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March 25th at 5:47pm

Instagram, Atrapados en el Espejo

Hola Humano,

 

Bienvenido a un corto documental de MarginalMedia.

 

¿Qué lugar es ese en el que puedes sentirte solo, aislado y deprimido… En el que se te hostiga, manipula, explota y del que parece imposible escapar? Mmhh, si no puedes escapar, será la cárcel. No, pero en este no te meten a la fuerza, en este entras por gusto y ya no sales por adicción. Ni es una droga ni vamos a darles más vueltas a esto porque el lugar seguramente ya lo leíste en el título del vídeo.

 

 En esta nueva entrega de la serie “Los Lugares Más Horribles del Mundo” por primera vez os traemos un lugar físicamente inexistente, sin coordenadas geográficas alguna, pero cuya puerta de entrada es tan real que ahora mismo la tienes frente a ti: tu computadora o smartphone. Lo que encuentras tras esa puerta ya te es una morada familiar pero hoy vas a entrar de la mano con nosotros para descubrir los fantasmas que la habitan.

 

Bienvenido a las redes sociales. Bienvenido a la más horrible de todas: Instagram

 

Instagram,

Atrapados en el Espejo

 

Carla coge su iPhone, elige el ángulo correcto, escoge su pose favorita y procede a tomarse unas selfies que compartirá con sus amigos y con sus numerosos seguidores en Instagram, la red social ahora propiedad de Facebook.

Carla espera e inmediatamente llegan los primeros likes. ¿Son tantos como esperaba? Aparecen los comentarios, todos positivos de parte de amigos y conocidos. Ella responde rápidamente agradeciendo los cumplidos. Su ración diaria de adulación en su red social favorita casi la ha satisfecho por ahora.

De pronto, un comentario de un desconocido, tal vez contacto de uno de sus seguidores, se burla de un pequeño grano casi invisible que tiene en un costado de la frente. La burbuja de autoestima en la que Carla comenzaba a flotar revienta de golpe. La complacencia da paso ahora a frustración y vergüenza.

Carla responde hostilmente contra su agresor y sus amigas la respaldan. Hay también otros que le aconsejan que no haga caso, que no pasa nada. Demasiado tarde. El daño del comentario ya está hecho. Impotente, Carla da rienda suelta a su enojo: ¿Cómo se atreve ese don nadie a perturbar su intimidad de esa manera, el espacio de confort que debería ser su propia cuenta?  Su sesión de selfies, el momento, y tal vez el resto del día, arruinados. Pobre Carla.

 

Pobre tú, pobre nosotros… ¿por qué a quién no le ha pasado esto o algo similar? Si no te ha pasado a ti seguro que no tienes que mirar muy lejos para encontrar a alguien que sí ha vivido una situación así.

 

¿Cómo hemos llegado tan rápidamente a esto?

 

De entre las últimas brasas del milenio pasado, a finales de los 90, surgió el resplandor de algo que cambiaría nuestras vidas para siempre: las redes sociales. Espacios virtuales como Friendster o MySpace se convirtieron en los primeros lugares de encuentro a distancia cuyas posibilidades aún eran difíciles de ver más allá de lo que entonces sabíamos: era algo diferente a hablar por teléfono o enviar un email.

 

Aquella hoguera cobró vida con el nuevo siglo. Las redes sociales se multiplicaron. Foros temáticos donde gente conectaba para compartir los mismos intereses y espacios virtuales como Linkedin para conectar profesionalmente o YouTube para compartir la experiencia de visionar lo mismo.

 

La manera que estas redes nos permitió relacionarnos se hizo más compleja, las posibilidades de comunicación más divertidas. De entre todas, una representa mejor que cualquier otra los servicios que una red social puede prestarnos hoy en día: Facebook

 

La red social creada por Mark Zuckerberg en 2003 en las instalaciones de la universidad de Harvard, nos permite interactuar con otras personas, con negocios, compartir fotos, videos, eventos, jugar con otros usuarios, vender artículos, transmitir en vivo, chatear, hacer llamadas por voz y video, y por supuesto enviarnos memes para sacarnos una sonrisa.

 

Facebook es el leño más grande que definitivamente ha avivado la hoguera de las redes sociales. Si estás viendo este vídeo seguramente perteneces a ese mundo en el que es más probable que no tengas casa antes que no tener cuenta en Facebook y en el que probablemente ya pases más tiempo mirando a una pantalla que durmiendo. Las llamas de la hoguera comienzan a quemarnos.

 

Con el comienzo de la ultima década, otra red social entra en escena como una chispa que se alzase de la hoguera: Instagram. La chispa de la vanidad

El compartir imágenes personales puede ser un arma de doble filo. Y crear una red social centrada en eso, afilar el cuchillo

 

Tomar una foto de alguna experiencia nuestra, un evento especial, algo que hemos creado, o tan solo una selfie es algo natural. Pero cuando estas imágenes, estas ventanas a nuestra vida, dejan de ser un reflejo real que queremos compartir y pasan a ser una imagen que queremos proyectar, la situación cambia.

Diseñar la selfie perfecta, viajar a lugares exóticos solo para poder compartir nuevas fotos con desconocidos, o moldear nuestro aspecto y entorno basado en lo que nuestros seguidores esperan de nosotros puede ser una experiencia agotadora. 

Para los creadores, o influencers esto se convierte en un estilo de vida, mientras que para tí, si los tomas como referencia y te comparas con ellos, puede ser reto que deje tu autoestima muy mal parada, especialmente si eres un adolescente con una psiquis aún formándose y en busca de una identidad.

 

De entre todas las redes sociales hemos escogido Instagram porque es la que colecta la mayoría de experiencias negativas que los usuarios reportan al usar redes sociales: aislamiento, depresión, hostilidad, manipulación, explotación y adicción. No en vano Facebook la compró ya hace 7 años. La red más grande poniendo a su servicio la de más brillo. El resultado, un arma que puede matar en silencio

 

————

 

 

AISLAMIENTO

 

¿Cómo es posible que mucha gente en tratamientos por depresión digan sentirse aislados a pesar de tener muchos amigos y contactos en redes sociales?

 

En una encuesta reciente patrocinada por el Cigna Health Insurance Company en los Estados Unidos, el 46% de los encuestados confesó que a veces o constantemente se siente solo. El estudio sugiere que usar Facebook, Snapchat, Instagram y aplicaciones similares de redes sociales para mantenerse en contacto con amigos y forjar conexiones puede agregar vitalidad y armonía a tu vida. Pero si se pasan horas todos los días usando las redes sociales, principalmente como un sustituto de una conexión real, tus sentimientos de soledad e insuficiencia probablemente empeorarán. Depende de cómo uses el Internet puede ser bueno o malo para ti

 

Un estudio realizado entre jóvenes adultos  de 19 a 32 años y publicado en la web de la Biblioteca Nacional de Medicina estadounidense encontró una correlación directa entre el tiempo dedicado a las redes sociales y el aislamiento social percibido por el individuo. Pero para los autores, la dirección de la causa no puede ser determinada. ¿Se siente más aislada la gente por pasar más tiempo en las redes sociales, o pasa ese tiempo en la red debido a que se sienten aisladas?

 

El aislamiento conectado con las redes sociales es lo que provoca sensaciones como el FOMO (el Miedo a Perderse) que es la ansiedad por el miedo a ser desconectado del entorno social. Las redes sociales nos afectan como una droga, que sin importar cuánto daño nos puedan hacer, nos amenazan de peores consecuencias si se nos ocurriese dejarlas.

 

Otro estudio reciente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh muestra que entre el mismo grupo de edad que el estudio previo -de 19 a 32 años-  aquellos que pasan mucho tiempo usando las redes sociales se sienten más aislados socialmente que aquellos que no las usan tanto. El estudio dice que "la exposición frecuente a representaciones poco realistas y altamente destiladas en las redes sociales puede dar a las personas la impresión de que otros están viviendo vidas más felices y más conectadas, y esto puede hacer que los usuarios se sientan más aislados socialmente en comparación".

 

Hoy, a diferencia de generaciones previas, los adolescentes y adultos jóvenes pasan mucho menos tiempo conectándose con sus amigos en persona y más tiempo haciéndolo electrónicamente, principalmente a través de las redes sociales. Algunos expertos ven el aumento de la depresión como evidencia de que las conexiones que los usuarios de las redes sociales forman electrónicamente son menos satisfactorias emocionalmente, haciéndoles sentir socialmente aislados.

 

Instagram parece tener más culpa que otras redes de este aislamiento porque su naturaleza visual y más personal apela más a nuestras relaciones sociales. Ver fotos de gente, lugares y eventos, nos conecta más. Usuarios que dicen sentirse aislados señalan a Facebook e Instagram como las principales redes sociales a las cuales acuden en lugar de socializar físicamente.

 

DEPRESIÓN

 

Se dice que la diferencia entre la tristeza y la depresión es que en el caso de la tristeza, uno sabe el motivo de ella, una pérdida, una enfermedad, algo que extrañamos, etc; pero la depresión es una tristeza cuyo motivo aún no encontramos.

 

Esto podría explicar de cierto modo el fenómeno de la depresión entre usuarios de redes sociales. ¿Por qué me siento solo si tengo muchos amigos en Facebook? ¿Por qué no me siento exitoso si tengo 15 mil seguidores en Twitter? ¿Por qué sigo con estrés si viajé a Hawaii y publiqué todo mi viaje en Instagram?

Si nuestro subconsciente siente una pérdida, una falta, algo que no nos satisface, pero nuestro consciente no logra darse cuenta de ello, puede venir un proceso de depresión.

¿Y qué dicen los estudios sobre la depresión y las redes sociales?

 

Un estudio publicado en la página Sage Journals en 2017 por varios especialistas estadounidenses, Estudio que inclía  a medio millón de estudiantes del octavo al duodécimo grado encontró que la depresión entre ellos se incrementó un 33% entre los años 2010 al 2015. En el mismo período, la tasa de suicidios para las niñas en ese grupo de edad se incrementó un 65%. Ese intervalo de años coincide con el boom de las redes sociales  

El mismo estudio, revisado por la web del Child Minds Institute muestra una correlación preocupante entre el incremento de los índices de depresión desde 2005, (año en que salió a la venta el iPhone de Apple), y el porcentaje de usuarios de iPhone. Al parecer, cuantos más iPhones hay en las manos del público, mayor depresión en la población más joven; según pudo analizar su autor, Jean Twenge, psicólogo de la Universidad de San Diego.

 

También se atribuye el incremento de la depresión entre los usuarios de las redes a una pérdida de la autoestima, especialmente entre chicas adolescentes. Compararse frecuentemente a imágenes retocadas y perfectas de otras que aparentan ser más lindas, delgadas, populares y adineradas es un golpe duro a la propia imagen en desarrollo. Instagram, aparece en las encuestas como la plataforma que más lleva a los jóvenes a reportar ansiedad, depresión y preocupación por la imagen corporal.

 

Amy Summerville, doctorada en psicología en la Universidad de Miami en Ohio, afirma que ese ‘miedo a perderse’ si uno desconecta de las redes sociales es un factor muy importante en el incremento de la depresión entre jóvenes y adolescentes. Y que sería útil  para personas que luchan con emociones negativas y un sentido de pertenencia el usar menos las redes sociales“.

 

En el Reino Unido, una encuesta publicada por la United Kingdom’s Royal Society for Public Health evaluó las interacciones de los usuarios con cinco redes sociales específicas: Youtube, Facebook, Twitter, Instagram y Snapchat. Excepto  Youtube, las otras cuatro revelaron índices de depresión y ansiedad percibidos en los encuestados.

Otros estudios han sugerido que los jóvenes que pasan más de dos horas al día en las redes sociales tienen más probabilidades de reportar angustia psicológica. Consumen publicaciones que establecen expectativas poco realistas y crean sentimientos de insuficiencia y baja autoestima. Instagram, donde las fotos personales ocupan un lugar central, recibe las peores puntuaciones en imagen corporal y ansiedad, dejándola como la más negativa de las redes sociales. Al ser agregados filtros y ser editadas a las imágenes para que se vean perfectas, muchas niñas y mujeres sienten que sus cuerpos no son lo suficientemente buenos.

 

HOSTILIDAD

 

Todos podemos perder la compostura en algún momento durante un debate y decir algo ofensivo o hiriente a otra persona. En la vida real nuestras acciones tiene consecuencias. Así que en la mayoría de los casos, cuando se calman los ánimos y se disipa el enojo reaccionamos a lo que hicimos y nos disculpamos.

 

Las redes sociales nos han traído la conectividad prometida pero no la responsabilidad cívica que debería regir nuestras relaciones. Insultar en una red social a otra persona es como gritarle escondido en el tumulto de una turba. En una red social es fácil tener una cuenta sin apenas datos personales o con datos falsos, pero aun sin usarla desde el anonimato, al no haber riesgo de un encuentro físico con la otra persona, podemos dar rienda suelta a lo peor de nosotros mismos

 

Según un estudio reciente de los autores del best-seller del New York Times Conversaciones Cruciales, el 78% de los usuarios de redes sociales perciben una creciente hostilidad. Dos de cada cinco bloquean, cancelan la suscripción o "eliminan la amistad" por haber tenido una discusión. 

Otros porcentajes del estudio llevado a cabo entre casi 2,700 encuestados indican que:

* el 76 por ciento ha sido testigo de una discusión en las redes sociales

* el 19 por ciento ha disminuido el contacto personal con alguien por algo que dijo en una red social.

* el 88 por ciento cree que las personas son menos educadas en las redes sociales que en persona.

* Y el 81 por ciento dice que las conversaciones difíciles o cargadas emocionalmente que han mantenido en las redes sociales siguen sin resolverse.

 

Varios autores apuntan a que esta ‘toxicidad’ de las redes sociales también pueda deberse al desvío de su intención inicial de conectar a las personas, hacia un objetivo comercial. Ahora muchos publican sus fotos familiares no para compartir sus vida, si no para ganar dinero.

 

Facebook es un excelente ejemplo de esto. Facebook se ha centrado más en la cantidad y la comercialización que en ser un lugar para conectarse con amigos y familiares. Mientras que la audiencia real de la plataforma ha desacelerado considerablemente en los últimos años, sus ingresos publicitarios aumentaron un 42 por ciento a principios de 2018, lo que demuestra la capacidad de la compañía para ganar dinero por encima de su capacidad para forjar conexiones.

 

Facebook compró Instagram, y los fundadores de esta aplicación acabaron renunciando a ella tras no conseguir mantener la independencia de su red social y sucumbir a las presiones de su nuevo jefe, Mark Zuckerberg, que apostó por integrar Instagram dentro de Facebook. Los CEOs  de las redes sociales, ocupados como están en adquirir nuevas aplicaciones sociales para seguir monetizando sus redes, no parecen muy interesados en tomar medidas prácticas para solucionar la creciente hostilidad y toxicidad en ellas. 

 

Según la impresión de influencers y celebridades, sólo Twitter, (donde los usuarios han aprendido a maximizar las ofensas en tan solo 280 golpes de teclado) es más tóxico que Instagram. Los sentimientos de envidia, frustración o impotencia que la red genera se ventilan con tal virulencia entre usuarios que quienes se ganan la vida ahí solo acuden a su puesto de trabajo porque la paga les vale la pena.

 

 

MANIPULACIÓN

 

Cuanto mayor es la masa social de una red más fácil resulta su manipulación

 

Una razón importante por la que los ejecutivos de las redes sociales no resuelven la toxicidad que acabamos de mencionar es porque la polarización aumenta la participación. Dejar que discusiones sobre política, religión, feminismo y hasta terraplanismo continúen con mínima moderación, generando insultos, amenazas, pulgares arriba, abajo y demás, es el santo grial de las redes sociales. Los usuarios se enganchan más a discusiones acaloradas que a exposiciones académicas. Nos gustan los titulares que defienden una posición y atacan a la opuesta. No importa qué lado gana, la red social gana siempre.

 

El tan mencionado ‘algoritmo’, de las redes sociales es claramente una herramienta de manipulación que impulsa esta polarización de opiniones en busca de mayor participación. Eso es algo que denunciábamos recientemente sobre esta plataforma, YouTube, cuando un estudio de la comunidad global AVAAZ expuso la propagación de vídeos con información falsa sobre el cambio climático.

 

Tras la excusa de que el algoritmo funcione para mostrarte aquello que más te interese ver, las redes sociales te muestran en su escaparte diario aquello

donde más te acaloras y más participas. Para la mayoría de las personas es es el terreno donde más vulnerables y manipuladas son

 

En el caso de Instagram, en 2019, un cambio en su algoritmo dejo de mostrar una página de inicio con las imágenes más recientes de los contactos para mostrar las imágenes más populares, aunque no fuesen recientes. El resultado fue que en la carrera por no descolgarse, influencers y marcas recurrieron a estrategias ‘poco éticas’, como imágenes más alteradas de lo normal, o con alto impacto emocional, o historias falsas o intencionalmente controvertidas, etc, etc, etc. Instagram perdió su esencia sobre compartir la vida de los usuarios para convertirse en la competencia por subir las imágenes más impactantes e incrementar los ingresos que es ahora.

 

Gracias Facebook por cambiar Instagram para siempre para nosotros. Aquí tus conejillos de indias te saludamos. Ya ha llovido, ya. Desde aquella semana de enero de 2012 cuando 700.000 de nosotros fuimos divididos en dos grupos. Y a unos de nosotros nos alimentasteis sólo con noticias positivas y a los otros sólo con noticias negativas. Todo con el único propósito de explorar hasta que punto nuestras emociones podían ser controladas externamente.

 

EXPLOTACIÓN

 

La manipulación previa tampoco tendría mucho sentido si no sirviese para algo. Sí sirve, para explotarte.

Aquí va otra referencia más a otro vídeo que te ayuda a entender como tú eres el producto que Facebook explota y te recuerda el caso de Cambridge Analítica.

 

Aislado, deprimido, insultado o acosado y manipulado… vas a ser más facilmente explotado, que si no te sintieses así.

 

Instagram es una de las redes sociales líder en el posicionamiento de productos. Es la tarea de los influencers influenciarte para que compres los productos que ellos promocionan permanentemente.

 

Mira las fotos de mi viaje a Cancún, luego contacta a tu agencia de viajes para disfrutar tanto como yo disfruté. Chequea esta ropa de moda o este maquillaje, y ahora entra a este enlace para adquirir el producto y lucir tan esplendorosamente como luzco mi.

 

La soledad vende, la envidia vende. Mostrarnos esas vidas perfectas que solo podemos alcanzar parcialmente comprando los productos que el influencer nos recomienda es una estrategia de marketing muy efectiva, y bastante desalmada.

 

Es por eso que la profesión de influencer en Instagram es en la actualidad bastante viable. Muy disputada, pero viable.

Las principales celebridades cobran cifras enormes por un solo post, con Kylie Jenner a la cabeza con $1.2 millones por imagen. ¿Comprar el nuevo labial de Kylie te hará tan exitosa o popular como ella? Probablemente no ¿Te hará más feliz o sentirte menos insegura? Probablemente no ¿Pero no comprarlo te va a separar de tu grupo social, por no estar a la moda como el resto? Pues puede que sí. Y ese es el miedo que Instagram genera en ti para poder explotarte

 

ADICCIÓN

 

Y finalmente llegamos a lo que dijimos que diferenciaba las redes sociales de una cárcel, aquí entramos por gusto, no a la fuerza.

Si las redes sociales son capaces de despertar tantas sensaciones negativas como llevamos mencionadas, ¿por qué seguimos acudiendo a ellas? Porque nos atrapan, porque crean adicción.

 

Desde hace tiempo las redes sociales acuden en busca de los profesionales informáticos del juego para hacer sus páginas y aplicaciones lo más adictivas posibles. Y no es algo que oculten o por lo cual piensen que hay que disculparse. Cada botón, cada animación y cada característica que vemos en redes como Facebook e Instagram está diseñada para maximizar la interacción y que pases más tiempo dentro de ellas.

 

Por ejemplo, una de las técnicas que usan los casinos de juego es el otorgar recompensas aleatoriamente, sin ningún patrón o razón aparente. Toda recompensa prevista o programada pierde eventualmente la satisfacción asociada a ella. Así que ya en los años 50, el psicólogo conductista norteamericano Fredrick Skinner estudió el efecto de introducir recompensas aleatorias. En los casinos aquello vino a derivar en las máquinas tragaperras, con sus premios aleatorios, luces y sonidos, diseñados para enganchar a los jugadores hasta que pierdan todas sus monedas.

En nuestras redes sociales esas recompensas aleatorias son el sistema de ‘likes’, el muro en el que uno recibe continúas notificaciones que no tienen fin, y los puntos y juegos de cualquier tipo que nos enganchan a volver una y otra vez a la red.

La variabilidad es el némesis cognitivo de nuestro cerebro y nuestras mentes hacen que descubrir la causa-efecto sea una prioridad sobre otras funciones como el autocontrol y la moderación. Alguien nos da un pulgar arriba o deja un comentario y ahí estamos de vuelta, en el mismo lugar virtual que dejamos hace un minuto. Juegos como Farmville, al que solo se puede jugar si tienes perfil en Facebook, crean adicción a la plataforma, pues requiere que vuelvas cada cierto tiempo a ella si quieres tener éxito en el juego

 

La página web del centro especializado en adicciones Adiction Center estima entre un 5 y 10 por ciento la cantidad de usuarios que cumplen los criterios para ser considerados adictos a las redes sociales. También afirma que plataformas de redes sociales como Facebook, Snapchat e Instagram producen el mismo circuito neuronal que es causado por juegos de azar y drogas recreativas para mantener a sus consumidores usando sus plataformas tanto como sea posible. Más aún, estudios han demostrado que el flujo constante de retweets, me gusta y compartidos de estos sitios ha afectado el área de recompensa del cerebro para desencadenar el mismo tipo de reacción química que otras drogas, como ese polvo blanco parecido talco cuya imagen no muestro y palabra no digo porque eso ya sería suficiente para Youtube bloquease la monetización de este vídeo, pero que empieza como la CocaCola y termina como la margarina.

 

Un estudio de la universidad de Harvard concluyó que los centros de recompensa del cerebro son más activos cuando las personas hablan de sí mismas. En la vida real, se estima que las personas hablan de sí mismas alrededor del 30 al 40% del tiempo; sin embargo, en redes sociales como Instagram que tratan de mostrar la vida y los logros de una persona, las personas hablan de sí mismas un asombroso 80% del tiempo. Cuando una persona publica una imagen y recibe comentarios sociales positivos, estimula al cerebro a liberar dopamina, lo que nuevamente recompensa ese comportamiento y perpetúa el hábito de las redes sociales, y qué mejor red social para este proceso que Instagram.

 

CONCLUSIÓN

 

Resumiendo. Las redes sociales son una gran herramienta en el mundo conectado de hoy, pero como cualquier herramienta, el uso que les demos es lo que determina si son buenas o malas para nosotros y para los demás.

 

El año pasado, los usuarios de redes sociales fuimos más de 3.100 millones, con un 94% accediendo a ellas a través de los teléfonos móviles.

De estos se estima que al menos 210 millones sufren de adicción al internet y a las redes sociales. Los jóvenes que pasan 5 horas diarias o más en redes sociales tienen el doble de riesgo de sufrir depresión que el resto.

En el mundo desarrollado, el 71% de personas duerme con (o cerca) de algún dispositivo móvil, y la incidencia de problemas de sueño entre adolescentes ha crecido un 55% en los últimos 30 años, con alrededor de  un  10% de ellos chequeando su teléfono al menos 10 veces durante sus horas de descanso.

En una encuesta de la empresa de comunicaciones AT&T en los Estados Unidos, un 90% de personas reconocieron usar sus teléfonos mientras conducían, y la mitad de ellos confesaron que fue para revisar sus redes sociales. 

 

El problema no es usar las redes sociales. El problema es dejar que éstas determinen cómo las usas. No podemos permitir que nuestras relaciones y amistades virtuales reemplacen a las reales. No podemos permitir que el tiempo que las dedicamos reemplace nuestro tiempo de estudio, trabajo o descanso; porque si no perdemos la cabeza y perdemos la salud. Las redes sociales, por muy virtuales que sean, se vuelven muy reales si comienzan a envenenarnos con su poder, se convierten en lugares horribles de los que cuando se quiere salir ya no se puede. Y el peor de estos lugares horribles es Instagram

 

Hasta la próxima,

 

La paz

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Categoría: Sociedad
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No hay lugares horribles, hasta que llega el ser humano y nos empeñamos en convertirlo en uno. Y entonces nos gusta vivir en él.

Aquí encuentras los cortodocumentales de la serie: "Los lugares más horribles del mundo", la serie de mayor éxito popular de la network MarginalMedia. Lo que no implica que sean los mejores cortodocumentales, de hecho, su éxito se debe simplemente al uso de una metadata amarillista y comercial, esa palabra "horrible". Todos los cortodocumentales de esta serie, como cualquier otro cortodocumental tienen un título que aparece en la presentación del vídeo. Ese título no tiene nada que ver con "lugares horribles". Nuestros cortodocumentales, por su temática, muchas veces activista y sobre conflictos sociales, tienen un alcance relativamente limitado. No somos del gusto de la empresa Google ni perita en dulce para su juguete YouTube, vehículo de la difusión de nuestro trabajo, así que el alcance de nuestros vídeos es "marginal" (¿Dónde he oído yo esa palabra?).

Para superar esta limitación, se nos ocurrió subir esos mismos vídeos de esta serie a otro canal machacando la palabra "horrible" como metadata y el resultado es la popularidad de la serie. El mundo no es un lugar horrible. Cualquier lugar, por muchos problemas que tenga, es el hogar de alguien y merece ser tratado con respeto. Ese respeto, creo, se percibe en los mismos vídeos. Respeto que a menudo choca brutalmente con los comentarios expresados bajo los vídeos. De los miles de ustedes que han comentado bajo estos vídeos "mi ciudad o país no es un lugar horrible… + insulto", muy pocos reparan en que si no fuese por ese "horrible" ellos/as puede que nunca viesen un vídeo como estos y ni sabrían de la situación que se denuncia. Nosotros no escogemos en lo que cada uno de ustedes decide ver.

Lo horrible es que tengamos que acudir a la palabra "horrible" para denunciar las situaciones horribles que nosotros mismos creamos. Aparte de eso, ¿Cuál es el problema?