Los héroes que callan el hambre en Bogotá

Los héroes que callan el hambre en Bogotá

Mientras avanzan los contagios por Covid-19 en Colombia, la retrasa la reapertura económica, hay ausencia de testeos y se hacen los ‘locos’ con la contención del virus en zonas críticas; en Bogotá, la ‘ciudad de las oportunidades’, varias personas y colectivos se juegan el todo por el todo para apoyar a los marginados, a quienes en sociedades como la capitalina, no tienen voz ni voto.

Hoy traigo la historia del denominado ‘FrayÑero’ quien lleva varios años luchando por alimentar habitantes de calle del centro de la ciudad, y que en medio de la coyuntura por el Covid-19 sacó las garras para no dejar a aquellos seres humanos sin un plato de comida. Por otro lado, el colectivo ‘Dejémonos de Gurbias’, el cual siendo una mezcla de diferentes grupos entre los que hay feministas, comunidades LGBTI y animalistas, han entregado a estas alturas en el sur de Bogotá más de 1500 mercados a familias vulnerables afectadas en la pandemia del coronavirus. Estas son las historias:

 

“Dejémonos de Gurbias”

Cuando se decretó la emergencia sanitaria por el Covid-19 y el aislamiento preventivo obligatorio en la ciudad, la Alcaldesa Claudia López y voceros del Gobierno Nacional de Iván Duque anunciaron que harían todo para proporcionar la alimentación de los capitalinos, el cual es un derecho fundamental. En Bogotá, una ciudad de 7.4 millones de personas, el 42% (para 2018), trabaja en la informalidad según datos del DANE, es decir viven para el día a día. A estas cifras se debe sumar un porcentaje indeterminado de trabajadoras sexuales, personas con trabajos inestables (trabajadores sin contrato en clubes nocturnos, cargueros, entre otros, que no son contabilizados en las cifras de informalidad), desempleados y migrantes extranjeros quienes buscaron refugio del hambre que se vive en Venezuela. Como me cuestioné en mi artículo "La cuarentena del hambre en América Latina" (el cual puedes leer aquí en Marginal.TV), ¿cómo el DANE, que no ha podido determinar si somos 46, 47 o 48 millones de personas en todo el país, va a poder determinar cuánta gente está en riesgo de padecer hambre en Bogotá? ¿Cómo se va a llegar a determinar cuánta gente está en riesgo si gran parte de ellos no hace parte de ningún mísero programa social donde mensualmente se entregan 40.000 pesos (USD$11,5 dólares)?

Por esas primeras fechas de cuarentena, el distrito y el Gobierno anunció dinero a familias vulnerables, los cuales en un gran porcentaje nunca les llegó (sea porque no hacían parte de esos programas sociales, porque el Gobierno no tenía conocimiento de su situación económica y social o bien porque acá todo se lo roban). A otros quienes supuestamente les llegó, como a numerosos adultos mayores quienes no podían reclamar el dinero por un SMS de confirmación que nunca llegó (el cual debe ser entregado en los almacenes de cadena para recibir el “subsidio”.). Mientras aquellas medidas económicas se anunciaban con pompa, el problema de la inanición en Bogotá crecía y crecía… dejando en riesgo de hambre a más y más...

Pasados los primeros días, el desespero por el hambre y la incertidumbre creció tanto que muchos tuvieron que salir a trabajar arriesgándose no solo a contagiarse de Covid-19 sino a padecer una multa por parte de las autoridades capitalinas. Otros, quienes acudieron al “trapo rojo”, esperaban una mano amiga que les ayudase en aquellas dificultades y otros tantos a redes sociales donde por fortuna varias personas recibieron donaciones de anónimos. Los más corajudos y desesperados, en localidades como Suba y Ciudad Bolívar, tuvieron que salir a manifestarse para exigir comida. ¡Tenemos hambre! Eran una de las tantas consignas mientras la mejor solución que pudo dar la alcaldía de la ‘alternativa’ Claudia López fue enviarles al Esmad. Lo mejor para la hambruna, la violencia y la represión.

Por todo lo anterior, y ante la indiferencia estatal, diferentes asociaciones, grupos y colectivos sociales, entre los que se encuentran el Cabildo Indígena de la localidad de Suba, realizaron colectas para llevar a los más necesitados de la localidad un pequeño mercado que ayudara a mitigar el hambre las primeras semanas de la cuarentena. Otros pequeños (pero no menos importantes) realizaron colectas con los más estables económicamente de sus barrios y localidades, para mitigar el hambre de sus vecinos. Otro más, y el que nos compete en este pequeño artículo, es el denominado “Dejémonos de Gurbias” (Gurbia: entendido coloquialmente como el sonido que se produce en el estómago cuando un individuo tiene hambre), producto de la colectividad de organizaciones como la Fundación Liberación Animal, el Colectivo Feminista Útero Goloso y la Agencia Colombiana Spirit, el cual nació con el objetivo de cesar el hambre en la ciudad, enfocándose en las localidades de Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Santafé y llegando a otras como Engativá.

Paula Casas, activista, animalista y feminista, miembro del colectivo, en entrevista para “Directo Aretz”, aseguró que, tras haber tocado puertas en alcaldías locales de Bogotá, decidieron pasar de la indignación a la acción con cuatro puntos fundamentales y uno adicional. El primero es la colecta económica para la compra de alimentos en supermercados para ‘armar’ pequeñas bolsas con víveres de primera necesidad para familias vulnerables. El segundo, la recolección de alimentos de rápida caducidad (frutas, verduras y hortalizas), por medio de comerciantes de plazas de mercado; alimentos que finalmente iban a ser tirados a la basura por falta de compradores (según datos del Departamento Nacional de Planeación para 2019, sólo en Bogotá, se pierden y desperdician 1,3 millones de toneladas de alimentos al año); alimentos que se entregarían junto a las primeras bolsas de víveres. Tercero, la atención a animales de compañía, consiguiendo medicinas y cirugías de esterilización.  Cuarto, las denominadas ‘ollas comunitarias’ (de las cuales se han realizado 6 hasta la fecha), que buscan brindar un plato de comida caliente no solo para capitalinos y desplazados por la violencia, sino también para migrantes venezolanos. El quinto punto, el adicional, la entrega de textos y cartillas gratuitas con el único objetivo de compartir cultura.

Debido al miedo que muchas personas tienen a donar dinero o alimentos por inescrupulosos que se aprovechan de contingencias como la del Covid-19, Paula, asegura que, a los donantes de dinero y especie, no solo se les invita a participar en la compra, recolección y entrega de alimentos para las familias vulnerables, sino que también se entrega material fotográfico, videográfico y certificados que evidencia la transparencia de la organización. En estos tres meses, según palabras de Paula, ya han pasado los 1.500 mercados y se espera hacer todos los esfuerzos para duplicar la cifra. Cabe destacar que esto no sería posible sin el apoyo de iniciativas como Palabra Andina de Pablo Peregrino y Jaibaná, El Laboratorio Creativo Orfeo de Alfonso José Venegas, el Bicimercado Campesino, DCM divisiones, Somos Maíz, Parchemos Contra el Covid desde Barcelona y Colectivo Archipiélago.

Para apoyar esta hermosa iniciativa se pueden comunicar en redes sociales al Facebook “Dejémonosdegurbias” o realizar donaciones por medio de Daviplata o Nequi al número +57 304-552-2651.

 

La verdadera misericordia de 'FrayÑero'

En un mundo donde se conoce más una tipa que bebe saliva de sus amigos, y que ‘presuntamente’ no entrega los premios de sus GiveWay, que, a seres de buen corazón, se encuentra Gabriel Gutiérrez, un sacerdote franciscano conocido popularmente en Bogotá como ‘FrayÑero’. Un mote que proviene de la combinación del término Fray (tratamiento de fraile) y ‘Ñero’, término coloquial al cual se conoce a los gamines, al que proviene del vulgo, la plebe, aunque en esta oportunidad hace referencia a los habitantes de calle, al vulgarmente conocido “indigente”. Los habitantes de la calle, quien para muchos son solo escoria social, son seres sintientes con derechos. Seres que merecen una vida digna. Hay muchos que acabaron en las calles por adversidades económicas, problemas sociales como la drogadicción, la desigualdad y la guerra, otros tantos por elección propia. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) para 2018, 62 millones de personas viven en una situación de extrema pobreza rayando en la indigencia. Sólo en Bogotá, según las cifras del DANE, hay 9.538 personas en condición de ciudadanos de calle.

Tras la intervención de la denominada ‘Calle del Bronx’, en Bogotá en mayo de 2016 Gabriel inició su travesía humanista. Por la intervención, centenas de habitantes de calle de diseminaron por diferentes partes de Bogotá, la mayoría en el caño de Los Comuneros en la calle 6ª, quienes montaron cambuches para subsistir en la dura capital. Allí, el 30 de julio de aquel año, por la indiferencia de tantos ciudadanos decidió ingresar y empezar a relacionarse directamente con los habitantes de calle quienes a principio lo miraron con recelo por temor a que este fuese un “infiltrado”. Allí, entre el mal olor y la suciedad de la “olla”, se ganó la confianza de los olvidados y empezó su plan para ayudarlos.

Desde aquella fecha y hasta el día de hoy, el ya bautizado como ‘FrayÑero’ por parte de los habitantes de calle, se despierta muy temprano para a las 7 de la mañana empezar un recorrido por diferentes partes del centro de Bogotá, entre ellos el centro religioso de la Orden Franciscana y el Parque Metropolitano Tercer Milenio, para repartir un pequeño desayuno a cientos de habitantes de calle el cual consiste en un vaso de agua de panela con un par de panes. A pesar de la multitud y de pequeños altercados que se producen en medio de las filas, esto no detiene al fraile quien es la salvación para muchos quienes para ese pequeño alimento será lo único decente que comerán el resto del día. Cuando la multitud sobrepasa el límite que puede repartir, el fraile recurre a panaderías o restaurantes vecinos que con buena voluntad ayudan a solucionar el inconveniente. Ser como San Francisco de Asís fue su decisión y hace todo lo posible para ayudar a sus prójimos olvidados e ignorados por la sociedad. A sus prójimos quienes han sido por años brutalmente asesinados con “técnicas” como la incineración, estrangulamiento o palizas por colectivos de ultra derecha, financiados por grandes empresarios que los ven como basura, como esa ‘escoria’ que hay que limpiar de Bogotá y otras partes del país.

Tras dos años de lucha, ‘FrayÑero’ logra con mucho esfuerzo sacar adelante la carta fundacional de su pequeña fundación llamada Callejeros de la Misericordia la cual ha buscado más ayudas para los habitantes de calle, comunidades LGBTI, víctimas de la violencia y migrantes ilegales, a quienes este hombre se les convirtió en un ángel. Una de las tantas acciones que llevó a cabo el Fraile, fue en 2017, año en el que tuvo la oportunidad de organizar junto a la Policía Nacional y un pequeño grupo de empresas, una fiesta para que 2000 habitantes de calle despidieran el año. Tamales, jornada de salud, cortes de cabello y baños, entrega de pequeños detalles y ropa, fueron algunos de los presentes adicionales que recibieron los habitantes de calle quienes disfrutaron de un día como pocos. Adicional a esto, el fraile ha hecho grandes amistades a quienes cuida y protege, y en tristes ocasiones ha tenido que despedir. Como a su gran amigo, un célebre habitante de calle llamado el General Sandúa, quien murió producto de una sepsis urinaria en mayo del presente año y de quien por la pandemia del Covid-19 no se pudo despedir.

Precisamente, por el Covid-19 quien ha aumentado la pobreza y la hambruna en la cuidad, el Fraile ha pedido ayuda a diferentes almas caritativas, quienes en su poder tienen la facultad de ayudar a decenas de personas que día a día caen en el círculo de la inanición y quien para él es difícil ayudar debido a que se desdobla para socorrer a sus amigos, los casi 2000 habitantes de calle de la zona. A pesar de todo, incluyendo el virus que amenaza su vida y la de todos en el mundo, el fraile continúa saliendo y sin falta reparte los alimentos, eso sí, sin descuidarse usando un tapaboca en rostro.

Esperemos que la vida le de muchos años y mucha salud al Fraile para continuar ayudando a aquellos quienes que, como los protagonistas del libro de María Soledad Rico Sanín, padecen de “El delito de existir”.

Para apoyar la hermosa iniciativa del ‘FrayÑero’, y quienes quieran apoyar en la colecta para la construcción de un centro que permita la estancia de habitantes de calle y sus mascotas, se pueden comunicar al mail fcallejerosdelamisericordia@gmail.com , al número +57 313 6134468 o en la página web www.callejerosdelamisericordia.org 

César Zalamea.

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 16/07/2020

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