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September 30th at 7:47pm

El Aperitivo del Cambio climático

Hola humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

En una entrevista con Bloomberg el pasado día 17, Bill Gates expresaba su preocupación por el cambio climático diciendo que este era un problema mayor que covid-19 y que las soluciones para combatirlo son difíciles porque pasan por desarrollar tecnologías que aún ni tenemos. A mi me parece que sí, que el cambio climático es un problema mayor que covid-19; pero que la inmediatez de la pandemia y la urgencia por combatirla nos están haciendo olvidar la gravedad del calentamiento del planeta, o cuanto menos distrayendo nuestra atención de la tarea de seguir implementando soluciones a ese problema. Así que aquí va otro vídeo con las últimas novedades al respecto.

 

El Aperitivo del Cambio Climático

 

Caso de que se les pasase por alto, estimados humanos del hemisferio norte, la semana pasado se les acabó oficialmente el verano. Entre tanta mascarilla sí o mascarilla no, poder salir de fiesta esta noche o no poder… y otras consideraciones con las que el covid-19 nos mantiene entretenidos puede que también se les pasase por alto algún otro detalle de este verano relacionado con el calentamiento global del planeta. No se preocupen que aquí estamos para recordárselos, no nos lo agradezcan, ni vean este vídeo comiendo.

 

- Por ejemplo. Septiembre nos ha dejado el Informe Planeta Vivo del Fondo Mundial para la Naturaleza que encontró que en medio siglo, la actividad humana ha diezmado las poblaciones globales de vida silvestre en un promedio del 68 por ciento. O en otras palabras, en 50 años hemos acabado con dos terceras partes de la fauna salvaje. No digo “nuestra fauna salvaje” porque el informe concluye que la relación entre humanos y el mundo natural está fundamentalmente rota. La parte más afectada del planeta, Latinoamérica y el Caribe, con una disminución del 94% de la fauna. No crean que nosotros nos inventamos estos datos para asustarles. Encuentran el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza en la descripción del vídeo. Por favor, la próxima vez que usted salga de casa mire un árbol, o las aguas de un regalo, y tómese un minuto para pensar cuál es su conexión con el lugar que usted tiene para vivir y dejar a sus hijos. O súbase a una azotea desde la que pueda ver algo y pensar en eso.

 

Otro informe. También de este septiembre que acabamos de dejar atrás. Éste de las Naciones Unidas. Se llama “Perspectiva Mundial sobre la BioDiversidad”,  y evalúa el progreso, o la falta del mismo, de los 196 países que firmaron los objetivos de Aichi para la Diversidad Biológica en 2010. Aquel era un plan de diez años lleno de ambiciosos objetivos para detener el colapso de la diversidad biológica en el mundo. Sin embargo, según el informe de la ONU, el mundo colectivamente no ha logrado alcanzar ni uno solo de esos objetivos en la última década.

 

Ambos informes citan la pandemia de Covid-19 como un ejemplo de la amenaza que representa para los humanos la pérdida de la biodiversidad global. Otro informe anterior de la ONU publicado en julio encontró que a medida que los humanos continuemos alterando los ecosistemas, aumentará el riesgo de enfermedades zoonóticas, que saltan de los animales a los humanos. Piense usted también en eso cuando suba a la azotea.

 

Desde allí arriba, si llega a divisar árboles, tal vez se de cuenta de otro detalle: los árboles crecen más rápido y mueren más jóvenes. Lo que significa que su capacidad para absorber y almacenar nuestras emisiones de dióxido de carbono, es menor. Nuestros hermanos los árboles, entre las criaturas vivas más antiguas del planeta, viven más rápido y mueren jóvenes, cortesía del cambio climático. Ya había estudios que apuntaban hacia esto en especies de árboles específicas. Ahora ya tenemos un nuevo estudio que sugiere que esta tendencia es un fenómeno universal, que ocurre en casi todas las especies de árboles y climas. Y sí, también es un estudio de este pasado septiembre y también pueden encontrarlo en la descripción del vídeo.

 

Entre mascarilla sí o no y encontrar lugar en la playa donde poner la toalla, lo que puede no se les pasase por alto este verano que se les fue, queridos humanos del hemisferio norte, fuesen los incendios. Ya las pasadas Navidades cuando esto nos tocó a nosotros en el verano austral y Australia ardía por los cuatro costados; desde aquí ya les avisábamos: “esperen que les llegue el verano, que ya les va a tocar”.  Bueno pues ya les tocó. En partes del hemisferio norte los incendios que el verano les dejó han sido los peores en décadas, cuando no los peores hasta ahora registrados de su historia. 

 

Uno de estos lugares ha sido el Artico. Si ya en 2019 los incendios del Ártico batieron todos los records negativos registrados, este año, ha finales de agosto, las llamas habían emitido 244 megatoneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, un 35% más que el año pasado. Ya hasta las ciudades de Siberia están volviéndose irrespirables con el humo. ¿Por qué tanto humo? Porque lo que se está quemando son las turberas, esos suelos ricos en carbono que se acumulan a medida que las plantas anegadas se descomponen lentamente, a veces durante miles de años. Las turberas son los ecosistemas más densos en carbono de la Tierra; una turbera típica del norte contiene aproximadamente diez veces más carbono que un bosque boreal. La cima del mundo se derrite y las turberas quedan expuestas a los rayos y los fuegos. Las turberas del Ártico que hasta ahora eran un sumidero neto de carbono pasan a ser una fuente neta de emisiones de carbono, acelerando aún más el cambio climático.

 

 

Y en el Ártico nos quedamos porque hasta esta cima del mundo queríamos llegar. El Artico es la zona alrededor del Polo Norte de la Tierra. Sus bordes vienen definidos por la isoterma de 10 grados Celsius en el mes de Julio. Es una zona fría. Gran parte de su suelo es permafrost, que es la capa de suelo permanentemente congelado, no necesariamente cubierto de hielo o nieve, pero congelado. Según aumentan las temperaturas por el cambio climático, este suelo está descongelándose. Y ese es un peligro porque en el permafrost, que ocupa el 20% de la superficie de la tierra, están enterrados microbios de otras épocas desconocidos para nosotros.

 

Una investigación llevada a cabo en 2015 no en el Artico sino en el Tíbet, en el hielo glacial más antiguo del planeta, y cuyos resultados fueron publicados el pasado enero, reveló que las perforaciones efectuadas a 50 metros de profundidad habían descubierto 33 virus antiguos, de los cuales 28 nos eran totalmente desconocidos. Estos virus suelen ser más peligrosos para las bacterias que para los humanos, pero nunca se sabe lo que puede ocurrir. De vuelta al Ártico, en 2016, una ola de calor desenterró los huesos de un reno fallecido por antrax 75 años atrás y el microorganismo infectó el suelo, el agua y los alimentos. 20 personas fueron hospitalizadas tras contagiarse y un niño de 12 años falleció.

 

Los virus son como semillas, pueden permanecer congeladas y conservarse durante miles de años, pero basta el calor para hacerlos germinar. Virus siberianos de al menos 30.000 años de antigüedad han sido revividos con éxito por laboratorios para ser estudiados. Incluso si la humanidad lográsemos limitar el calentamiento global a menos de dos grados Celsius, el objetivo fundamental del Acuerdo de París de 2015, el área de permafrost disminuirá en una cuarta parte del planeta para 2100. En los estratos más profundos de éste nos esperan patógenos desconocidos que no han visto la luz del día durante dos millones de años o más y que pueden quedar expuestos por el calentamiento global.

 

————

 

Parece que no entendemos que somos Homo sapiens, una especie en particular que habita este planeta. Una más. Y que el planeta no es solo nuestro. Y que hay lugares que deberíamos dejar a otras especies. No sólo respetar esos entornos sino dejar a esas especies en paz. Covid-19 es el resultado directo de ese abuso a otras especies ¿De qué nos sorprendemos ahora? Esto no es mas que el resultado de lo que llevamos haciendo durante décadas. Más del 70% de las enfermedades humanas en los últimos cuarenta años han sido transmitidas por animales salvajes: ébola, SIDA, SARS, gripe aviar, gripe porcina. La zoonosis, enfermedades infecciosas transmitidas de animales a humanos (o viceversa) será la principal amenaza para la salud de la población mundial en el futuro. La destrucción del hábitat natural es responsable de cerca de la mitad de las zoonosis emergentes.

 

El aperitivo de lo que nos espera ya lo tenemos aquí, lo estamos viendo servido con las enfermedades tropicales y parece ser que lo ignoramos. Según la tierra se calienta, las enfermedades tropicales se extienden hacia los polos del planeta. Malaria, dengue, chikungunya y zika son enfermedades que matan medio millón de personas al año. Los mosquitos que propagan están enfermedades ahora pueden invernar en regiones templadas y tienen periodos de reproducción más largos. 

 

El mosquito tigre que transmite el dengue y la chikungunya, llegó al sur de Europa en la primera década de este siglo y se ha estado desplazando rápidamente hacia el norte desde entonces, hacia París y más allá. No es el único mosquito que está introduciendo el dengue en Europa, también está el aedes aegypti, o mosquito momia, que ademas del dengue puede ser portador de la fiebre amarilla.

 

África, registró 228 millones de casos de malaria en 2018, el 94% del total mundial. Pero la malaria ya azotó con anterioridad el sur de Europa y de Estados Unidos. Más de cinco mil millones de personas podrían estar viviendo en regiones afectadas por la malaria para 2050 si el cambio climático continúa.

 

El calentamiento del Artico y la perdida del dermafrost es el plato principal que viene tras el aperitivo. La viruela, oficialmente declarada erradicada hace 50 años podría regresar. Las víctimas de la enfermedad de los siglos XVIII y XIX enterradas en cementerios en Siberia están totalmente conservadas por el frío. Ese es el caso de la cepa de influenza que mató a decenas de millones en 1917 y 1918. No es muy probable que surgiesen epidemias locales de estas enfermedades y ya tenemos vacunas contra ellas. Pero esos patógenos desconocidos que no han visto la luz en millones de años aguardando en los restos de carbono de plantas y animales que se congelaron antes de que pudieran descomponerse, ese es el auténtico peligro. Y no va a haber que esperar decenas de años para que ese peligro se manifieste

 

Con la explotación industrial del Ártico propulsada por el presidente Trump, todos los factores de riesgo están ahí: los patógenos y las personas que los portarán. No vamos a esperar a que el calor deshiele el ártico para que los patógenos cobren vida, vamos a perforar en su búsqueda hasta que a un perforador de petróleo le toque la lotería de dar con un patógeno desconocido, regrese a casa de vacaciones, y reparta el premio entre el resto de la humanidad.

 

Hasta ese momento,

 

La paz

 

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Categoría: Actualidad
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