Los adalides de la moral quemando libros

Los adalides de la moral quemando libros

La quema y destrucción de libros y bibliotecas enteras ha sido una práctica habitual a lo largo de la historia de la humanidad: casos como el narrado en el Papiro de Ipuur que narra la quema de un gran número de bibliotecas durante el primer ‘intermedio de Egipto’ entre 2175 y 2040 a.C.; la quema de la Biblioteca de Alejandría (posiblemente impulsado por el obispo Teófilo o el califa Omar); la quema de la Biblioteca de Trípoli durante el sitio realizado por los cruzados en 1099; la destrucción final (tras tantos incendios en años anteriores) de la Biblioteca Imperial de Constantinopla, durante la conquista de la ciudad en 1453; la destrucción parcial de la Biblioteca Nacional de Perú entre 1823 y 1824 durante la guerra de independencia, perpetrado por los españoles, y la posterior quema, destruyéndola casi por completo en 1881 durante la Guerra del Pacífico, perpetrado por tropas del ejército chileno; la destrucción de la Biblioteca Nacional de Sarajevo a finales de 1992 por parte del ejército Serbio-Bosnio; y más reciente, la quema de la Biblioteca Nacional de Irak, crimen cultural que aún no ha tenido justicia pues se desconoce los nombres y apellidos de los responsables.

Uno de los mayores ‘libroricidios’ de la historia lo llevó a cabo el Nazismo en 1933, cuando miembros del partido recogieron de diferentes bibliotecas públicas y privadas, libros que quemaron en una gran hoguera. Autores como Ernst Bloch, Trotski y Lenin, Max Brod, Otto Dix, Albert Einstein, Rosa Luxemburg, Heinrich Mann y Kaus Mann, André Gide, Marx, Carl Von Ossietzky (a quien le debo un blog en su honor), Ludwig Renn, Tucholsky, Romain Rolland, entre muchos otros.

Los libros como puerta hacia el conocimiento son un enemigo potencial para aquellos colectivos que buscan perpetuarse en el poder, buscando eliminar cualquier idea contraria a la suya que pueda calar profundamente en la sociedad. La quema y destrucción de libros y bibliotecas, es promovida generalmente por líderes o sociedades políticas y religiosas con ideologías radicales, quienes se hacen ver ante el mundo como adalides de la moral que luchan en pro de un mundo mejor. En el caso latinoamericano los censuradores vestidos de adalides abundan.

Argentina

Durante la dictadura militar argentina denominada ‘Proceso de Reorganización Nacional’ entre 1976 y 1983 (sí, la misma dictadura que desapareció a 30.000 personas, secuestró, torturó y asesinó a miles de personas, entre ellas niños), quemó alrededor de 1.000.000 libros, al mejor estilo de la Alemania Nazi. La primera quema se produjo en abril de 1976 en la provincia de Córdoba. El teniente primero Manuel Carmelo Barceló recorrió la biblioteca de la escuela secundaria comercial “Manuel Belgrano”, seleccionó 19 libros entre los que había autores como Marx y Engels, encendió una fogata y los quemó. En esa misma escuela, días después desaparecieron 12 estudiantes.

Para esa fecha, el general Luciano Benjamín Menéndez ordenó otra quema masiva de libros que habían sido robadas de bibliotecas y entidades escolares en días previos. Jorge Eduardo Gorleri, Jefe del Regimiento de Infantería Aerotransportada 14 del Comando del III Cuerpo del Ejército, en días posteriores, ordenó la quema de aquellos libros entre los que se encontraban autores como Marx, Trotsky, Gabriel García Márquez, Sartre, Bayer, Cortázar, Saint-Exupery (sí, así de subnormales eran), Engels, Freud, entre muchos otros.

El destino de recursos de la dictadura en la quema y destrucción de material bibliográfico fue el objetivo de un genocidio cultural para evitar la caída de su poder. En él no sólo quemaron libros generales y ensayos, sino literatura de todo tipo, incluyendo la infantil, en la que se persiguió libros como ‘un elefante ocupa mucho espacio’ de Elsa Bornemann, en el que se hablaba sobre una huelga de animales.

Las quemas fueron tan masivas (porque los militares obligaban a la ciudadanía a ver aquel genocidio cultural) que se popularizaron teorías como que los militares eran ‘brutos’, pues se dice que el libro ‘la cuba electrolítica’, el cual es un libro de física, fue censurado porque contenía la palabra ‘cuba’ el cual no hacía referencia al país caribeño sino a un recipiente rectangular para operaciones químicas.

 

Colombia

En Colombia, numerosos colectivos conservadores (quienes han enarbolado por años la lucha contra la censura del castro-chavismo-comunista-homosexualizador) han realizado quemas de libros. Uno de los pintorescos personajes de esa nefasta comunidad es Alejandro Ordoñez, quien fue el 12º Procurador de la República de Colombia durante 2009 y 2016 y precandidato a la Presidencia del país. Ordoñez es uno de los políticos más radicales del país –si pudiese anexarse en el espectro político, sería de ultra, ultra, pero ultra derecha, el primero de todos-, un ser amado por pocos y despreciado por muchos, no solo por luchar ferozmente contra los derechos de las comunidades LGBTI; haber destituido –aparentemente- de manera injusta al excandidato presidencial Gustavo Petro, como alcalde de la ciudad de Bogotá en 2013; estar en contra de la eutanasia; pedir a la Corte Constitucional que se prohíba en los colegios besarse, abrazarse o cualquier acto de cariño; declararse aficionado del deplorable acto de la Tauromaquia; estar en contra de la despenalización de la dosis mínima de alucinógenos; y luchar en contra del proceso de paz del país que a regañadientes muchos conservadores han aceptado que ha reducido en un gran porcentaje las muertes en combate del país.

Ordoñez no solo es conocido por lo anterior, sino por haber participado junto a la nefasta Hermandad San Pío X, en la quema colectiva de libros y revistas de la biblioteca pública de Bucaramanga, Gabriel Turbay, donde redujeron a cenizas libros de Descartes, Rousseau, Marx, Freud, y del colombiano Gabriel García Márquez.

Lamentablemente este periplo de subnormales ‘libroricidas’ no llega hasta aquí; en el país a lo largo de su historia se prohibieron por parte del Imperio Español, la Iglesia Católica (con el apoyo de políticos como Rafael Núñez, quien fue presidente y compuso el Himno Nacional que suena hasta nuestros días), más de 2000 libros entre los que se encuentran autores como Darwin (con su Origen de las Especies), Voltaire, Rousseau, Defoe, Dumas, Vargas Vila, Jorge Isaacs, el gran Nietzsche.

Perú

En el Perú, al igual que en otros países latinoamericanos, se vivieron diferentes censuras y quemas de libros a lo largo de su historia. En 1881 se produjo la más grave y conocida por todas (que anteriormente narré), no obstante, en 1967, siendo un suceso relativamente cercano, funcionarios del Correo de Lima, entidad adscrita al Ministerio del Gobierno, durante la presidencia de Fernando Belaúnde Terry, quemaron más de 500 títulos que tenían ideología ‘comunista’. Entre los autores quemados estaban Marx, Gilmore, K.S. Karol, Althuser, Burchett, las biografías de Lenin, Stalin y Trotsky, entre otras.

Chile

Tras el Golpe de Estado propinado por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 y la posterior designación de la Junta Militar como su comandante en jefe, este prohibió todo tipo de derechos civiles y políticos y ordenó la detención y judicialización de partidarios de izquierda.

La dictadura, además de reprimir, secuestrar, torturar y asesinar a todos aquellos que no pensaran como sus partidarios, decidieron realizar un genocidio cultural, atacando de esa manera las ideologías de izquierda desde su seno literario. Los primeros libros en ser arrebatados y posteriormente quemados fueron “El Capital”, “El Manifiesto del Partido Comunista” y “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”. En las Torres de San Borja, un conjunto de edificios en Santiago, se televisó la quema de libros que eran considerados de ideología de izquierda. Esa difusión televisiva sirvió para que centenas de personas que poseían aquellos libros los quemaran por miedo a ser encarcelados o torturados por el régimen de Pinochet.

Entre los libros quemados se encontraron también los de Pablo Neruda, siendo su casa en Santiago saqueada después del golpe militar. La persecución que vivió Neruda en sus últimos años de vida se dio por la cercanía que tuvo con el expresidente Salvador Allende. Libros sobre el cubismo, tal cual sucedió en Argentina, también fueron incinerados por los ‘brutos’ de los ‘milicos’.

 

 

México

La quema de manuscritos en México se remonta a la conquista, donde los españoles, en especial el cronista, historiador y sacerdote católico, Diego de Landa, quemaron centenas de textos mayas y de otras tribus indígenas, en el cual registraban su historia, sus tradiciones y culturas. Si bien se presentaron siglos después quemas de libros y manuscritos, ninguna de estas fue masiva, sólo pequeños locos que intentaron sin apoyo popular alguno erradicar una idea.

Si bien en la mayoría de casos narrados anteriormente, las quemas de textos se han presentado hace más de 20 años, en México, ‘lindo y querido’ las cosas tienden a resucitar. El sábado 7 de diciembre de 2019, las feministas radicales, vulgarmente denominadas ‘feminazis’, quemaron a las afueras de la Feria Internacional de Libro de Guadalajara, decenas de libros de autores señalados de acoso sexual y libros que ayudan “supuestamente” a personas de la comunidad LGBTI a dejar “su forma de vida”.

España y otros hispanoparlantes

En el territorio que hoy conocemos como España se han presentado decenas de quemas de libros y manuscritos durante siglos; no obstante, los más conocidos y repudiados fueron los realizados por la iglesia católica durante el oscurantismo.

En la España ‘moderna’, en plena Guerra Civil y la posterior dictadura de Francisco Franco, se quemaron y destruyeron miles de libros que amenazaban las ideologías fascistas de los militares sublevados. No solo se quemaron libros comunistas sino ficciones que hacían alegoría al separatismo, la libertad, el ateísmo, ‘pseudocientíficos’ en los que fueron incluidos libros de Freud y ‘pornográficos’ en el que había libros con desnudos parciales o totales. En 1979, durante la batalla de Valencia, un grupo de blaveros quemaron libros que fueron considerados ‘catalanistas’ en la Plaza de Manises.

En Paraguay, en 2017, el Ministro de Educación de entonces, Enrique Riera Escudero, instó a las organizaciones en contra de la denominada ‘ideología de género’ (el cuento chino que asegura la existencia de una organización internacional para adoctrinar a menores de edad y convertirlos en homosexuales), aseguró que quemaría, de ser necesario, libros que promuevan la homosexualidad, el rayo homosexualizador.

 

-César Zalamea.

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