más o menos unos 3.000 millones de reales de las arcas públicas que salieron hacia casi 300 parlamentarios para que hiciesen obras en sus distritos a cambio de los preciados votos. 

 

Arthur Lira, con el poder de admitir a trámite o no las peticiones de destitución que ya se venían acumulando contra el presidente se esperaba que estuviese más en sintonía con Bolsonaro que su predecesor, Rodrigo Maia, que junto al Tribunal Supremo, había sido crucial para neutralizar las embestidas autoritarias del líder populista en la primera mitad de su mandato.

 

Sin embargo hace un mes Arthur Lira decía en sesión plenaria de la Cámara que el poder legislativo no toleraría nuevos errores por parte del poder ejecutivo para enfrentar la pandemia de covid-19 e insinuaba que podría alejarse del gobierno de Bolsonaro si éste no mejoraba su forma de tratar la pandemia. El discurso del presidente de la Cámara tuvo lugar el mismo día que Brasil alcanzaba las 300.000 muertes por covid-19. La primera columna de apoyo para Bolsonaro, la del cabildeo parlamentario, comienza a tambalearse.

 

La segunda, la de la élite económica, también. El 21 de marzo, un grupo de más de 1500 banqueros, economistas y empresarios publicaron una carta con fuertes críticas a Bolsonaro, otra muestra del desencanto del sector privado frente a la respuesta del presidente dada a la crisis del coronavirus. Los firmantes exigían al gobierno que no niegue ni minimice el riesgo de contagio ni la dimension de la crisis. Recomendaban el confinamiento y una acción nacional coordenada.

 

No es solo la tragedia de la pandemia. La comunidad empresarial no aprueba que las medidas que Bolsonaro viene tomando sobre la economía se aparten de una agenda liberal, que siempre ha sido difícil para él, para tomar cada vez mayores acciones intervencionistas. Cuando Bolsonaro no consigue un experto civil que le resuelva un problema enseguida echa mano de un general para poner al cargo. Así hizo recientemente al sustituir al presidente de la petrolera Nacional Petrobras por un general. Al día siguiente las acciones de la compañía se desplomaron un 21% El ministro de Economía, Paulo Guedes, reconoció que la sustitución en la petrolera tuvo un "efecto malo" desde el punto de vista económico y advirtió que Brasil puede volverse pronto Venezuela si se equivoca el rumbo económico.

 

 

Pero la tercera columna de poder de Bolsonaro, el sector militar, se había mantenido en relativa calma. Se suponía que el ejército, que ha recibido considerables aumentos de presupuesto con Bolsonaro, era el pilar más fuerte de sus aspiraciones autoritarias, por eso sorprende tanto verlo ahora convertido en el blanco de sus ataques.

 

Hace un mes, Bolsonaro tomó a los brasileños por sorpresa al anunciar una reforma ministerial más amplia que lo previsto, que incluía la salida del ministro de Defensa. La sorpresa fue aún mayor cuando al día siguiente los comandantes de las tres fuerzas

militares renunciaron colectivamente en protesta por la destitución de su exjefe. Bolsonaro, militar de carrera, conseguía otro dudoso logro: que la cúpula militar brasileña renunciase en bloque por primera vez en sus historia.

 

Las desavenencias con algunos de los jefes militares por el manejo de la pandemia ya venían de antes. Bolsonaro ya había intentado expulsar a Edson Pujol del cargo (Jefe de las Fuerzas Armadas del Ejercito) con anterioridad. La desavenencia entre ellos se hizo patente el año pasado cuando el mandatario intentó saludar al general con un apretón de manos y Pujol ofreció el codo. Pujol también afirmó en 2020 que el papel de los militares no es involucrarse en la política. Mientras, Bolsonaro está por la labor de militarizar el poder civil: tiene a unos 6000 militares con cargos en el gobierno, entre ellos 6 al frente de ministerios. El oponerse a esta politización de las Fuerzas Armadas es lo que forzó la salida del ministro de defensa Fernando Azebedo, la dimisión de los jefes militares que le apoyaban, y lo que está quebrando la tercera columna de apoyo del presidente.

 

El ejercito se encuentra entre dos aguas. Mantiene posturas ambivalentes. Por un lado al ejército se le responsabiliza por la tragedia sanitaria, tras el pésimo papel desempeñado por el general Eduardo Pazuello, ahora ya destituido. Por el otro, las fuerzas armadas han adoptado medidas de distanciamiento social dentro de los cuarteles, medidas en las que el presidente no cree.  

 

El presidente juega con fuego,  crea polémicas y siembra el desconcierto. La amplia reforma ministerial de comienzos de mes abre una nueva crisis con la que Bolsonaro pareciera querer sembrar miedo en la sociedad, intimidar a sus adversarios y evitar que los partidos de centroderecha que le dan sustento a su gobierno apoyen su destitución.  Tras el regreso del expresidente Lula da Silva al ruedo político, Bolsonaro ha querido retomar la iniciativa con este cambio de gabinete; pero la respuesta de los militares pone en evidencia la fragilidad de su situación política.

 

El peligro para los brasileños ahora es que el que se tambaleen las columnas del poder que sostiene al presidente no implica necesariamente que tambalee él. “A los presidentes que tienen este tipo de perfil les gusta estas situaciones de crisis extrema", señala Mauricio Santoro, politólogo y profesor de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. "Les gusta ese ambiente político de todo o nada, de las grandes apuestas".

 

Esta dinámica de generar crisis tras crisis también la perciben los gobernadores estatales. 19 de ellos firmaron una carta expresando su preocupación por la crisis sanitaria y en ella manifestaron:

"En medio de una pandemia de una proporción quizás sin precedentes en la historia, agravada por una contundente crisis económica y social, el gobierno federal parece priorizar la creación de enfrentamientos”.

A su vez, los secretarios estatales de Salud emitieron otra carta afirmando que "la ausencia de una conducción nacional unificada y coherente ha dificultado la adopción" de medidas contra la covid-19.

 

La devastación de covid-19 en Brasil es tal que tampoco tiene mucho sentido insistir en las cifras, porque para el tiempo que publiquemos este vídeo esas cifras ya estarán desbordadas. Por 375.000 muertos van cuando escribo estas lineas. Una proyección de la Universidad de Washington afirma que, en el peor de los casos, Brasil podría terminar el primer semestre de 2021 con casi 600.000 muertes por COVID. Leo que hace un par de meses Brasil era el peor país gestionando la pandemia entre los 98 que analizaba el Instituto Lowy. Voy a ver por donde anda ahora, y ni aparece, por no completar los datos. Como si escondiendo las cifras fueran a desaparecer los mueros

 

¿Se tambalea Bolsonaro por ello? No, el presidente, en lugar de trabajar para obtener vacunas y apoyar las medidas de distanciamiento social sigue promoviendo el caos. Ese es el ambiente ideal para sus sueños autoritarios.

 

A un año y medio de las elecciones, la situación luce cada vez más incierta para Bolsonaro y la presencia de Lula hace cada día más difícil su reelección, que parecía segura hace unos meses. Ahora ya sabemos que Bolsonaro es un presidente errático sin una propuesta para sacar a Brasil de la situación en la que está. Lo que no sabemos es qué hará de aquí en adelante para mantenerse en el poder, si lo hará por el voto o por la fuerza. Los brasileños han de tener cuidado para contrarrestar los ímpetus autoritarios del presidente.

 

Aunque las encuestas muestran que el presidente es cada vez más impopular, el núcleo duro del bolsonarismo se mantiene firme, en particular entre los evangélicos y los miembros de la Policía Militar (PM). El presidente ha apoyado iniciativas para mantener abiertos los cultos religiosos y motines de la PM para intentar deshacer su subordinación institucional hacia los gobernadores. No ha tenido éxito por el momento, pero en un escenario de mayor tensión esto podría cambiar y quizás las iglesias evangélicas y la PM podrían actuar en respaldo a sus embestidas autoritarias.

 

El reto para los brasileños es contrarrestar los antojos de su presidente para solventar esta crisis. Los gobiernos estatales y locales han de perderle miedo al presidente y establecer las medidas de distanciamiento social necesarias para evitar que la pandemia se desborde todavía más. Los gobernadores tienen la posibilidad de adoptar  medidas económicas contracíclicas, como ayudas de asistencia directa a la población, que permitan complementar el nuevo auxilio de emergencia a las personas más pobres y evitar que el hambre regrese a las calles. 

 

Es importante que los ciudadanos y la oposición combatan la participación del ejército o de la PM, cada vez más común, en la vida pública brasileña. Para que si un día al presidente  Jair Messias Bolsonaro le diese por llamar a las armas, se encontrase tan corto de munición, como lo está ahora de las repuestas que él está proveyendo para ayudar a los brasileños cuando lo necesitan

 

Hasta la próxima,

 

La Paz

 

 

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Categoría: Actualidad
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