Vidas de mujeres secuestradas por el Narcotráfico en México: Especial mes de la mujer

Vidas de mujeres secuestradas por el Narcotráfico en México: Especial mes de la mujer

Aunque a muchos no les importe, la vida de las mujeres son las más vulneradas en el planeta. Si bien el hombre es quien por lo general tomas las riendas del hogar, curra y arriesga su vida en la mayoría de los conflictos armados que se presentan, la mujer es obligada a tomar un triste papel que la deja en condición de vulnerabilidad. Las mujeres son amas de casa, quienes velan por los hijos, quienes viven el mayor porcentaje de violencia intrafamiliar, quienes en hazañas bélicas en condición de indefensión mueren desarmadas, son violentadas sexualmente y utilizadas como (y aunque suene crudo) “vacas muertas”.

En el negocio del narcotráfico la violencia contra la mujer no es nada nuevo. Basta con hondar en círculos nocturnos en ciudades con alta presencia del tráfico de estupefacientes para escuchar pomposas historias de los capos de la zona y sus esbeltas mujeres. “Cuerpazos” “dispuestos” a “todo” con tal de complacer a sus hombres a cambio de un par de billetes producto de un sangriento negocio. También, basta con consumir contenido audiovisual dedicado al tema del narcotráfico para toparse con bellas actrices que representan a las “puticas” que complacen a los patrones, que como negocio se dedican a extasiar las narices de los estadounidenses y europeos.

Erróneamente se cree que las mujeres y putas de los capos deciden por sí mismas esa vida. La verdad es que muchas son obligadas desde chicas a tomar aquellos caminos, o bien se ven acorraladas por el destino para tener que entregar su cuerpo y su alma a los patrones y sus esbirros. Otras, quienes por cuestiones del destino no terminan siendo las parejas o fulanas de los miembros de cárteles de la droga, terminan siendo secuestradas en vida por el delito del narcotráfico. Violencia económica, escudos humanos, desapariciones forzadas, feminicidios, viudez y huerfilés prematura, entre otras.

Aprovechando el mes de marzo, denominado para muchos como el mes de la Mujer, traemos para ustedes tres notas que cuentan un poco el calvario que tienen que vivir producto del Narcotráfico en países como México. No con el objetivo de conmemorar una fecha que no es motivo de celebración, sino para recordar que ellas son las más frágiles y vulneradas; y que aún falta mucho por construir (no como cuentan los ‘machirulos’ que creen que estas tienen vidas de ensueño).

Guerra contra el narcotráfico y los feminicidios:

Tras el inicio de la denominada Guerra contra el Narcotráfico, realizada en 2007 por entonces presidente Felipe Calderón, los feminicidios se incrementaron de manera escabrosa.  Según el estudio “La Violencia Feminicida en México – Aproximaciones y Tendencias” desarrollado por la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, ONU Mujeres México, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) del Gobierno de México, (el cual puedes leer aquí) de 331,246 fallecimientos catalogados como muertes violentas entre 1990 y 2019, 56.571 muertes (el 17%) fueron con presunción de homicidio. Un promedio de 1950 mujeres asesinadas al año, 5,3 al día.Antes del inicio de la Guerra contra el Narcotráfico de 2007, las cifras promedio oscilaban entre 1.355 al año. A partir de allí hasta 2019, el promedio aumentó a 2.579 mujeres asesinadas al año. 214 al mes. 7,1 al día.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopiladas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, antes del 2007 las muertes violentas y feminicidas contra las mujeres se daban principalmente al interior de los hogares. Después del inicio de la guerra contra el narco estos se producen en su mayoría en la vía pública. También, antes del 2007 las muertes se producían en su mayoría con objetos contundentes, asfixia o arma blanca, ahora el arma homicida es de fuego.

El informe también presenta que entre 2017, 2018 y 2019, Tijuana, Baja California, es el municipio donde más se presentaron defunciones por presunción de homicidio en contra de mujeres. Para 2017, se presentó una tasa de 17,65 puntos por cada cien mil mujeres. En 2018 25,52 y en 2019, 22,97. Mientras el estado donde más se presentaron estos hechos delictivos fueron en Colima con una tasa de 20.3 por cada cien mil habitantes, seguido de Chihuahua con 14.1 y Baja California con 13.6.

Determinar en un país como México donde hay tantos crímenes y poco interés por parte de las autoridades por esclarecer los crímenes, por qué se produjo cada una de las muertes violentas y feminicidios es tarea casi imposible. Lo cierto es que por cuestiones estadísticas y por el aumento de los casos tras el inicio de la Guerra contra el Narcotráfico, muchas de estas muertes derivarían directamente con temas relacionados al narcotráfico: prostitución, venta de armas o estupefacientes, amorío y/o relaciones con miembros activos a carteles de la droga y otros beligerantes como grupos de autodefensas o fuerzas del Estado, trata de mujeres y secuestros (como métodos de financiación), esclavismo sexual por parte de carteles, entre otras. No obstante, esta violencia no se centra exclusivamente en acabar con mujeres beligerantes en el conflicto, sino también con personas inocentes víctimas de la violencia que permeó todas las escalas de México. Un ejemplo son las mujeres que pasan la frontera hacia México buscando de allí salir hacia los Estados Unidos. Estas mujeres provenientes de caravanas migrantes son las principales víctimas de feminicidio por parte de grupos al margen de la ley como el Cartel de los Zetas que no solo las abusa sexualmente sino arrebatan sus vidas.

Cabe mencionar el comentario hecho por el periodista Carlos Martínez en el episodio 6 del programa Pan y Circo dirigido por Diego Luna, que puedes encontrar en primevideo.com, sobre los condones entregados por albergues en la frontera de México con sus pares centroamericanos, con el objetivo de que si una mujer era víctima de abuso sexual intentar “negociar” con su atacante para evitar quedar embarazada.

Por último, la violencia contra las mujeres lleva a que México, según cifras de 2018, sea el segundo país de América Latina con más feminicidios de ese año con 898 casos confirmados, solo por detrás de Brasil con 1206. Le siguen Argentina con 255, Honduras con 235 y El Salvador con 232. Si de casos por cada 100.000 habitantes se trata, El Salvador se lleva el primer puesto con 6,8 casos, seguido de Honduras con 5,1, Bolivia con 2,3, Guatemala 2 y República Dominicana 1,9. México con 1,4.

 

Botínes de guerra y abusos sexuales:

La constante guerra contra el narcotráfico ha migrado a una decisión inhumana casi unánime y tácita por parte de todos los beligerantes. No hay vida de mujeres y niños que no pueda ser vulnerada al tratarse de una guerra. Esto gran parte de la sociedad mexicana lo entendió cuando el 4 de noviembre de 2019 en Sonora, México, a eso de la 1 de la tarde, 9 mujeres y niños fueron masacrados y otros 6 resultaron gravemente heridos por parte de un grupo al margen de la ley hasta ahora desconocido. Rhonita María Miller de 30 años, Howard Jacob Miller de 12 años, Krystal Bellaine Miller de 10 años, Titus Alvin Miller de 8 meses, Christina Marie Langford Johnson de 29 años, Dawna Ray Langford de 43 años, Trevor Harvey Langford de 11 años y Rogan Jay de Langford de 2 años; transitaban en vehículos de alta gama por una de las vías de La Mora cuando sin contemplación recibieron ráfagas de fusil. Aún se desconoce si el ataque tenía como objetivo la familia de los LeBarón, o si fue una confusión con familiares de otro cartel. Lo cierto es que independientemente de quienes fueran, 9 vidas inocentes fueron cegadas sin piedad. Y al momento del ataque, los agresores sabían que todos eran niños y mujeres.

La violencia en México llevó a que los niños y las mujeres sean tomados como botines de guerra por parte de los grupos al margen de la ley y de ciertas facciones (llamadas eufemísticamente ‘manzanas podridas’) de miembros del Estado, para hacer daño a sus adversarios. Homicidios, violaciones, torturas y desapariciones forzadas, han sido los delitos cometidos para lastimar. Madres, hermanas, esposas, amigas, conocidas, ligues, o cualquier otra mujer cercana a un integrante de un Cartel, o sus hijos, son quienes mayoritariamente caen víctimas de la guerra. Un ejemplo de lo cruda que es la guerra narco contra inocentes es la mujer hallada el 26 de mayo de 2019 en Paraíso, Tabasco. La mujer quien fue hallada muerta con signos de apuñalamiento, tenía clavado un puñal en el pecho con un mensaje de advertencia en el que aseguraban que irían por la mujer de un lugarteniente del Cartel de Los Zetas.

Evidentemente no todas las mujeres asesinadas hacen parte de carteles de la droga o ejercen la prostitución. Un ejemplo son las denominadas “informantes” quienes directamente no están vinculadas a carteles de la droga, o son frecuentemente confundidas con informantes reales, siendo personas inocentes quienes mueren a manos de estos grupos de homicidas. Precisamente, el 29 de agosto de 2019, en Guanajuato, se conoció que tres mujeres fueron degolladas y abandonadas junto a una manta con el mensaje “Ay están sus putas informantes. Sigan mandandonos mas”. (SIC). Pero ahí no para este círculo del infierno. Los repugnantes feminicidios cometidos por no pagar las “primiparadas” al ingresar en carteles de la droga (en su mayoría, por cuestión de extrema pobreza y falta de oportunidades), y las frecuentes cazas en Zacatecas, donde sujetos se dedican a ultimar con saña a mujeres que piden aventones en carreteras, son la evidencia de que en México la violencia contra las mujeres es pan de cada hora.

Lamentablemente hay más. Los constantes abusos sexuales a los que son sometidas las mujeres que su único error fue estar en el lugar y la hora equivocada, son el calvario de miles de mexicanas y extranjeras. Un ejemplo fue el sucedido con una mujer que duró 7 años siendo esclava sexual del Cartel de los Zetas y del Cartel del Golfo, caso denunciado en Vice News. Donde una mujer que fue secuestrada en Tamaulipas, fue sometida junto a otras mujeres encadenadas a cientos de abusos sexuales durante su cautiverio. También, el famoso caso de Priscila Lorea, quien el 11 de diciembre de 2007 fue secuestrada en la Ciudad de México. Priscila no solo estuvo dos años y dos meses en cautiverio, sino también fue golpeada, rapada, mutilada y abusada sexualmente por sus secuestradores. Todos los vejámenes que recibió fueron fotografiados y algunas enviadas a su familia para presionar en el pago de su liberación. Ante la incompetencia estatal, su padre se enteró tras una prueba de ADN en la Procuraduría General de la República que su hija estaba muerta y que sus restos habían sido encontrados en Huitzilac, Morelos. Quien apareció sin una oreja, sin algunos dientes y signos de haber estado mucho tiempo encadenada.

Pero los abusos sexuales y actos de barbarie, como dije líneas atrás, no son exclusivos de grupos al margen de la ley. El 10 de mayo de 2013, Magdalena Saavedra, fue secuestrada por un grupo de Marinos que irrumpieron en su casa de San Luis de Potosí. La mujer, madre de una niña pequeña, fue golpeada, electrocutada, torturada y violada por el grupo de sujetos que no contentos con aquella dantesca situación la obligaron a firmar tras 11 horas de tortura, una confesión de un delito que no cometió y que la llevó a pagar cinco años y medio de cárcel. La denuncia de Magdalena se suma a la de otras 28 mujeres que aseguran haber sido detenidas, abusadas, golpeadas y torturadas por parte de miembros del Estado Mexicano quienes las tomaron por ser sospechosas de colaborar con el crimen organizado. Mujeres que vivieron el peor calvario de sus vidas entre 2006 y 2015. Antes de salir de la cárcel, Magdalena fue contactada con la Comisión de Derechos Humanos de la Secretaría de Marina, quien quiso indemnizarla con US$5.000 tristes dólares. Cifra que no repara los abusos cometidos contra su integridad física y mental, y que no repara los 5 años y medio que pasó tras las rejas por un delito que no cometió.

El 23 de febrero de 2007, Ernestina Asencio, una mujer de 73 años oriunda de la sierra Zongolica en Veracruz, fue violada y golpeada por miembros del 63 Batallón de Infantería quienes realizaban una operación militar. Por la brutalidad de los ataques, Ernestina falleció.

Por otro lado, la violencia sexual contra las mujeres por parte de miembros del Estado no se centran en supuestas “colaboradoras” de los carteles de la droga. En junio de 2016, una investigación de Amnistía Internacional concluyó que de 100 mujeres encarceladas que entrevistaron, 72 de estas habían denunciado abuso sexual de las cuales 33 lo habían sido durante su arresto u horas posteriores. Cabe mencionar la manifestación de Atenco en 2006, donde el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, envió una gran fuerza policial a repeler la manifestación que dejó como saldo 2 muertos, uno de ellos menor de edad. En el altercado fueron detenidas numerosas personas, entre ellas 26 mujeres que fueron abusadas sexualmente por agentes del estado.

¿Y los grupos de autodefensas?

Esas situaciones distópicas (que a veces creo que más que distópicas o infernales, son la viva realidad de lo que es la existencia para nosotros los mortales), llevan a mujeres a tomar las armas para defenderse. Eso fue lo que pasó en Michoacán, donde mujeres oriundas de Tierra Caliente debieron tomar las armas como grupo de autodefensa para defenderse de los violentas incursiones de los miembros del Cartel Jalisco Nueva Generación que no solo están abusando sexualmente de sus pares, sino también están cegando la vida de sus hijos, hermanos, padres y/o esposos. El caso conocido a principios de este año por el medio sandiegouniontribune.comcifra a 40 mujeres que tomaron las armas.

Ante aquel acto de rebeldía contra la guerra dictada por hombres de los carteles de la droga, surgieron diversas declaraciones de agentes del Estado asegurando que estas tenían nexos con grupos delincuenciales como Los Viagras. El grupo de mujeres inmediatamente rechazó el vínculo y respondieron que están allí porque el ejército y la policía no hace presencia, además de que su único enemigo es el Cartel Jalisco Nueva Generación. Esto recuerda el caso de las mujeres que también en Michoacán se armaron para detener el avance del Cartel de los Caballeros Templarios en febrero de 2013.

Como último recurso en este compendio de tragedias, hay que mencionar el acto de memoria que se llevó a cabo el 7 de marzo del presente año a las afueras del Palacio Nacional, donde grupos de mujeres rayaron el eufemístico “muro de la paz” puesto por el presidente Andrés Manuel López Obrador (para evitar que rayaran las instalaciones del Gobierno) con nombres de víctimas de feminicidio en el país.

-César Zalamea

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 18/03/2021

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