Xenofobia mexicana vs colombiana ¿Quién gana?

Xenofobia mexicana vs colombiana ¿Quién gana?

«”Cierren las fronteras ahora”, “Cogen como conejos”, “delincuentes”, “drogadictos”, “exigentes”, “hijueputas”, “en ninguna parte del mundo pueden entrar así”, “importan enfermedades”, “llegan masivamente”, “lo quieren todo regalado” “maldita plaga”, “no quieren trabajar”, “no soy racista, pero…”, ”no tienen cultura”, “no respetarán nuestras leyes”, “practican la brujería”, “primero los nuestros”, “ratas”, “roba maridos”, “sólo vienen a recibir subsidios”, “sólo tienen bebés”, “son traficantes”,  “tienen un niño pequeño, otro en brazos, uno en el coche y otro más en la barriga”, “vienen a delinquir”, “vienen a ocupar nuestros hospitales”, “vienen a prostituirse”, “vienen a quitarnos el trabajo”, “vienen a robar”».

Es curioso como ese cúmulo de improperios y frases desproporcionadas son utilizadas en casi cualquier lugar del mundo donde hayan grandes tasas de migración. Aquellas declaraciones son realizadas por un importante porcentaje de la población, no mayoritario, pero sí preocupante, poniendo en peor situación al migrante que de por sí ya es vulnerable. Estas frases y otras se han utilizado en diversos países, siendo casi el manual del xenófobo en Argentina, México, Colombia y cómo no, Estados Unidos. Frases articuladas por quienes ven con temor un cambio nimio en su día a día por la llegada de personas “diferentes” a ellos. Irónicamente muchas son articuladas por quienes rechazan la xenofobia contra sus connacionales: se indignan porque expulsan a los suyos de países extranjeros, pero al apagar la pantalla del móvil miran mal y escupen al migrante en su país. Piden respeto por la diáspora que produce su nación, pero arremete contra la extranjera en su territorio.

A pesar de compartir el castellano y lenguas creoles, un pasado marcado por el colonialismo europeo y una aversión por el colonialismo moderno de países del primer mundo, América Latina en vez de comportarse en hermandad padece de la enfermedad de la xenofobia, el racismo y la aporofobia. Crisis como la migración peruana en los 90’s, la colombiana a finales de la década y principios de los 2000, y en los últimos lustros la Venezolana, sumada a la migración de países de Centro América y las Antillas, y otras como la paraguaya y la boliviana, han puesto en jaque todo tipo de relación de hermandad entre nuestros países. En los últimos años con el incremento de venezolanos en el exterior, los casos de discriminación en países como Brasil, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Ecuador se han visto intensificados. (Lea también: “La migración venezolana en Colombia” aquí en Marginal.tv)

Producto de la discriminación podríamos discutir si lo que hablaremos en el artículo es exactamente xenofobia «fobia al migrante/extranjero» o bien, aporofobia «fobia al pobre». El debate podría aplicarse debido a que el común de los xenófobos de nuestros países no rechazan al migrante millonario, emprendedor y filántropo, sino al migrante que no tiene que comer y que viene buscando un mejor futuro desde la más absoluta pobreza. Lo cierto es que cualquiera de los términos que se aplique aquí, no quita el hecho repugnante de quienes se creen mejor que el migrante por estar en una posición privilegiada. Quienes acostumbran a rechazar a un grupo de seres humanos que busca una mejor vida no solo para sí mismos sino para sus familias dejando en el camino su país, su cultura, su hogar, sus amigos y a su otra familia.

Por su parte, se podría discutir si también tienen tintes racistas. Algunas declaraciones racistas lanzadas por xenófobos o aporófobos son elaborados ideológicamente para excluir a quienes son como nosotros, humanos. Por medio de mitificaciones, estratificaciones, mensajes intolerantes y atribuciones desproporcionadas logran quitarle cualquier tipo de estatus humano al migrante con el objetivo de demonizarlo a tal punto que quienes no padecen de enfermedades como el racismo, la xenofobia o la aporofobia, tiendan en situaciones a ver al migrante como un enemigo, como un ser de otro planeta. Evidentemente no todo mensaje hostil contra el migrante tiende a relacionarse con todos los términos. Algunos discursos xenofóbicos como “no tienen cultura”, no se pueden comparar con improperios como “en nuestro país no hay negros”, lanzados por indeseables en Argentina, o “practican brujería”, lanzado por indeseables en México y Colombia. No obstante, que el discurso no demuestre ningún tipo de superioridad “biológica o cultural”, no significa que le quite gravedad al mensaje de odio que se lanza contra personas en condición de vulnerabilidad.

Siendo así, el mensaje aporófobo y xenófobo como que “vienen a robar”, se queda corto como que si las migrantes “vienen a robar maridos” (como si fuesen unas ninfómanas o cualquier adjetivo de adicción sexual) o “importan enfermedades” (como si fuesen algún tipo de organismos pluri-contaminados que produjeran cientos de enfermedades de solo respirar su propio aire).

 

Los migrantes y su mitificación

Definir migrante es tarea compleja. Podríamos decir que es cualquier persona que huye de su lugar de origen (o residencia habitual) sea dentro de su país o cruzando una frontera internacional de manera temporal o permanente por un cúmulo de razones. En su mayoría estas razones abarcan la violencia callejera, sexual, doméstica, bélica, corrupción, extorsión, inseguridad alimentaria y de sanidad, inestabilidad económica, persecución política, desarrollo humano, oportunidades para una vida digna como la educación, el trabajo, la vivienda o servicios de primera necesidad.

El migrante no abandonaría su vida sin una necesidad de peso. Nadie en su sano juicio atravesaría cientos de kilómetros con casi nulas pertenencias, a pie o en cualquier tipo de transporte público, para recibir una vida llena de inestabilidades. Pensar siquiera que el migrante abandona su vida por un deporte no sólo es sinónimo de estupidez sino de una total ignorancia.

Lamentablemente, el migrante amenaza sin querer la vida del nacional con imaginarios y mitificaciones populares que basándose en uno que otro dato real se exagera con el único fin de crear sentimientos discriminatorios contra la población vulnerable. Entre aquellos imaginarios y mitificaciones encontramos las siguientes pasándolas al caso colombiano con presencia de migrantes venezolanos.

  1. La amenaza constante del migrante a la economía de los nacionales, presuntamente por el ‘robo de empleos’ que realizan los migrantes al quedarse con el trabajo del nacional. Lo cierto es que en países con economías medianamente fuertes (las usadas en su mayoría por los migrantes para reconstruir su vida), el migrante contribuye a la economía nacional. Al generar dinero, moverlo dentro del país y pagar impuestos indirectos (como el IVA) están moviendo la economía. Al trabajar en empleos que la mayoría de los nacionales no quieren, están moviendo la economía. Al traer, aunque sea una pequeña cantidad de ideas e innovación, están moviendo la economía.
  2. El migrante amenaza la seguridad del nacional, presuntamente al participar en grupos delincuenciales, realizar robos, abusos sexuales y homicidios. Lo cierto es que si bien hay migrantes que llegan a países extranjeros para cometer delitos, la gran mayoría, viene con la intención de rehacer su vida sin estorbar a nadie. Según cifras del Gobierno, el 0,63% de los delitos cometidos en el país, es por parte de Venezolanos, el 96% cometido por colombianos y el resto por otras nacionalidades. Si no viniesen a rehacer su vida honestamente, ¿por qué no quedarse en su país delinquiendo (traficando drogas, cultivándolas, procesándolas, custodiándolas; cometiendo robos callejeros o entidades financieras)? Muy por el contrario a lo que piensa el común de los xenófobos, el migrante no atravesaría -por dar un ejemplo-, el territorio que comprende de Zulia en Venezuela, a Bogotá en Colombia (908 kilómetros, 187 horas promedio) a pie, bajo el sol inclemente o la lluvia, para ponerse a robar en la capital arriesgando su vida por un tiro. La mayoría de las agrupaciones delincuenciales que son conformadas por migrantes, son estructuradas en el país de destino. Estas en la mayoría de los casos fueron conformadas ante el desespero por la falta de oportunidades. En otros casos, ante el mismo desespero terminan siendo reclutados en agrupaciones delincuenciales que ya existían en el país de destino, tal cual sucede en Colombia donde grupos delincuenciales reclutan a migrantes venezolanos ante su necesidad. Cabe aclarar que esto no es justificable y que cualquier tipo de crimen debe ser castigado con la ley del país de destino y dependiendo de su gravedad debería ser puesto en proceso de deportación al país de origen.
  3. El migrante amenaza la salud pública, presuntamente al traer enfermedades, utilizar la red asistencial pública masivamente y no aportar a seguridad social. Lo cierto es que el migrante al participar de la economía nacional también está aportando indirectamente a la seguridad social. Evidentemente en su mayoría no tiene derecho a sacar citas médicas u odontológicas, pero sí servicios de urgencia que en países como Colombia antes durante y después de la migración de venezolanos continúa y continuará siendo precaria. Frente a las enfermedades, si bien algunos migrantes de países como Venezuela traen enfermedades erradicadas en los países de destino, este porcentaje es extremadamente nimio. La presencia de contagiados con estas enfermedades no significa que traigan una epidemia o que por encontrárselos en el transporte público los van a enfermar. Las enfermedades que podrían propagar son las sexuales y estas en un bajo porcentaje. (Véase el punto 5)
  4. El migrante es una amenaza a la cultura, presuntamente por contaminar con su cultura, su gastronomía, etc, la cultura del país al que llegan. Lo cierto es que un punto fundamental de las naciones constituidas en la actualidad ha sido la migración. Ningún país sería lo que es hoy en día de no ser producto por las migraciones. Un ejemplo es el porcentaje de gente blanca, ojiclara, con culturas y gustos gastronómicos europeos producto de mezclas con migrantes del viejo continente en su mayoría italianos y germanoparlantes a principios del siglo XX en Argentina y Uruguay.  Aquellas mezclas son producto de quienes tienen la decisión de mezclarse, degustar y compartir con el migrante, salvo contadas excepciones son producto de la fuerza.
  5. El migrante trae prostitución y proxenetismo, presuntamente al prostituirse masivamente porque no tiene para comer, y por ser el proxeneta de otras mujeres de su propio país con condición de vulnerabilidad. Lo cierto es que, si bien muchas mujeres de países migrantes tienden a prostituirse, la mayoría no lo hacen. Quienes lo hacen, lo realizan por la falta de oportunidades y no porque les guste. Estas en su mayoría por cuestiones financieras y la violencia sexual de las que son víctimas pueden llegar a prostituirse sin los medios adecuados (condón femenino, masculino u otros) para salvaguardar su integridad física ante enfermedades en auge como la sífilis y el VIH. Este tipo de prostitución efectuada por un pequeño porcentaje de migrantes se realiza de manera independiente, siendo realizado en la privacidad de su hogar sin intermediarios. Lo que es lo mismo, ¿en qué le afecta a la vecina que una migrante se prostituya en su propio hogar, si no está violando su espacio? Aquí la única preocupación es la lucha que se debe emplear ante la denigrante situación de que una persona tenga que vender su cuerpo para poder comer y no porque le sale de los cojones. También, con el pequeño porcentaje de migrantes que son violentados y abusados sexualmente mientras se empleaban en la prostitución por supuestos clientes que no son más que unos enfermos mentales.

 

La xenofobia mexicana (en especial contra los Colombianos)

Era noviembre de 2016 cuando un grupo de migrantes Haitianos llegaron a territorio mexicano con el objetivo de avanzar hacia la frontera con Estados Unidos e ingresar ilegalmente al país del norte. Tras su arribo, diversos grupos de índole nacionalista en redes sociales se hicieron polémicos por declaraciones como que los migrantes vulnerables practicaban cultos satánicos, sacrificios de animales y que tenían “vocación para vivir en la miseria y en la inmundicia”. Las declaraciones, realizadas por el colectivo fueron rechazadas por diversos grupos de defensa de migrantes para México y América Latina. Aquellas injurias lanzadas contra los migrantes haitianos es un eco que hasta la actualidad se replica contra todos aquellos migrantes que pisen territorio mexicano, vengan de donde vengan.

Lastimosamente México es uno de los países más xenófobos de América Latina, aplicando la misma fórmula que aplican países como Estados Unidos a sus migrantes. Curiosamente México es uno de los países que más migrantes exporta. Sólo en Estados Unidos, la cifra para 2019 de los mexicanos migrantes alcanza la cifra de 11 millones. Casi dos tercios de la población de Chile. Siendo de los países que más exporta migración, ¿por qué no ser el primero en ofrecer un trato digno a quienes migran hacia su país o lo utilizan como tránsito hacia otros?

Lastimosamente vemos manifestaciones multitudinarias y ataques xenofóbicos contra migrantes, intensificados en los últimos lustros y que se dieron más visibles tras la llegada de migrantes haitianos a México. Haitianos que huyendo del hambre, la inestabilidad política y de las ruinas del terremoto del que no se han podido recuperar desde hace una década, fueron recibidos por unos pocos con insultos e improperios. Tratos y mensajes de repudio como el publicado por un sujeto en eluniversal.com.mx y que cita: “que se regresen a su país, México no esta para alimentarlos, no hay para ellos” (sic). Estos migrantes Haitianos en su mayoría viven en lugares peores que chabolas. En Tapachula, por ejemplo, llegan a pagar cifras que llegan a alcanzar los 4.000 pesos mexicanos; tres veces mayor a lo que se le cobraría a un local. Ganándose la vida con trabajos eventuales y sin ningún tipo de contrato.

Por otro lado, los inhumanos son más visibles contra las caravanas migrantes, que no son más que grupos multitudinarios de migrantes en su mayoría centroamericanos que atraviesan a pie el país para llegar a la frontera con Estados Unidos. Estos quienes por su paso duermen a la intemperie reciben el rechazo de muchos mexicanos por violar su territorio así sea de manera temporal. Si a esto le sumamos el trato inhumano y delictivo que aplican carteles de la droga, como el Cartel de los Zetas, el cual secuestra y pide rescate a los migrantes y sus familias, o bien abusa sexualmente de las mujeres que pasan la frontera, creamos un cultivo de desgracias que al xenófobo no le importan en lo más mínimo.

También, en los últimos años se ha visto incrementada la xenofobia de los mexicanos contra los colombianos que van allí por vía aérea, no con el objetivo de permanecer en el país, sino de visitar todo lo que los aztecas tienen que ofrecer en materia cultural y gastronómica. Uno de los casos más sonados fueron los de la youtuber e influencer, exprotagonista de novela, Yina Calderón, la cual junto a su padre fue encerrada en una habitación tras negarle la entrada, quitándole hasta los cordones de los zapatos. Calderón asegura que llevaba tanto los papeles que certificaban su hospedaje y alimentación, además de documentos sobre su estatus bancario.

Esta clase de improperios se ha intensificado tanto que numerosas personalidades en Colombia se han pronunciado denunciando los hechos. Entre ellos el exembajador y presentador de televisión, José Gabriel Ortiz, quien dijo en entrevista para Semana: “Los testimonios son aterradores, miserables y repugnantes (…) los meten en unas cloacas, sin ventilación y distanciamiento” […] “Los hombres no tienen dónde hacer pipí, tienen que orinar en el sitio, no hay otra alternativa, tuvieron que hacer los colombianos en un rincón, una especie de represa con unos colchones viejos que están vomitados”.

Cabe recordar también el reportaje de Semana, donde se conoció la denuncia de un joven al que por motivos de seguridad le nombran Diego, de 17 años: “Fue horrible como maltrataron a mi niño en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez Ciudad de México. “Acercaban su cara a la mía y me gritaban que, porque hablaba así, que qué escondía. Me tiraron un lápiz y me dijeron que si era dibujante que dibujara, y yo hice un elefante que vi ahí, en un cuadro. Lo estaba dibujando con tiempo para que me quedara bonito y se dieran cuenta que no hacia nada malo, pero me insultaron otra vez y me rompieron los dibujos.” […] “lo metieron a un cuarto que el menor describe como oscuro y con olor a orines, donde mucha gente lloraba y gritaba, lo cual lo alteraba más a él. Había mujeres, ancianos y niños. Diego solo gritaba “yo no hice nada malo, ¿por qué estoy en la cárcel?”

Según las denuncias los colombianos no estarían siendo dejados entrar a México por presuntamente traer violencia, acusados de exportar el fenómeno delictivo denominado ‘gota a gota’, exportar prostitución y tener nexos con carteles de la droga (lo cual es irónico teniendo en cuenta que el país que más exporta violencia producto del narcotráfico es México desde principios de los 2000 a la fecha. Estigmas que incentivan la violencia en un país violento que solo en 2019 tuvo 44.576 homicidios, de los cuales 19 fueron a colombianos.  Curiosamente en 2020 fueron detenidos 134 colombianos por delitos en México, un 0,69% del total de colombianos que habitan en territorio azteca. Según datosmacro.com, en México para 2019 la mayor parte de migrantes son estadounidenses con una cifra de 762.290, seguidos por guatemaltecos con 44.178, españoles con 23.589 y colombianos con 19.317.

Justo en las últimas semanas se conoció el brutal ataque del que fue víctima Miguel Echeverri, un colombiano que fue golpeado por parte de un grupo de policías en Cancún tras denunciar que un taxista le estaba cobrando a él y a su esposa una excesiva tarifa por un recorrido entre un sitio turístico y el hotel donde se hospedaba. Violencia judicial que nos hace recordar el caso de Victoria Salazar, una mujer de 36 años oriunda de El Salvador, quien fue asesinada el 28 de marzo por parte de cuatro agentes policiales en Tulum. La mujer quien se desempeñaba como trabajadora en limpieza de hoteles, tenía una visa humanitaria que le permitía obtener refugio y laburar en el país. Según el fiscal Óscar Montes de Oca Rosales en Quintana Roo, la causa de la muerte fue una ruptura de las dos primeras vértebras por la presión de uno de los agentes sobre su cuerpo. Otro caso popular fue el conocido en redes sociales a finales de 2016 donde una mujer amenazaba a un hondureño con llamar a las autoridades migratorias, por cumplir con su trabajo. Al parecer la mujer denominada #LadyMigración habría atacado al migrante hondureño porque este le cortó el servicio de electricidad por la falta de pago de la mujer.

Hay que resaltar que según un informe de la Universidad Nacional de México, el Instituto Nacional de Salud Pública y la Universidad Autónoma de México, el 29% de los migrantes en el país, son víctimas de violencia sexual, física o psicológica.  A pesar de los buenos ser mayoría, los contados moralistas que les da por pasar por encima de terceros son quienes arruinan cualquier acto de amor. Aquí no nos podemos olvidar del grupo de personas que como enseñanza bíblica, da de beber y comer al migrante. Que da techo y brinda sus vehículos para trasportar masivamente a los migrantes que a pie recorren territorio mexicano hacia la frontera con Estados Unidos. Quienes honestamente dan trabajo al migrante y le pagan el salario justo por el servicio prestado. Aplausos para ellos.

 

La xenofobia colombiana (en especial contra los Venezolanos)

En los últimos días numerosos sucesos han puesto nuevamente sobre la mesa el debate de la migración venezolana en Colombia y la xenofobia de la que son parte nuestros hermanos. Una de las declaraciones que más polémica generó fue la dictada por la Alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien no tuvo reparo en culpar (indirectamente) la migración del caso del policía asesinado por un venezolano en pleno centro financiero de Bogotá (cerca de un Banco Davivienda) tras pedirle una requisa.

“Con el mayor respeto y con el llamado a que eso no genere ningún acto de xenofobia -la inmensa mayoría de los migrantes son gente humilde huyendo de una dictadura-, pero los hechos son tozudos y demuestran que hay una minoría de migrantes profundamente violenta, que mata para robar o por una requisa, como pasó en este caso”. […] “Respetamos las políticas del Gobierno Nacional, pero a los migrantes venezolanos todo se les ofrece y a los colombianos qué se les ofrece, qué garantías tenemos de que no haya una competencia desleal por sus empleos, en especial la gente humilde, de que no se aprovechen de la generosidad del Gobierno de Colombia para agredir a ciudadanos colombianos”.

Aquellas declaraciones me hacen preguntarme, ¿por qué nombrar a los venezolanos por un acto delictivo de uno sólo de ellos? ¿qué ganaba la alcaldesa dando un discurso sobre la nacionalidad del delincuente? ¿ganaba algo la familia del policía asesinado por el homicida? ¿qué es lo que se les ofrece a los venezolanos que no se les ofrece a los colombianos? ¿luego el colombiano no tiene la nacionalidad que el venezolano no? ¿luego el colombiano no puede trabajar sin permiso, cuando el venezolano no? ¿luego el colombiano necesita decenas de documentos para alquilar vivienda como pasa con los venezolanos? No sé, la alcaldesa debería explicar qué tipo de garantías y de ventajas tienen los venezolanos sobre los colombianos, pues yo no encuentro ninguna.  La competencia desleal es producto del abuso que cometen los colombianos con sus hermanos venezolanos. Si usted y su familia no tiene para comer y le ofrecen un trabajo a mitad de salario y con más horas de trabajo, ¿qué haría? ¿negarse y dejar que su familia siga aguantando hambre? Esa competencia desleal de la que habla la Alcaldesa no es culpa directa del migrante, es culpa de gente inmoral como los empleadores nacionales que siempre quiere llevar las de ganar y del Gobierno que no hace lo posible por regular aquellas atrocidades laborales.

¿Deben los migrantes cargar con el estigma de delincuencia de sus connacionales y tachados por medios de comunicación y políticos? Hacer referencia a la nacionalidad del delincuente, es igual de denigrante y de estigmatizante que hacer referencias si el delincuente tiene tatuajes o un color de cabello específico: no sirve de nada. ¿Cambia en la opinión pública el hecho de que el criminal sea venezolano, peruano, chino o marciano? No. Repito, sólo estigmatiza.

Un estudio realizado por la fundación ‘Juntos Se Puede’, denominado “Análisis de vulnerabilidad y brechas de integración de población migrante en Colombia”, se revela que el 51% de los encuestados ha presenciado actos xenofóbicos como espectador o víctima en el país. El 53% se ha sentido rechazado por su nacionalidad, el 43% ha sido explotado laboralmente y el 24% ha sido víctima de violencia física y/o psicológica. Cifras que se ven incrementadas cada vez que en medios de comunicación un dirigente político toca temas xenofóbicos, o bien, se da énfasis en la nacionalidad de un delincuente capturado por las autoridades. Precisamente la plataforma conocida como El Barómetro de Xenofobia, difundió un análisis de redes sociales tras las declaraciones de la alcaldesa Claudia López. En el análisis se determinó que las interacciones horas posteriores a las declaraciones aumentaron un 1152% comparadas con el promedio diario, con un mapa de palabras como “plaga”, “delincuencia”, “robar”, “mierda”, “asesinos”, “hptas”, “puta”, “hp”, “hps”, “hijueputas”, “venecos hps”, etc. El informe evidencia el poder catalizador que tienen líderes de opinión en el país, como la Alcaldesa, el cual influye en la percepción de seguridad y que tomados a la ligera dan por sentado un mensaje se inseguridad propiciada por los migrantes.

No obstante, Claudia López no ha sido la única política en hacer comentarios xenofóbicos. En 2017 durante la entrega de viviendas en Tibú, Norte de Santander, el entonces vicepresidente Germán Vargas Lleras dijo y cito: “Son para población desplazada pero que viva en Tibú, no vayan a dejar meter aquí a los 'venecos', por nada del mundo, esto no es para los 'venecos”. También, el exalcalde de Bucaramanga y posible candidato a la presidencia Rodolfo Hernández aseguró en 2017: “se vinieron todos los limosneros de Venezuela, las prostitutas y los desocupados para acá, porque somos prácticamente lindero de frontera; entonces cómo hacemos, aquí no los podemos matar ni echarles plomo, nos toca recibirlos, así como Venezuela recibió más de 4 millones de colombianos que se iban de aquí porque no tenían oportunidades de trabajo”. El mismo exalcalde aseguró en 2019 que las venezolanas eran “fábricas de hacer chinitos pobres”.

Gracias a ese tipo de comentarios, inescrupulosos con intenciones delictivas utilizan las redes sociales y los panfletos para amenazar a ciudadanos migrantes, tal cual sucedió en Subachoque, Cundinamarca, donde un audio de WhatsApp daba un ultimátum a los ciudadanos venezolanos para salir del municipio o les “darían muerte” “trabajaran o no, robaran o no”. Actos que se replican en diferentes partes del país como en Cúcuta donde en numerosas ocasiones han aparecido panfletos amenazantes. Amenazas que no siempre se quedan en el papel, como sucedió también en Cúcuta en 2018, donde un grupo de delincuentes lanzaron una bomba incendiaria a un polideportivo donde 900 venezolanos viven en condición de refugiados. También en 2018, en la localidad Ciudad Bolívar de Bogotá, un venezolano fue asesinado y dos más resultaron heridos luego de que por una cadena falsa de WhatsApp se le acusara al primero de ser un ‘roba-niños’. El migrante habría sido asesinado a puñaladas, patadas, piedras y palos por parte de una turba enfurecida de más de 100 personas.

Pero no todo acaba allí. En 2019, un panfleto que circulaba en Bucaramanga advertía a los comerciantes de la ciudad que tenían un plazo de 48 horas para reemplazar al personal venezolano que trabajaba en sus negocios o ‘atenerse a las consecuencias’. A esto se suman los casos de descuartizamiento y homicidios contra venezolanos y los ataques en transporte público contra esta población vulnerable.

-César Zalamea.

 Venezolanos Centroamericanos Hondureños Salvadoreños migración Violencia América Latina Caribe Sociedad Política Delincuencia Economía México Mexicanos Venezuela Centroamérica Honduras El Salvador Estados Unidos Política Migratoria Caravana migrantes
 07/04/2021

Artículos que podrían interesarte 🔥