Y regresó la lluvia de sangre...

Y regresó la lluvia de sangre...

El activista Edson Velandia ya predecía el caos si llegaba a ganar Iván Duque las elecciones presidenciales de 2018 en su canción ‘Iván y sus Bang Bang’:

 

“Iván a romperte hasta el culo con el fracking

y si te opones te mandan a las ‘Bacrim’

Iván a regalarle el Páramo a Minesa

y al que proteste le van a mochar la cabeza…

(…)

Iván a reinar los paras

Iván a hacerle fotos a tu cara

Iván a prender la motosierra

y no van a decir donde te entierran

Iván a volver los ‘guelillelos’

Iván a secuestrar a los ‘gomelos’

Iván a obligar a los ‘chinos’ a ser reclutas

¡y vamos a pasarla muy del putas!

con Iván, Iván y sus ¡Bang Bang!

 

si te gusta más la guerra que el pan,

vota por el de Uribe, vota por Iván.

 ¡Bang, Bang, Bang!”.

 

Una canción que más allá de tener un objetivo cómico y político, anunciaba como un Nassar o un Nostradamus, el compendio de desmanes que se nos iba a venir encima si llegaba Iván Duque a la presidencia de Colombia.

 

Tras ser publicada y compartida en numerosas plataformas digitales, muchos defendían al entonces candidato asegurando que aquella letra que acompañaba la composición musical no eran más que falacias y que las promesas que había hecho Duque en campaña las iba a mantener una vez llegase a la presidencia. Dos años después de su victoria y posesión presidencial la letra vuelve a estar en boca de muchos: El gobierno buscaba por medio de la anterior ministra de Minas, María Fernanda Suárez, y el actual ministro de Minas, Diego Mesa, llevar a cabo el fracturamiento hidráulico argumentando que ‘ya se han hecho estudios’ que ‘evidencian’ que no tiene un ‘impacto ambiental’. Las Bacrim, los grupos paramilitares, las disidencias de las FARC junto a la pérfida guerrilla del ELN y los carteles mexicanos del narcotráfico en el norte y sur del país, han estado desangrando al país. Minesa estaría adportas de explotar oro cerca al páramo de Santurbán, el cual según el Gobierno Duque no será tocado, ignorando las advertencias de expertos DE VERDAD en la materia. A Dilan Cruz lo mataron en una manifestación exigiendo justicia social. Están perfilando periodistas e ‘influencers’ que no son afines al Gobierno Nacional. Están haciendo seguimientos ilegales. La Vicepresidenta salió con el estúpido cuento de que las mujeres deben prestar el servicio militar obligatorio

Si bien el compendio de tragedias es largo, este mes de agosto se ha visto vilmente manchado por la sangre que ha estado lloviendo en diferentes regiones del país producto de las matanzas perpetradas por gente desalmada y prácticamente ignoradas por parte del Gobierno Nacional. Uno de los tantos argumentos de quienes defienden la gestión de Iván Duque, es que la violencia nunca se ha ido del país. Sorprendentemente concuerdo con ellos, en Colombia desde que tenemos memoria no han cambiado estas pútridas historias. No obstante, desde la negociación y la posterior firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC-EP en 2016 en el Gobierno de Juan Manuel Santos, la violencia se redujo drásticamente. Cifras de internacionales y de ONG’s demuestran que mientras en 2002 en medio de fuertes combates entre la extinta guerrilla de las FARC y las Fuerzas Armadas dejaban como saldo 2.799 muertes, en el 2016 6 muertes y en 2017 ni una sola.

A pesar de las óptimas cifras, el problema de homicidios selectivos escaló hacia individuos, grupos y comunidades, siendo los denominados ‘líderes sociales’ las principales víctimas de la violencia indiscriminada. En 2016 se registraron 117, en 2017 170 y en 2018, cuando el entonces Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas (que hoy se pinta en columnas de opinión de periódicos regionales y nacionales como un tipo inteligente y de paz), denominó el exterminio de estos líderes como ‘líos de faldas’, las cifras llegaron a 805 agresiones y 155 asesinatos, superando con creces al año anterior (Nota: superando 2017 en agresiones, pues en asesinatos aquel año fue peor).

En 2019, en plena era Iván duque, el año había cerrado con la escabrosa cifra de 250 líderes sociales asesinados, con una cifra indeterminada de agresiones contra estos individuos, sólo conociéndose denuncias como la realizada por la ONG Somos Defensores que informó que 600 líderes habían denunciado ser amenazados por organizaciones al margen de la ley. Mientras esto se denunciaba, parte de los votantes del hoy presidente, argumentaban peligrosamente que estos eran guerrilleros, comunistas, gente indeseable, entre otros equívocos epítetos, que no solo derrumban la moral de aquellos que arriesgan su vida por construir un país, sino evidencian que la polarización no es la que los ‘tibios’ del país hacen ver como construida por Gustavo Petro.

Ya entrados en el alegre y extraordinario 2020, y hasta la fecha de redactado este artículo (27 de agosto de 2020), según cifras de Indepaz, van 196 líderes sociales asesinados, siendo Edis Care, la última en la lista: defensora de derechos humanos asesinada en Riosucio, Chocó. Mientras el Gobierno Nacional se dedica a ‘trabajar’, siendo su cabeza, el presidente Iván Duque, un nuevo presentador de televisión saliendo todos los días en horas de la tarde en televisión pública presentando el espacio “'Prevención y Acción” donde realiza anuncios relacionados con la lucha contra el coronavirus, el país se desangra por múltiples orificios. ¿Si el Presidente sale todos los benditos días en televisión, para qué carajos contrató a Luis Guillermo Plata como ‘gerente del Covid’? ¿Para regalarle la plata? ¿Cómo es posible que votan para que maneje un país y este se dedica exclusivamente a ‘luchar’ contra el coronavirus? ¿Cómo es posible que, si ha destinado tantos recursos, habla todos los días en televisión y realizó tan extensas cuarentenas obligatorias, el país sea el octavo con más contagios a nivel global? Penoso.

Tautológicamente lo hace para intentar subir su popularidad frente a los millones de colombianos que no tienen acceso a redes sociales, a prensa independiente y que no tienen más que un “conejo” en un televisor que sólo emite RCN, Caracol y canales institucionales donde día y noche sale su imagen. Claro, mientras esto sucede el mandatario expide normas por decreto mientras el Congreso de la República continúa en sesiones virtuales gracias a que los partidos de Gobierno temen ‘contagiarse’ al ir a trabajar de manera presencial, llevando así la ‘jugadita’ de que la oposición no pueda ser escuchada como es debido. Penoso x2.

A la par con todo lo anterior, y ya entrados en el octavo mes, agosto, el de los gatos, el santoral católico y las cometas (volantines, papalotes), entraron también las masacres. Agosto de 2020, el mes del regreso de las masacres en Colombia. Sin ser novedad, pero sin dejar de ser indignante, volvieron las masacres en escalada…

Colombia podría ser denominado el país de las masacres. En 210 años de independencia declarada y 201 de reconocida tras la Batalla de Boyacá un 7 de agosto de 1819, el país no ha vivido más que sangre, plomo y lágrimas. Como he dicho en numerosas ocasiones en este espacio de Marginal.TV, aquí la violencia brota como la maleza. (Nota: a quien interese, El Espectador publicó un artículo con la historia de las masacres a lo largo de su historia: Lea aquí).

Lamentablemente ni las cuarentenas, ni el olvidado grito por la paz, ni el mismísimo presunto Dios en el cielo han podido 45 masacres que ha vivido mi triste país hasta hoy 27 de agosto, siendo el ducentésimo cuadragésimo día de este año bisiesto. 45 masacres que dejaron 187 víctimas mortales. De las 45 masacres, agosto es el mes con más casos.

La primera masacre que se conoció en agosto fue la producida el día 2, en el municipio de Santander de Quilichao en el Cauca, donde tres comuneros indígenas, miembros de un resguardo, fueron asesinadas. Lo único que se conoce hasta el momento es que las víctimas tenían entre 18 y 23 años. La segunda, la más polémica y que generó revuelo nacional se produjo el día 11, donde 5 menores de edad fueron acribillados y uno de ellos degollado, en un cañaduzal de Llano Verde, en Cali. Hasta el momento no se conocen los móviles del atroz crimen que borró la existencia de 5 niños, todos amigos y quienes gustaban del fútbol. Pasados los días, mientras las familias velaban a los menores masacrados, cerca del lugar donde se realizaba el velorio, un sujeto en un vehículo lanzó una granada contra un CAI que acabó con la vida de una persona, dejo 14 más heridas, entre ellas una niña de un año.

El 16 de agosto se registró la tercera masacre, esta vez en Samaniego, departamento de Nariño, dejando como víctimas a 7 hombres y a 1 mujer entre 17 y 26 años, que departían en un denominado ‘asado’. Allí ingresaron hombres armados y los ejecutaron a todos. Hasta el momento se desconoce el motivo. En la zona hay presencia de grupos paramilitares y las disidencias de las FARC. Aún no se tienen pistas del móvil de la masacre. El 18 de agosto, también en Nariño, esta vez en el municipio de Ricaurte, tres comuneros indígenas del resguardo awá Pialapi, fueron víctimas de un grupo al margen de la ley sin identificar. Ése mismo día, el Presidente, quien debía ponerse al frente de aquellos homicidios fue a ver cómo bañaban un avión en medio de la reactivación de vuelos nacionales por la pandemia del Covid-19. Días después se conoció que este, en vez de ir a Samaniego, donde se presentó la masacre más cruda en este mes, hizo ir al alcalde del municipio por tierra, un viaje que tiene la duración de 16 horas. El mismo presidente que permitió a la Primera Dama usar un avión para vacacionar a Panaca. La misma Primera Dama usó un avión para mandar a recoger un vestido 600km de ida y 600 km de vuelta en el recorrido Cartagena – Bogotá – Cartagena.

El 21 de agosto, en Arauca, capital del departamento del mismo nombre, cinco personas fueron asesinadas en cercanías del corregimiento conocido como El Caracol. Ése mismo día, en El Tambo, Cauca, seis personas fueron asesinadas al aparecer por un grupo disidente de las FARC conocido como La Segunda Marquetalia. El 22 de agosto, en Tumaco, Nariño, en una vereda conocida como La Guaycana, seis jóvenes fueron asesinados. Sigue sin conocerse quiénes fueron los autores de aquel hecho. Ése mismo día, en horas de la mañana, el presidente Duque, quien se encontraba en Llano Verde, Cali, donde los 5 niños fueron masacrados, calificó como “homicidios colectivos” a las masacres que ha estado viviendo el país:

“Muchas personas han dicho: ‘Volvieron las masacres, volvieron las masacres’. Primero hablemos del nombre preciso: homicidios colectivos. Y aquí no es que estamos eludiendo el problema, porque el problema no es que haya vuelto, es que no se ha ido”.

 

Declaraciones que generaron una gran polémica por el término “homicidios colectivos”. Según las Naciones Unidas, “masacre” se refiere a cuando tres o más personas son asesinadas en el mismo momento, lugar y por el mismo perpetrador. Los homicidios colectivos, por su parte, según diferentes documentos institucionales son denominados cuando son cuatro o más personas, en el mismo momento, lugar y por el mismo perpetrador.  La diferencia y la indignación provienen en que el Gobierno lo usaría como eufemismo para maquillar el problema, además de intentar reducir así las cifras que todos con avalo internacional son muchas y deben ser denominadas como lo que son: masacres.

A pesar de que en el código penal colombiano no esté tipificado el término “masacre”, este es usado para informar a la opinión pública sobre un suceso. Lo cierto es que ya en el plano legal, quien comete aquella atroz fechoría sería agravado dependiendo de si pertenece a un grupo al margen de la ley, la sevicia en que cometió los hechos, el estado de indefensión de las víctimas y si esto fue producto de actos ‘simples’ de homicidio o si intentó realizar un genocidio contra un grupo, colectivo, etnia, ‘raza’ u organización religiosa. Las críticas por esta situación escalaron a tal punto que tuvo que salir el Ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo a defender al presidente, argumentando que con lo anterior se “está haciendo politiquería”. Claro, como si exigir que se llamen las cosas por su nombre termine uno haciendo política. El Ministro, que defendió a capa y a espada al presidente, el 26 de agosto, sufrió una confusión al llamar sus dichosos “homicidios colectivos” como masacres. Ni ellos, en la práctica, usan los términos que rebuscan…

El 24 de agosto, en el municipio de Venecia, tres jóvenes entre 15 y 19 años fueron víctimas de un par de sicarios en el barrio conocido como Los Álamos. El 25 de agosto, en Norte de Santander, en la región conocida como el Catatumbo, fueron hallados tres cuerpos de jóvenes con impactos de bala. El hecho al parecer fue perpetrado por la guerrilla del ELN o del grupo delictivo conocido como Los Pelusos.

La responsabilidad de Duque

Aunque mucha gente anda por ahí diciendo que Duque no tiene responsabilidad en las masacres, lo cierto es que la tiene. Evidentemente no de manera directa, pues no creo que haya dado la orden y evidentemente no fue quien apretó el gatillo o los descuartizó. Su responsabilidad es política, aunque muchos desconozcan exactamente a qué se hace referencia al decirlo. Duque, quien llegó con el objetivo de terminar de implementar el proceso de paz firmado con la guerrilla de las FARC no ha hecho lo suficiente, por no decir casi nada, por llevarlos a la realidad. Muchos de los guerrilleros de la extinta FARC, desmovilizados en busca de una verdadera paz y quienes, aunque muchos sigan sin comprender que también son víctimas de la guerra, han sido asesinados por grupos paramilitares tras la firma del acuerdo, gran parte de ellos en el gobierno Duque. Un ejemplo de lo anterior es el abandono estatal a las zonas de reincorporación, por lo que se ha visto abandonos por parte de los reincorporados exponiendo sus vidas. Uno de los tantos casos fue el 15 de julio cuando cerca de 100 personas, entre desmovilizados de las FARC y sus familias abandonaron entre lágrimas la zona de reincorporación en Ituango, Antioquia, buscando escapar de la violencia que según un acuerdo de paz de 297 hojas citaba que estos debían ser protegidos como personas que regresan a la vida civil.

Otro motivo es la falta de compromiso real con los homicidios contra líderes sociales y las masacres. Duque, en vez de gastar plata en gente como Luis Guillermo Plata o el ridículo de Diego Molano, que de plano sólo sirven para hablar basura en medios de comunicación, debería poner a alguien en un cargo exclusivamente para la protección de líderes sociales y la búsqueda y captura de quienes los han exterminado en los últimos 5 años. Actos que nunca sucederán pues en las últimas semanas, tras la próxima salida de Carlos Negret, como Defensor del Pueblo, el presidente Duque envió una terna al Congreso para elegir a un nuevo defensor. Uno de los ternados y quien fue electo por la mayoría del cuerpo legislativo (partidos afines a Duque), fue Carlos Camargo, quien se ha desempeñado como empresario. Nunca ha trabajado en ningún ambiente relacionado con los derechos humanos. NUNCA.

Algo muy parecido sucedió en a principios de 2019 cuando fue elegido, gracias al presidente Duque, como director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo, un sujeto que ha dicho públicamente que el conflicto armado no existe (como si 260.000 víctimas fuesen una invención de nosotros los subnormales); tratado públicamente de ‘habla mierda’ a Iván Cepeda, quien no solo ha sido defensor de derechos humanos y congresista, sino víctima del conflicto pues su padre fue víctima de magnicidio. Acevedo también fue investigado por haber hecho parte de grupos armados al margen de la ley como el EPL. Como dato, los otros dos candidatos para el cargo eran Mario Pacheco, quien ha sido fuertemente crítico del CNMH y Vicente Torrijos, quien mintió con poseer un doctorado. Penoso.

Como curiosidad también se hizo realidad el pronóstico hecho por el uribista que marchaba por la paz: “Plomo es lo que hay, plomo es lo que viene”.

 

Créditos a Puro Veneno por las imágenes:
https://www.instagram.com/purovenenofire/
https://www.facebook.com/Puro.Veneno.Fire/
 

 

- César Zalamea

 

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 27/08/2020

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