Libertad de expresión (II): El “holocuento” y los “revisionistas históricos”

Libertad de expresión (II): El “holocuento” y los “revisionistas históricos”

En la primera parte de la serie sobre la libertad de expresión, veíamos que esta a pesar de ser un derecho con el que todos nacemos y del cual podemos recurrir siempre que queramos, tiene límites. Fronteras que evitan que inescrupulosos la usen para pasar por encima de terceros y atenten contra la propia libertad de expresión.

Precisamente uno de los grandes límites que ponen las sociedades modernas a los intolerantes es vetar a quienes tengan la desfachatez de promover la negación del Holocausto Nazi y cualquier tipo de genocidio en masa. Como conté en el artículo ‘Los negacionistas del Holocausto Nazi’ (el cual puedes leer aquí en Marginal.TV), aquellos sujetos que niegan tan multitudinario genocidio propiciado por el nazismo, son miles y lamentablemente crecen con el pasar del tiempo. No importa el volumen de imágenes, vídeos, audios, relatos orales o escritos, encomiendas, cartas, museos y la presencia de lugares denominados ‘campo santo’; hay quienes consideran que es un invento de la élite mundial para superponer a los “viles” judíos sobre los demás mortales. Según la retorcida imaginación de quienes creen aquellas teorías conspirativas, los Judíos no son más que los dueños del mundo. Quienes deciden qué voy a almorzar hoy.

El tema de los negacionistas del Holocausto parece ser un tema que logra lo imposible: Unir a extremistas de izquierda y a extremistas de derecha en una sola voz. Por una parte, los ultraderechistas miembros o no de grupos supremacistas, fascistas o neonazis con ideas antisemitas y antiglobalización, y por otro, ultraizquierdistas miembros o no de grupos al margen de la ley (grupos terroristas como Hamas, ISIS o Al-Qaeda) también con ideas antisemitas y antiglobalización. Estos dos extremos que irónicamente terminan tocándose, utilizan mensajes racistas para diseminar a través del lenguaje un odio visceral contra uno de los grupos poblaciones, religiosos y culturales más golpeados en la historia. (Nota: hay quienes al leer el anterior fragmento argumenten que no importa el antisemitismo, pues Israel emplea una violencia casi sistemática contra los palestinos {aunque estos últimos también la emplean contra los primeros}. Independientemente de aquella violencia contra gente inocente, el tema aquí es el antisemitismo no la cuestión palestina). (Lea también: La violencia palestina)

En países como Francia, Alemania, Bélgica y Suiza, negar el holocausto es un delito que se paga con multa y cárcel. Por citar un ejemplo, quien se atreva a negar el holocausto en Francia podría ser multado por hasta 45.000 € y en casos extremos un año de cárcel. En otros países del mundo, el veto se realiza sólo a los más radicales, llevándolos a juicio por incitación al odio racial. Cabe aclarar que el negacionismo del holocausto nazi no es ilegal per sé. Cualquier individuo en cualquier parte del mundo puede pensar, discutir y dudar parcial o totalmente del holocausto empleado por el Tercer Reich contra 9 millones de personas (judíos, gitanos, negros, homosexuales, entre otros). Lo que sí es ilegal es usar mentiras y montajes para generar eco en aquellos argumentos, además de usarla como herramienta para lucrarse desdibujando la memoria de quienes perdieron la vida directa e indirectamente por el holocausto.

Un ejemplo famoso de mentiras, engaños y montajes fue el realizado por el supuesto historiador británico David Irving, quien perdió un juicio contra la historiadora (esta sí lo es) estadounidense Deborah Lipstadt y la editorial Penguin Books el 11 de abril de 2000. El popular caso de ‘Irving vs Lipstadt y otros’ se debió a que el supuesto historiador denunció en 1997 a Lipstadt y la editorial Penguin Books por presuntamente haberlo difamado y tratarle de negacionista del holocausto nazi -cuando este se considera revisionista-. Las supuestas calumnias fueron sacadas del libro “Denying the Holocaust: The Growing Assault on Truth and Memory”, publicado por Lipstadt en 1993. En el libro, Lipstadt asegura que Irving era de los voceros más peligrosos del negacionismo del holocausto, y lo denuncia de haber falsificado, manipulado y distorsionado documentos reales, además de ser presuntamente un fanático extremista. La demanda por difamación, llevada a cabo en territorio británico, tenía la particularidad de ser regida por la ley de difamación inglesa la cual obliga al ‘injurioso” a demostrar con pruebas sus declaraciones. Para el juicio, Lipstadt y Penguin Books contrataron al abogado Anthony Julius, a los expertos en difamación Davenport Lyons, Kevin Bays y Mark Bateman, al historiador Richard J. Evans, al historiador del holocausto Christopher Browning, al historiador alemán Peter Longerich, al estudioso arquitecto holandés Robert Jan Van Pelt y al profesor de ciencias políticas Hajo Funke; quienes en equipo no sólo demostraron que el enfoque de los libros de Irving no solo maquillaban el Holocausto y momentos de la Segunda Guerra Mundial, sino también que había falsificado registros históricos, mientras mantenía una estrecha relación con grupos extremistas neonazis. Tras la victoria de Lipstadt y Penguin Books, Irving entró en bancarrota por no poder pagar los 2 millones de libras esterlinas por el juicio. Posteriormente le fue prohibida la entrada a Alemania, Italia y Canadá y prácticamente no puede entrar a Francia por la ley Gayssot (la cual detiene a todo aquel que promueva el racismo, el antisemitismo y/o la xenofobia). Irving, fue arrestado en Austria en el año 2005 y pasó 1 de 3 años en la cárcel, siendo después expulsado y condenado a no poder entrar nunca más al país, todo por propiciar el negacionismo.

Muchas personas han manifestado que todo el juicio, arresto y encarcelamiento de David Irving se debe a una persecución judicial contra alguien que piensa diferente. Contra alguien que solo expresó su derecho a la libre expresión. Estas declaraciones son verdades a medias, pues si bien Irving pudo, puede y podrá expresarse abiertamente sobre cualquier tema que desee, fue acusado y juzgado por haber mentido y lucrado frente al negacionismo. Irving es un caradura que se lucra mintiendo sobre una verdad comprobable.

Un ejemplo más reciente fue el veto que recibió el ex-partido político griego, Amanecer Dorado, el cual fue ilegalizado a principios de octubre de 2020 por hacer apología al negacionismo y el neonazismo. El partido político quien a principios de 2012 obtuvo un apoteósico apoyo popular -para el tipo de movimiento y de ideología que representaban-, fue juzgado de agredir de manera sistemática a inmigrantes, sindicalistas, antifascistas, izquierdistas y a miembros de la comunidad LGBTIQ+. Precisamente el año que más apoyo político recibió, su líder Nikos Michaloliakos, aseguró en entrevista para MEGA-TV, que el holocausto podría considerarse normal para las operaciones militares de aquellos tiempos, además de decir que los estadounidenses habrían hecho lo mismo de estar en los zapatos de los alemanes. En la misma entrevista aseguró que no murieron 6 millones de judíos y que nunca hubo cámaras de gas ni hornos crematorios. También, Giannis Lagos, miembro del partido, aseguró que los jóvenes griegos reciben más historia sobre el holocausto nazi, que sobre la historia de su país. Cabe destacar que Nikos Michaloliakos fue condenado a pagar 13 años de cárcel por haber dirigido aquella organización criminal.

 

Perdiendo los estribos

­Lamentablemente muchos no conocen ni se paran a debatir sobre los límites de la libertad de expresión, por esta razón hay vídeos de Youtube, como las charlas de Deborah Lipstadt, donde en la caja de comentarios la insultan y acusan de haber ganado un juicio gracias a tener los recursos y la influencia para hacerlo; cuando del juicio se encuentran documentos, fragmentos y testimonios que demuestran la laboriosa tarea que necesitaron para desmontar las mentiras del negacionista. Otros, con información documental, efemérides o declaraciones de sobrevivientes, llenos de cabezas huecas tachándolos de mentirosos. Cuando se les responde “arbitrariamente” a quienes no tienen respeto por las víctimas de tan atroz crimen, los negacionistas abogan a la libertad de expresión. Reitero lo atrás dicho: los estúpidos que piensan que el holocausto no existió pueden decir lo que se les de la gana, pueden poner sus pruebas falsas en Internet y llenar comentarios en Youtube con basura que de ser leída por sus padres habrían deseado haberlos abortado. Lo que no es correcto es dejarse engañar por quienes por medio de supuestos vídeo documentales, panfletos, boicots, actos públicos y palizas van en contra de una verdad histórica.

Un ejemplo son las declaraciones hechas en 2006 en un foro realizado en Teherán del exlíder iraní Mahmud Ahmanideyad quien aseguró que el Holocausto fue un “cuento de hadas”, un compendio de “mentiras sionistas”. Declaraciones que sirvieron para adoctrinar a un grupo cada vez más grande de ignorantes con sentimientos antisemitas infundados. No obstante y dándole responsabilidad social a quienes realizan aquellos comentarios y declaraciones, sólo incitan al odio y a la discriminación de judíos, además de cagarse en la memoria de ellos y los  gitanos, negros, homosexuales y toda víctima del holocausto. La decisión de repudiar y contrariar aquellas declaraciones sin fundamento y contenido racista/antisemita, no es quitarles libertad de expresión. No es el ‘fascismo de las nuevas tecnologías’, es representación de lo dicho en la primera parte de este artículo: no tolerar la intolerancia para que esta no carcoma los derechos de terceros, estén o no aún en este mundo.  Por lo anterior, perdiendo los estribos, los diversos grupos negacionistas y antisemitas argumentan que “si el Holocausto es real, ¿por qué prohibir los argumentos negacionistas?”. Lo cual visiblemente queda en un juego de palabras ya que el ser negacionista va, contra todo pronóstico, a lo que la cordura y el raciocinio humano declama. No es que no se quiera debatir con el negacionista, es que no hay debate que realizar. No es que haya que mostrar pruebas para confirmar una verdad, pues esta por sí misma es comprobable. La verdad del vejamen del Holocausto está ahí, para todo público a vista de todo el mundo. No importa el lugar ni el tiempo, siempre hay documentos, testimonios y lugares que lo demuestran. Los judíos ni nadie les paga a millones de personas para que digan una supuesta verdad.  

Tolerar la libertad de expresión de alguien que dedica su tiempo libre a desprestigiar el testimonio de víctimas (como hizo David Irving, quien se burló de la marca de una mujer hecha en un campo de concentración), a inescrupulosos que se lucran con contenido digital e impreso lleno de información falsa y manipulada sobre el Holocausto, o a simples borregos que se encargan de repetir bobadas leídas en Facebook, es una falta de respeto hacia la humanidad en general.

Pero todo no acaba ahí. Aquellas declaraciones de odio dan pie para que se nieguen otros actos barbáricos cometidos por el ser humano. Si se niega algo tan grande, mundialmente conocido y comprobable como el Holocausto, ¿cómo no negar actos de lesa humanidad más chicos y “menos relevantes”? Precisamente actos negacionistas dan pie a que gobiernos como el de Turquía busquen esconder el genocidio cometido contra los armenios que dejó más de 1 millón de víctimas entre 1914 y 1923. El genocidio ruandés, el cual hasta la fecha sigue siendo negado por el Gobierno, a pesar de que su principal perpetrador fue este con apoyo de los Hutus que dejó más de 500.000 tutsis muertos. Las desapariciones forzadas y las capturas irregulares cometidas por el régimen Chino, entre el que se encontró Liu Xiaobo, del que casi nadie habla por ser prácticamente borrado de la memoria colectiva. Los holocaustos cometidos por la Unión Soviética, entre ellos el holocausto de Holomodor. Ó, uno de los más recientes: la negación del conflicto armado colombiano (el cual ha dejado {según cifras de 2018} 262.197 muertos y más de 8 millones de víctimas políticas, económicas y sociales directas e indirectas). Diversos individuos asociados al partido Centro Democrático han mantenido la tesis sobre la presunta inexistencia del conflicto armado colombiano, enfocado a que la guerra que ha vivido el país es el resultado de la guerra terrorista que llevan a cabo las guerrillas del país. Aquellas declaraciones no solo prolongan el conflicto, sino quitan la figura judicial de “víctimas del conflicto”.

 

César Zalamea.

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 24/01/2021

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