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April 15th at 5:40pm

3 Crisis Sociales en Japón

Hola Humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia de la serie 3. Tres episodios en uno. En el primer vídeo de la serie que hicimos, 3 Crisis Sociales en China, ya avanzamos que haríamos uno similar sobre Japón. Éste es. A mi, la crisis social japonesa que me gustaría tocar es esa que tiene que ver con cuando una persona decide acabar con su vida. No menciono la palabra, no la escribo y no muestro ninguna imagen relacionada porque ese es un tema tabú aquí en YouTube que en cuanto se menciona, uno se carga la posibilidad de monetizar el vídeo. Así que sólo vamos a decir que después de una década de lucha en la que los japoneses consiguieron reducir la horrible tasa que tenían de personas que deciden poner fin a su vida; ha llegado la pandemia de coronavirus y ese indice se ha vuelto a incrementar dramáticamente. Como sociedad, los japoneses sienten que no han de mostrar sus debilidades, que han de ocultar sus luchas personales pero el covid-19 ha sido excesivo para muchos. Una sucesión de estrellas del cine y la televisión llevando a cabo el acto al que nos estamos refiriendo durante los últimos meses, ha impulsado un incremento de un 74% el numero de adolescentes y mujeres de entre 20 y 30 años que decidieron dejarnos. Esta otra pandemia se  cobró en Japón en 2020 más de tres veces el número de víctimas que las del coronavirus. Esta es una crisis de tal gravedad que el pasado febrero el Primer ministro japonés, Yoshihide Suga, anunció la creación de un Ministerio de la Soledad para combatir este problema

 

Ya está dicho. Ahora vamos con otras tres crisis sociales no tan trágicas que están afectando ahora mismo a los japoneses

 

3 Crisis Sociales en China

 

 

Primera crisis

1. La Pobreza del Anime

 

Esta crisis se resume rápido. La industria del anime ha alcanzado tal éxito en Japón, que hay una legión de jóvenes que con tal de trabajar en aquello que les gusta, son capaces de hacerlo gratis, o casi. La industria lo sabe, los explota, y como resultado está surgiendo un generación de animadores, pobres.

 

Ahora vamos por partes. El anime japonés es un buen negocio. En 2019 el mercado mundial del anime alcanzó un valor estimado de 24.000 millones de dólares, y el auge durante la pandemia de la transmisión de videos, ha acelerado aún más la demanda por anime tanto dentro de Japón como fuera. 

 

Lo normal en cualquier negocio, al menos en teoría, es que el aumento de la demanda estimule la competencia por el talento y eso eleve el salario de los trabajadores existentes. Y dentro del anime en Japón, hasta cierto punto, así esta pasando, pero sólo para los niveles más altos de las empresas. Según las estadísticas recopiladas por la Asociación de Creadores de Animación de Japón, el sueldo medio anual para ilustradores clave y otros talentos de primera línea (los llamados “genga-man”, aquellos que dibujan los fotogramas clave) aumentaron de unos $ 29,000 en 2015 a alrededor de $ 36,000 en 2019. Un salario que aún está lejos de lo que ganan los animadores en los Estados Unidos, donde el salario promedio puede ser de entre $ 65,000 y $ 75,000 dólares al año, pero que no está mal. Da para sobrevivir. A un animador independiente que gane eso le da para comer y alquilar un diminuto estudio en Tokio donde trabajar. No es suficiente salario para iniciar una familia, tener un hijo o comprar una casa. Y ese es el sueldo que uno alcanza después de 7, 8 o 10 años trabajando, prácticamente casi todo el rato que está despierto, para alcanzar esa posición. Porque antes de llegar a ser un “genga-man” el animador es normal que pase unos años siendo un “op ”, el currito que va haciendo el trabajo de cuadro-por-cuadro para crear la ilusión de movimiento continuo a los dibujos que hacen los “genga-man. Según la asociación de animación estos trabajadores ganan un promedio de $1000 al mes, cifra advierte la asociación, basaba en una muestra limitada que no incluye a muchos de los trabajadores autónomos a los que se les paga aún menos. Y por aquí es por donde entran los jóvenes que están dispuestos a cualquier sacrificio con tal de ser parte de la industria que les atrae, y que acaban recibiendo eso, tan poco como $200 al mes.

 

A los bajos salarios se suman las pésimas condiciones de trabajo. Incluso en un país con una devoción a veces fatal por la oficina, (en Japón ser hospitalizado por exceso de trabajo puede ser como colgarse una medalla) la industria del anime es conocida por sus brutales demandas a los empleados; y los animadores hablan con un perverso sentido de orgullo sobre actos de devoción como dormir en sus estudios durante semanas para completar un proyecto.

 

En el primer episodio de "Shirobako", un anime sobre los esfuerzos de los jóvenes por irrumpir en la industria, un ilustrador se derrumba con fiebre cuando se acerca la fecha límite. El final del suspenso no depende de su salud, sino de si el programa que está dibujando estará terminado a tiempo.

 

Jun Sugawara, un animador informático y activista que dirige una organización sin fines de lucro que ofrece viviendas asequibles a jóvenes ilustradores, comenzó a hacer campaña en su nombre en 2011 después de enterarse de las penosas condiciones que soportan los trabajadores que crean su anime favorito. El critica que las autoridades no hagan nada para combatir el problema a pesar de que el gobierno ha hecho del anime una parte central de sus esfuerzos de diplomacia pública a través de su programa Cool Japan.

 

No hay nada “cool” para los mayoría de los trabajadores del anime en Japón una vez que se adentran en la industria. Y eso es debido a una estructura que restringe el flujo de ganancias a los estudios. A pesar de la riqueza que ha inundado el mercado del anime en los últimos años… 

- (Las productoras chinas pagan muy bien a los estudios japoneses por producir películas para su mercado nacional. 

- Sony, el pasado ediciembre, pagó casi 1200 millones de dólares por la compra del sitio de videos de anime Crunchyroll, 

- Netflix informa que la cantidad de hogares que vieron anime en su servicio de transmisión el año pasado aumentó la mitad con respecto al año anterior.

- A pesar de que hay tanto trabajo como para tener que reservar los estudios de animación con años de anticipación...

 

El dinero no se filtra hacia abajo, se lo quedan los llamados comités de producción. Estos comités son coaliciones de fabricantes de juguetes, editoriales de cómics y otras empresas que se crean para financiar cada proyecto. Por lo general, pagan a los estudios de animación una tarifa fija y se reservan el resto de beneficios para ellos mismos. La tarifa fija protege a los estudios del riesgo de un fracaso, pero los excluye de las ganancias por los éxitos. Los estudios, en lugar de negociar con los comités de producción tarifas más altas o participación en las ganancias, lo que hacen es seguir presionando a los animadores. Reducen costos contratándolos como autónomos y por ahí, como hay tantos artistas y tantos buenos, soñando con ser animadores, es por donde encuentran suficiente carne de cañón para seguir explotando.

 

Salvo algún estudio que constituye una honorable excepción, así es como funciona la industria del anime en Japón. Muchos jóvenes animadores japoneses descubren que su sueño les lleva a la pobreza

 

 

Segunda Crisis

2. Intolerancia al ruido de los niños

 

 

Esto se lo voy a mostrar de una manera divertida. Éste es un mapa de Japón. Según nos vamos adentrando ven que aparecen marcas con números. Si paso mi cursor sobre los números (que el programa que yo uso para filmar la pantalla de mi computadora no muestra el cursor) pero ven que se marca un pedazo de terreno. Vamos hacia Tokio, la capital, que es donde los números son más altos. Pinchando en números nos adentramos más hasta que vemos estos símbolos en forma de globos. Pinchamos en ellos y aparece un texto. Copiamos el texto en el traductor de Google y ya en español leemos: 

 

Vamos a leer uno más. Este por ejemplo. Copiamos, pegamos: 

 

Bueno, la traducción de Google. 

 

Esto son mensajes que la gente deja quejándose del ruido callejero. Este mapa visualiza el dorozoku, o "tribu de la carretera", un término que se aplica a las personas que bloquean el camino o causan estragos en público. Este sitio web, llamado DQN Today, se describe a sí mismo como una guía colaborativa para ayudar a los buscadores de casas a evitar los vecindarios habitados por "padres estúpidos que dejan que sus hijos jueguen en las carreteras y estacionamientos”. Lo que el sitio hace es recopilar las quejas anónimas sobre ruidos (y también vistas irritantes) y registrarlas en el mapa; para que así cualquiera que vaya a comprar o alquilar una casa quede avisado de como es la calle o el barrio donde se mete.

 

Esto refleja lo que a muchos japoneses les molesta que les perturben su paz. Como, más o menos, a cualquiera. ¿Entonces qué tiene esto de crisis? Parece que no es más otra curiosidad del internet. Este mapa nos está mostrando una crisis social por dos razones: por la popularidad que esta curiosidad ha adquirido y porque la mayoría de las quejas apuntan en la misma dirección: los juegos de los niños

 

El sitio comenzó en 2016 e inicialmente tenía sólo unos cientos de usuarios pero ha crecido y crecido, especialmente desde que se inició la pandemia. Fue cuando el gobierno cerró las escuelas y recomendó a los residentes que trabajaran de forma remota debido al coronavirus, cuando algunos japoneses comenzaron a volverse demasiado conscientes de los sonidos callejeros a los que antes habían prestado poca atención. En Tokio, por ejemplo, la policía registró un aumento de las quejas por ruido del 30 por ciento entre marzo y abril del año pasado. Eso también se reflejo en el sitio web, 1.500 nuevos usuarios se registraron para utilizar el mapa en el mismo periodo. Fuera de los hogares, algunas áreas de juego fueron acordonadas durante el estado de emergencia, pero la mayoría de los parques han permanecido abiertos y llenos de gente. Ruido

 

La popularidad del sitio web y su mapa ha crecido tanto como el debate que se ha originado en torno a esto. Por ello que el creador de este mapa ya no responde preguntas. Por que el mapa es una pista para identificar a los residentes ruidosos (aunque no se nombren con nombres y apellidos, ellos saben quienes son) y para  que los funcionarios del gobierno, metan mano allá donde haya que meterla. Esto puede que roce el borde de la legalidad; de hecho hay usuarios que han intentado registrar en el mapa quejas por molestias públicas en Taiwán, Portugal, Alemania y Gran Bretaña, y por razones legales no han podido hacerlo. Las publicaciones se limitan a Japón.

 

Y luego está el debate más profundo que el mapa está originando sobre la actitud hacia los niños. El mapa registra todo tipo de ruidos e incluso otras quejas como infracciones de estacionamiento, o gatos callejeros que rayan las llantas de los automóviles, pero muchas de las entradas destacan las áreas frecuentadas por niños sin supervisión. Muchas de las quejas se refieren a nada mas que niños jugando en la calle. Hay padres que encuentran esto preocupante, temen una división cada vez mayor entre las familias con niños y los vecinos que no pueden soportarlos. Otros dicen que el mapa tiene el potencial de dañar a niños y adolescentes al exponer lugares donde pasan el rato sin supervisión. Otros se ponen a la defensiva ante las quejas sobre sus hijos y no quieren saber nada de las preocupaciones que otros puedan expresar. Padres solteros expresan que se sienten al límite, que no es fácil educar a un hijo, que ellos no pueden hacer más

 

Y lo que dijo Kuniko Inoguchi, la primera  Ministra de Medidas sobre la disminución de la Tasa de Natalidad, que Japón tenía que entender que los niños no son una molestia social, rebela lo que hay detrás de este debate: A medida que la población de Japón disminuye, la intolerancia hacia los niños y el ruido que hacen aumenta en una sociedad que se está acostumbrando menos a escucharlos.

 

Habría que cuestionar si el problema es el ruido o los niños. Japón es una nación donde entras en una tienda y te recibe un saludo electrónico y donde cualquier candidato político se puede poner en una estación de tren con un megáfono a dar voces y calentarte la oreja, pero los jardines de infancia reciben denuncias vecinales y tienen que colocar barreras de sonido para amortiguar el ruido de los niños pequeños, los clubes deportivos tiene que restringir los horarios en que los jóvenes pueden jugar fuera, hay institutos donde los adolescentes salen a correr en silencio, en las ciudades las quejas se disparan en verano cuando los jóvenes acuden a las piscinas… 

 

Y en general, Japón esta condenándose a si misma a un círculo vicioso con esto. El serio problema del descenso de la natalidad en Japón ya se lo contamos. Ahora está el de su ruido. Menos hijos hace que la gente esté menos acostumbrada a escuchar el ruido que los niños hacen naturalmente, lo que genera quejas sobre ellos y contribuye a que los padres más jóvenes sientan cada vez más que no quieren tener más hijos.

 

Los parques públicos en Japón están cubiertos de letreros que prohíben todo tipo de actividades en respuesta a las molestias que expresan los residentes. El parque Nishi-Ikebukuro en Toshima, Tokio, prohibe 45 actividades diferentes, entre ellas el fútbol, saltar a la comba o la patineta. La historia del skateboarding en Japón merece vídeo aparte. Ha sido una historia tan marginada hasta hace poco que quien lo practicaba se le considera poco menos que un delincuente. Lo menciono porque en tres meses skateboarding va a hacer su debut como deporte en los juegos olímpicos de Tokio, lo que nos lleva a la última crisis social de este vídeo.

 

 

Tercera Crisis

3. Miedo al Coronavirus

 

La más común de la crisis. ¿A qué país no le afecta esta crisis ahora? Pero había que traerla con Japón, porque Japón alberga dentro de poco los Juegos Olímpicos y los Paralímpicos. Y estos eventos, en buena medida, también son cosa de todos

 

Una encuesta telefónica llevada a cabo por   , la agencia de noticias líder en Japón, y cuyos resultados se hacían públicos a comienzo de año rebelaba que el 80% de los japoneses no querían que los juegos Olímpicos se llevasen a cabo este verano debido al aumento en las infecciones por coronavirus.

 

Las Olimpiadas, recuerden, ya se retrasaron del año pasado a éste debido a la pandemia; en enero un 44.8% de los japoneses encuestados pensaba que el evento debería retrasarse de nuevo; y un 35% preferían que se cancelase totalmente. O sea, que después que todo el esfuerzo e ilusión que los japoneses pusieron en organizar el evento para el año pasado, y la frustración de tener que posponerlo, llega el comienzo de este año y uno de cada tres japoneses va a tener que tragarse un acontecimiento que preferirían que no ocurriese. Por el miedo a la pandemia. Duro. 

 

Recuerden el dato de la crisis a la que hemos renunciado a hablar más de tres veces el número de víctimas el año pasado, que las 6148 víctimas, que dejó covid-19. Víctimas muchas de la depresión. Y ahora una tercera parte de la sociedad no quieren saber nada de unos Juegos Olímpicos que podrían ayudarles un poco a salir de esa depresión. 

 

Ahora parece que los juegos van a ir adelante. La decisión de si con público o sin él también nos rebela algo interesante. El 5 de marzo, Seiko Hashimoto, presidente del Comité Organizador de estos Juegos Olímpicos, dijo que ellos, los organizadores "realmente querían celebrar el evento en estadios llenos con fanáticos de todo el mundo", pero que les resultaría difícil "si no estaban en una posición en la que pudiesen aceptarlos y la situación con las instalaciones medicas no eran las perfectas". Algo razonable.

 

Los organizadores también acababan de anunciar previamente que planeaban pronunciarse sobre el asunto de si público sí o no durante el mes de marzo, antes de que comenzase el relevo de la antorcha a nivel nacional, el día 25.

 

Otra encuesta telefónica, esta llevada a cabo por el Diario Yomiuri Shimbun, durante tres días inmediatamente tras las declaraciones del presidente, y a la que responden 1066 japoneses, da como resultado que sólo el 18 por ciento de las personas que respondieron estaban a favor de que se permitiera la entrada de espectadores extranjeros a Japón y un 77 por ciento en contra. El día 20 el comité organizador anunciaba la prohibición de que los espectadores extranjeros viajasen a Japón para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Se devuelve el precio por las entradas pero otros gastos, como reservas de aviones u hoteles, no, cada uno que se busque la vida.

 

El titular de algún periódico ve rastro xenófobo en los resultados de esta encuesta ¿te lo parece a ti o es sólo es sentido común?

 

Sobre la primera encuesta, la de enero, apuntar que entonces Japón se adentraba en lo más duro de su tercera y peor ola de covid-19; precisamente enero fue su pico con un record de casi 8000 contagios confirmados en un solo día. La situación al tiempo de la segunda encuesta, en marzo, es cuando el país va recuperándose y el temor al contagio que puedan traer los espectadores extranjeros pueda haberse acentuado. Las autoridades de los juegos respaldaron el deseo de sus ciudadanos, no público extranjero, pero todavía les queda por decidir en que condiciones aceptará o no al público japonés sobre el que la última encuesta también reveló que el 45% estaba a favor de que los espectadores pudieran asistir y el 48% en contra.

 

Y hasta aquí llegamos por hoy. Esperamos que el video fuese de su agrado y si es el caso, considere tomarse unas segundos para compartirlo y así ayudarnos con la labor de traerle estos #cortodocumentales. Hasta la próxima, La Paz

 

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Categoría: Actualidad
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