Marine Le Pen es un peligro para la sociedad

Marine Le Pen es un peligro para la sociedad

Marine Le Pen es un peligro para la sociedad y posiblemente lo será para la humanidad si llega a la presidencia de uno de los países más importantes en el panorama económico y político mundial, Francia. Le Pen, hija del fascista reprimido Jean-Marie Le Pen, fundador y líder del extinto -le cambiaron el nombre- FN, Frente Nacional, es la viva imagen de que el fascismo junto a sus archivillanos del comunismo no mueren, se transforman. 

Le Pen, tan guapa como se vende en medios de comunicación es otra figura del cada vez creciente caudillismo fascista con tintes totalitarios que manchan el mundo como Trump, Santiago Abascal (quien ha insinuado que es mejor una dictadura fascista que cometa actos de lesa humanidad como la de Francisco Franco, que una democracia como la de Pedro Sánchez), Matteo Salvini, Víktor Orbán, Bolsonaro, Duque, Jussi Halla-aho, Alice Weidel y Alexander Gauland. Líderes que viven de una gran popularidad debido a que por medio de fake news y juegos continuos con el miedo de gente logran calar como salvadores cuando en la práctica pueden ser un peor remedio que la enfermedad.

Con ideas fascistas, islamófobas, homófobas, aporofóbicas y hasta racistas, Le Pen, ha estado detrás de la presidencia de Francia la cual se disputó en Segunda Vuelta en 2017 contra el actual presidente Emmanuel Macron, el niño consentido de Brigitte Marie-Claude Macron; y actualmente disputa el número 1 en intención de voto para las próximas elecciones presidenciales en 2022. 

Los fascistas de ayer son los fascistas de hoy y el mañana

Hace 86 años Hitler tras la muerte de Paul Hindenburg, se declaraba Führer des Deutsches Reiches, cargo supremo que tuvo hasta su suicidio en un búnker de Berlín el 30 de abril de 1945. Hitler, logró llegar lejos no solo por el apoyo económico de otros miembros del NSDAP y la inteligencia suprema de Goebbels, sino por todas las ideas que usó como estandarte: el antisemitismo, la crisis económica de la década, la raza superior. Jugando con el miedo a la inseguridad alimentaria, la pobreza, la economía, la ignorancia frente a la biología y el trágico resultado de la Gran Guerra y el Tratado de Versalles, logró calar muy dentro de la sociedad civil. Jugar con las emociones y los miedos logró que en 1932, el partido nazi lograra casi 14 millones de votos con 230 escaños en el parlamento. Lo demás es historia en la ESO.

El Partido Nazi logró con propaganda (aprovechándose del denominado Dolchstoßlegende diseminado por grupos ultraderechistas) algo que hasta el momento es objeto de estudio en psicología. Un lavado de cerebro tal que convirtió personas comunes y corrientes como son los judíos en unos monstruos que habían que ser eliminados sin piedad. Que si hacían rituales con niños en la edad media, que si eran los responsables de robos en las ciudades alemanas, que si son avaros, acaparadores, pícaros, etc. Cualquier desgracia debía ser atribuida a los judíos.

Aquellos éxitos populistas de antaño han sido de utilidad para los populistas mentirosos de la actualidad. Los fascistas del ayer tenían como chivo expiatorio a los judíos y los comunistas (estos últimos despreciables per sé), los fascistas de hoy continúan usando a los comunistas, sumando a culturas islámicas y comunidades vulnerables como migrantes y desplazados por la violencia. Claro, siempre y cuando sean pobres porque el fascista y racista sólo odia cuando entre aquellas “desgracias” el individuo/colectivo no tiene para comer: en fin, aporofobia en su máxima expresión. 

El fascista se reúne con políticos y empresarios de otro color y etnia siempre y cuando tenga dinero, siempre y cuando tenga un volumen generoso de propiedades repartidas en el mundo. El fascista ve como amigo al extranjero negro y ‘multiétnico’ si tiene para comer, si no lo tiene es basura que debe ser barrida de su nación. Claro está, la regla se salta si el target es homosexual, pues si tiene dinero y propiedades pero tiene “actitudes sodomitas” merece el desprecio total. Homofobia le llaman.

Lo anterior se vivió en 2016 cuando el entonces candidato Donald Trump no hacía más que lanzar basura a los mexicanos (que no eran más que un término para referirse a los latinos). Declaraciones que citaban que los problemas del país del norte como la prostitución, las drogas y la violencia eran propiciados por los latinos. Argumentos baratos como que los latinos le quitaban el pan de la boca a la gente, el trabajo, la salud, cuando los migrantes latinoamericanos y de diferentes partes del mundo han llevado a Estados Unidos a lo que es hoy en día.

Algo similar sucedió en 2018 cuando el entonces candidato presidencial Jair Bolsonaro acusaba a los votantes del Partido de los Trabajadores de ser los causantes de todos los males del país, negando así el crecimiento económico que tuvo Brasil durante la época Lula y cómo este último sacó de la pobreza a 28 millones de personas. Tres quintas partes de la población Colombiana. También ya que nombro a Colombia y, hablando de mentiras infundadas, la victoria del ‘No’ al plebiscito por la paz de 2016 que permitió una radical modificación a los acuerdos de paz del Gobierno Colombiano con la extinta guerrilla de las FARC es una muestra de lo que el miedo y la manipulación pueden lograr. Y ya que estamos, nombraré también la victoria de Iván Duque en 2018 con mentiras bajas como que si ganaba Gustavo Petro llegaría el ‘castrochavismo’ cuando Duque es la viva imagen de lo que es el Castrismo para Cuba y el Chavismo (Madurismo) para Venezuela, dictadura. 

Un ejemplo del actuar populista con tinte fascista es más o menos lo reproducido en la serie de superhéroes de Amazon Prime, The Boys, donde Vought International no hace más que crear supervillanos y el ‘fantasma’ de ellos con el objetivo de mantener vigentes a sus superhéroes, unos malditos desquiciados, para que como protectores de los Estados Unidos sean amados por la población civil la cual teme morir a manos de un “terrorista”. Vamos, que si no puedes generar terror directo contra tus propios ciudadanos como dice El Príncipe de Maquiavelo, hay que crear un enemigo, atacarlo y destruirlo para que te amen. Un trucazo. 

Le Pen, una fascista de cuidado

Tal cual cité, Marine Le Pen es otra más del grupo de locos que pareciese quieren dominar el mundo para que la democracia, la justicia y el progresismo no los hundan en el más absoluto olvido. Le Pen es hija del polémico político, negacionista del Holocausto Nazi, y líder fundador del partido nacionalista ultraderechista Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, quien ha sido acusado en numerosas ocasiones de xenofóbico por declaraciones contra los migrantes provenientes de países islámicos. (Lea también)

Marine Le Pen no es nueva en el panorama político, sus pinitos los hizo desde finales de los 90’ siendo popularmente conocida cuando en 2011 su padre la dejó al cargo de la presidencia del partido político que comandaba desde los 70’s. Medida que se habría tomado por el retiro político de Jen-Marie, aunque todos sabemos que se hizo por una renovación política del partido para no morir en el olvido.

Marine Le Pen, como otros camaleones fascistas y comunistas saben cómo mimetizarse con su entorno. Mimetizarse para no perder electores ante la apertura, aceptación y ‘tolerancia’ hacia las diferencias de otras personas. Por esta razón mitades de los 2000 Le Pen se mostró abierta al feminismo, incluyendo en las listas políticas para candidatos populares a más mujeres que hombres. Una de sus mayores consignas es “defender a las mujeres francesas” -porque claro, hay que defender a las mujeres sólo si son de tu patria, chavala-, defenderlas de ciertos hombres con actitudes machistas y cómo no, de amenazas extranjeras: el fundamentalismo islámico. Declaraciones que no han sido bien recibidas porque más allá de mostrarse feminista y ‘aliade’ se muestran hipócritas frente a declaraciones absurdas como la realizada en la última semana de octubre de 2020: prohibir los velos islámicos en espacios públicos (burqas, pásminas, hijab). Porque claro, todos sabemos que los terroristas no usan pasamontañas, sino burqas para no ver un carajo. Aquellas declaraciones también han hecho reavivar otras como la declaratoria de guerra contra el islamismo como ‘ideología’ que propuso hace unos años, solicitando que sea declarada en Francia como ilegal, que se cierren las mezquitas y cómo no, que esos malditos extranjeros sean expulsados. Porque claro, todos sabemos que el vecino del locutorio asiático o africano, practicante del Islam, es un potencial terrorista. (Vea también)

Algo muy similar pasa con las comunidades LGBTI. Le Pen, a pesar de lo mucho que nos repugne es una mujer muy inteligente, demasiado. Muy por el contrario a lo que hacen partidos como Vox en España, donde gente como Abascal no hace más que pegarse tiros en los pies y llorar públicamente en Twitter, Le Pen se muestra ‘family friendly’ con las comunidades LGBTI.  Precisamente fue lo que sucedió en las elecciones parlamentarias europeas de 2019, donde el partido de Le Pen (quien modificó el nombre de FN por el de Rassemblement National, RN {la misma organización, con otro nombre y la misma maldad}) obtuvo el 23,31% de los votos a comparación del 22% del partido En Marche! de Emmanuel Macron; votación que en gran porcentaje fue gracias a comunidades LGBTI quienes se sienten inequívocamente respaldados por Le Pen y uno de sus compañeros de partido abiertamente homosexual, Matthieu Chartraire. Aquel apoyo abierto a miembros LGBTI de su partido y declaraciones en contra de la homofobia islámica en países de Asia y África la han popularizado entre las comunidades homosexuales quienes creen que Le Pen los ama y los defenderá políticamente frente a sus derechos constitucionales. Precisamente esas declaraciones islamófobas tachando de fundamentalistas y retógrados a todos los musulmanes ha llevado a que el partido de Le Pen o el de Abascal en España, Vox, haga sentir representados a comunidades feministas y LGBTI quienes erróneamente piensan que aquellos partidos evitarán la llegada del islam a sus territorios, absurdo.

Lo cierto es que aunque se muestre respetuosa ella y su familia siempre han tenido actitudes homofóbicas. Jean-Marie años atrás había declarado que la homosexualidad era “desviación biológica”. Como dato de color, su sobrina Marion Maréchal-Le Pen aseguró en 2017 que de ganar Marine Le Pen las elecciones de aquel año (que por fortuna no lo hizo) derogaría el derecho al matrimonio homosexual y que ella misma sería garante de la promesa. 

Al drama populista de Le Pen se suma sus nexos con el grupo neofascista y nacionalista Group Unión Défense, el cual surgió a principios de los años 70’s reivindicando el nacionalismo Francés.  El grupo ha sido altamente criticado y catalogado además de neofascista como neonazi debido a sus declaraciones y actos públicos contra políticos y partidos de izquierda, comunistas, comunidades LGBTI, inmigrantes, extranjeros, pero sobre todo contra las comunidades islámicas lo cual indirectamente (entre muchas otra cosas, claro está) ha generado un odio por parte de grupos terroristas fundamentalistas islámicos como ISIS hacia territorio francés. Odio que llevó a numerosos atentados como el de Charlie Hebdo o el realizado el 13 de noviembre de 2015 en Saint Denis, el Teatro Bataclán, Le Petit Cambodge y Le Carrillon, La Casa Nostra y Bonne Bière, La Belle Équipe y Le Comptoir Voltaire que dejaron más de 130 civiles muertos.

Su relación con el GUD y otro grupo de colectivos neofascistas ha sido fuertemente criticado e investigado por periodistas, entre ellos Mathias Destal y Marine Turchi quienes publicaron el libro “Marine est au courant de tout“ en el que no solo desvelan el amor de ella y su familia por el dinero y los negocios, sino cómo se han mimetizado para ser aceptados por diversos grupos de personas aún cuando en el pasado han ido de fascistas, racistas y homofóbicos. El libro también habla de la relación de Le Pen con Frédéric Chatillon y Axel Loustau, quienes han sido abiertamente neonazis. 

Llegados a este punto uno se pregunta, ¿qué haría Le Pen de ser elegida presidenta en Francia? ¿Acabaría con la imagen libertaria e igualitaria del país? haría un ‘Brexit’ (Frexit) francés? ¿Rompería relaciones con países considerados diseminadores de potenciales terroristas? ¿Quitará el matrimonio homosexual? ¿Prohibirá el aborto en todas sus expresiones? ¿Perseguirá inmigrantes como hace Trump? 

Evidentemente no lo sé y espero jamás llegue el día en que alguien como Le Pen tome las riendas de Francia y otros similares y afines tomen las riendas de países de peso en el mundo, tal cual sucedió con la llegada de un loco ignorante (pero inteligente) a los Estados Unidos.

-César Zalamea. 

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 05/11/2020

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