PECES A LA CESTA

PECES A LA CESTA

 

“¡Señor, perdónalos, porque saben lo que hacen!”

-Karl Kraus

 

La coca cola ya está muy metida en nuestro sistema, frituras de cualquier tipo se desbaratan en el paladar de chicos y grandes, nuestra endeble piel se cubre con distintos textiles hechos al gusto o supuesto gusto de quienes las visten. Las cámaras del móvil nos permiten guardar  mensajes hacia la posteridad. Ahora nuestras manos dominan lo mismo computadores, como picos y palas. No cabe duda que la ganancia material, conceptual y cultural ha sido vasta. Sin embargo, los productos que en un principio fueron ideados para facilitar, mantener y acelerar nuestro desarrollo; ahora parecieran representar y/o hacer de estandartes para ser reconocidos entre los  individuos, todo esto con la búsqueda de hacernos resaltar como muestra de nuestro poder de adquisición. Aunque no sea un hecho total, sí que lo es generalizado. 
Las marcas que en un principio buscaban entrar en la competencia por facilitar el acceso  a todo el ciudadano, poco a poco fueron ganándose su lugar a base de ofertas, y de planes de mercado para destrozar a los posibles competidores. Una síntesis para ganarse la confianza e interés del consumidor. Y cuando se implantan en la escena global, se dispersan en tanto las fronteras y los lugares más recónditos lo permitan. Los modos en que lo hacen, podría resultar algo irrelevante cuando ya están implantadas hasta el tuétano en nuestros pueblos. Pero hay un abuso del que todavía podemos protegernos, quizá, el de la dominación mental. Esa creencia de que “El yo” es mejor en proporción a los  productos que adquiere.

               DAMOS VIDA AL JUEGO 
A la guerra comercial, le sucede la guerra por la posesión de las mentalidades. En una época totalmente capitalista se ha entendido que la única forma de sobresalir en el mundo, es a base de recibir la mayor remuneración por los servicios o capacidades ofrecidas. Y en efecto, no hay otro método hasta ahora que se sustente dentro del modelo capital. Las empresas  se engrandecen por medio de esquemas muy bien planificados que les ponderan para que estén presentes hasta en los sueños de los consumidores. Apoderándose del día a día, de la cotidianidad de los mismos, algo que en su génesis era aceptado  de  manera inconsciente  por las personas, pero que ahora parece ser aceptado de forma natural. Y cuando el pez  ha  mordido el anzuelo, es más fácil traerlo de manera indefinida a la cesta.  Así los peces nadamos entre la misma incertidumbre que nos planteó la existencia desde el primer momento en que nos mandó al estanque, pero de forma consoladora, estamos ahora acompañados de tecnologías que hacen un tanto más placentero ese mismo estanque del que SIEMPRE SEREMOS PARTE. 

            EL MAR ES CASA Y MUERTE
Los productos y tecnologías naturalmente tienen un precio, uno que de todas las formas posibles TODOS TERMINAMOS PAGANDO. Tanto los que se enorgullecen de gastar el esfuerzo de unos meses de trabajo en un lujoso auto o en un celular de última generación, así como quienes se encargan de la manufactura de esos productos. Eso sin hacer referencia a los impuestos  que hay en cada bien o producto. 
Haz este ejercicio, voltea a cualquier parte a tu alrededor, observa detenidamente lo primero que se te cruce en tu vista. Cuando hayas visto su estructura superficial, piensa en la historia que hay detrás de ese artículo o artefacto. Piensa que hubo gente trabajando en su proceso de formación, piensa que de todas las formas posibles, algo se tuvo que transformar o sacrificar para que tú, con tu poder adquisitivo, ya sea  bajo o alto, tuvieses la posibilidad de tenerle cerca. Transformamos de todo para todos, eso sí, siempre y cuando haya para, y cómo pagarlo.
Pieles, cutículas, plumas y pelajes, carnes, polímeros, extractos etc… etc… materias que se emplean para la manufactura de tantos productos. Es natural, como lo veas, es el tiempo que nos tocó en el pequeño océano histórico, escenario  donde  hay  mano de obra más barata, donde hay mejoras tecnológicas a pasos agigantados, donde hay incertidumbre económica, donde un mal paso te pude dejar en la ruina, donde los transportes te acercan a los rincones del mundo, donde por medio de la web puedes “sentir” a quien más quieres. Vamos, que el fin no es dejar de consumir, sino consumir con consciencia. Dejando de lado los idealismos de estatus que provee una marca de prestigio, piensa que así como te sirves de sus productos, también  les haces de maniquí parlante, dándoles promoción sin recibir un quinto.

¿enajenación o herramientas?

          LA PROFUNDIDAD DEL OCÉANO 
Envueltos en la trama del mercado, de las necesidades primarias y secundarias estamos todos, es el aquí, el ahora. De nada sirve criticar un hecho como la explotación laboral, ni la caza furtiva o la sobreexplotación de una área reservada; si pasamos matando de sobremanera a especies bovinas y acuáticas para llevar a nuestro platos. Inclusive al consumir la sanidad de los vegetales en el plato de  mesa, debemos tener en mente que ese hecho conlleva un precio alto para diferentes partes del entorno natural. Es lo más lógico, hace tiempo que la sustentabilidad se volvió mero idealismo retorico del mercado.
La trata de los vegetales, la sobreexplotación de los campos y las tierras despojadas por las grandes empresas de la industria de la alimentación, dejan en claro, y como escribí en líneas anteriores; que el fin no importa, la meta es apoderarse del mercado y sacar hasta donde se pueda de él. Esa ha sido la falla del mercado y los mercaderes del mundo, crear más, producir más, sin importar la forma y el para qué… Esto parece tratarse de aquellos acaudalados y sus competencias por tener el rancho más grande de la región, sólo que ahora se trata de apoderarse de naciones completas por medio del idioma monetario, mientras tanto se aceleran los planes para la primera expedición a Marte. ¿Ironía o simplemente condición humana?

 LA INVOLUCIÓN COMO MEDIO PARA EVOLUCIONAR

Con el paso de los siglos, en distintas etapas de la historia del ser humano, ha quedado demostrado que siempre habrán épocas doradas y turbias de sí mismo. Con la reciente catástrofe de la selva amazónica, pareciera ser que  los incendios se vieron incrementados  por un interés de territorio para la cría de ganado. ¿Quién lo sabe? ¿Quién lo asegura? Pasamos por la vida leyendo fuentes de otras fuentes para darnos una idea de los planes que llevan a cabo los que en verdad tienen control de naciones enteras. 
 Y es aquí donde la trama toma su constante finalidad: LA SUPUESTA SUPERVIVENCIA HUMANA.  La que parece gestionarse y continuar a partir de paradigmas que sirven de consuelo a la misma humanidad que los crea. En un mundo donde la practicidad es mejor recibida que los idealismos o las utopías. Se olvida y malentiende el intento que se produce en cada inventiva, en cada tecnología y en cada legislación y tratado que se pacta. Así mientras la capacidad humana frustra sus grandes intentos por encontrar la cura para diversas enfermedades mortales, al mismo tiempo pone todas sus capacidades de inventiva e indagación para crear productos mejores al del competidor. Todo ello en  un intento esperanzador por prolongar nuestro forzado camino hacia el destino que yace y siempre hará en el interior de nuestra naturaleza, siendo un compuesto más, ni mayor o menor, un compuesto más del universo. Uno que se mueve y crea, que se destruye y repara. Que compra y deshecha. Que paga y hace callar.
 

       

¿DONDE ESTÁ LA EVOLUCIÓN?

La evolución  está en todo, desde microorganismos que se adaptan y mutan para adaptarse mejor, hasta nuestra supuesta supremacía como humanidad. No podemos ver pasar solamente, así como así; los logros provocados por el ingenio humano. Desde corrientes del pensamiento, hasta fantasías y proyectos  hechos realidad. El descubrimiento del fuego y la ingesta de carnes permitieron ponderar y acelerar el desarrollo de la evolución y adaptación humanas. La seguridad de la caverna -y más adelante el modelaje de las mismas- ha permitido un descanso reparador en el que se originan los sueños y metas de cada individuo. En resumen, el paso lunar  que dio Neil Armstrong no es más que un esbozo  en la magnitud  del estruendo silencioso que antecede y sucede a la constante transformación del cosmos. 
No obstante desde que los pueblos se arraigaron en un territorio determinado, las pugnas por el mismo han sido atroces. Desde que la propiedad privada se estableció entre los individuos, cada vez nos hemos vuelto más desinteresados y egoístas con nuestros semejantes, claro está; hasta que vemos un beneficio en esos mismos semejantes. Pues dinero se volvió el medio y finalidad por el intercambio de productos, el medio y finalidad por el proceso de deshumanización. De todas las formas posibles, la deshumanización no es más que la muestra más fehaciente de nuestra humanidad. 
Para finalizar, todos consumimos y ponderamos la reproducción de los diversos productos y servicios, la carrera por “ganarnos” está presente en cada empresa, en cada mente ambiciosa y emprendedora. La cuestión está, no en el sentido que ellos quieran para nosotros, sino en el sentido que podemos darles a ellos y a sus productos. Todo está en lo que ellos quieren de nosotros, el dominio mental y conductual, ¿y si comenzamos a dominarlos nosotros? 

Gc
  

 Productos  Mercado  Humanidad  Empresas Marcas Estatus
 04/09/2019

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