Libertad de expresión (I): Caso Donald Trump

Libertad de expresión (I): Caso Donald Trump

La libertad de expresión es un derecho al cual todo ser humano al nacer debe gozar, expresar, publicar o comunicar libremente a su vez que debe ser respetado por todos los demás a pesar de no ser de su agrado. Este, declarado en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, permite a cualquiera la capacidad de formular pensamientos y de querer darlas a conocer. A pesar de su universalidad, la libertad de expresión está socialmente limitada cuando estas declaraciones entran en conflicto con los derechos humanos, la libertad de expresión de terceros y la violencia injustificada. "Mi libertad se termina dónde empieza la de los demás", cita la frase atribuida al filósofo francés Jean-Paul Sartre. Frase que anilla muy bien el debate sobre lo que debe ser la libertad de expresión, ya que esta sólo debería llegar donde empieza la de los demás y viceversa.

El filósofo austríaco Karl Popper habló en su libro “The Open Society and it’s Enemies” en 1945, sobre la denominada ‘Paradoja de la tolerancia’ la cual habla de que si una sociedad padece de “tolerancia ilimitada” y permite abiertamente a los intolerantes (fascistas, por ejemplo), estos de llegar a hacerse con el poder (tal cual sucedió con el Nazismo, el fascismo de Mussolini, los linker Faschismus de Mao, Stalin, Pol Pot y actualmente con Maduro) terminarán acabando con la tolerancia y la libertad de expresión.

"La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia… Tenemos por tanto que reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia"

La teoría de Popper no hace referencia a callar la voz del intolerante, pues esta puede ser expresada y compartida siempre y cuando no pase la raya atentando contra la integridad física, social, económica y moral de otros miembros de la población. Un ejemplo son los grupos neonazis quienes, si bien tienen derecho a decir lo que se les cante, publicar blogs, escribir libros y subir vídeos a Internet, rayan en la intolerancia cuando atentan contra minorías como negritudes, LGBTI o movimientos alternativos. Esa intolerancia neonazi se ve ejemplarizada en todos los casos de homicidios e intentos de homicidios propiciados con alevosía por estos grupos en diferentes partes del mundo, como del que fue víctima Daniel Zamudio en marzo de 2012 en Santiago de Chile, o Freddy Avellaneda Escobar en mayo de 2015 en Bogotá.

Según Popper, antes y después de que se raya la línea de violentar los derechos de terceros, la sociedad puede contrarrestar aquellas ideas con diálogo y argumentos racionales, usando como última opción la fuerza, sólo cuando sea estrictamente necesaria para preservar la sociedad tolerante. “Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal". Atacar al intolerante no convierte a la sociedad en intolerante, pues por el bien de la tolerancia y la libertad, a este se le debe frenar.

Cabe destacar y hacer énfasis en que “creer” que un grupo de personas son intolerantes no debe llevar a atacar esta intolerancia. No es lo mismo que alguien en un momento de ira y sin antecedentes violento/agresivos lance una frase amenazante contra un tercero, a que una organización constituida legal o ilegal con antecedentes violentos (verbales o físicos) amenace la integridad de un tercero. En otras palabras, no es lo mismo que en un momento de rabia diga que voy a matar a mi vecino, a que un grupo de ultraderecha o ultraizquierda con tendencias a la violencia física y verbal me diga que me va a colgar del cuello.

También, hay que hacer hincapié en que la tolerancia y las situaciones paradójicas no se deben llevar a cualquier instancia. Un caso popular pueden ser los insultos o las palabras soeces, que para algunos sectores de la sociedad (conservadores más que todo) deben ser erradicados del lenguaje mientras por otro lado, siendo parte del vulgo deberían permitirse usarse por quien sea siempre que se quiera. Los insultos per sé no son un peligro para la sociedad, no obstante, en casos específicos pueden llegar a denigrar a un individuo. Por esta razón, existen líneas jurídicas como el “derecho al buen nombre” al cual se puede acudir si se determina que uno o más individuos se dedican a difamar o generar mala reputación de un tercero. Siendo así, sería muy extremo buscar erradicar las groserías y las palabras soeces, limitándose a encapsular jurídicamente a quien por medio de estos términos lingüísticos agredan con objetivo de difamar y destruir -no de expresar- a uno o más miembros de la sociedad. Otro ejemplo, es la persecución y cierre de contenidos en redes sociales que publican contenido sensible o gore sobre terceros. Individuos y organizaciones que se lucran del dolor y sufrimiento de terceros por medio del morbo. Un caso específico fue el suicidio de una mujer con su hijo hace un par de años en Colombia, donde diferentes cuentas de Twitter, Youtube y Facebook compartieron las imágenes del suicidio y el resultado del impacto contra las rocas, haciéndole daño a familiares y amigos quienes ya de por sí sufrían por cargar con el dolor de perderlos a los dos al mismo tiempo.

La paradoja a su vez puede llevarse radicalmente lejos. Llevada al extremo por grupos mayoritarios con ideas intolerantes, estos pueden prohibir ideas libertarias de minorías. Esto precisamente sucede en Colombia con los partidos de Gobierno quienes declaran intolerantes a quienes hacemos oposición al pésimo mandato de Iván Duque. Argumentando que por ejercer nuestro derecho a manifestarnos y a realizar paros sociales, somos intolerantes con el resto de la sociedad, acabamos con la economía o ‘queremos todo regalado’.

Lo cierto es que, aunque al intolerante no le guste, la libertad de expresión debe tener límites. Y es precisamente los libertarios divulgadores de la libertad de expresión quienes están de acuerdo en que esta se debe delimitar y más cuando se trata de una personalidad pública que mueve e influencia a cientos, miles o millones.

 

Donald Trump

Recientemente Twitter, tras el asalto al capitolio el 6 de enero del presente año, cerró la cuenta del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, por determinar que este instaba a sus seguidores a cometer actos de violencia contra instituciones públicas en el país del norte. Tras la decisión, redes sociales como Instagram, Youtube, Snapchat y otras, se sumaron a la decisión de Twitter suspendiendo las cuentas asociadas a Trump y a los seguidores de la teoría conspirativa QAnon.

Inmediatamente homólogos internacionales, figuras políticas de alto renombre y los seguidores de Trump salieron en defensa del magnate y su derecho a la libertad de expresión. Los mensajes ponían en tela de juicio presuntas atribuciones injustificadas de las grandes compañías de redes sociales. Por su parte movimientos cívicos, analistas y otros sectores políticos apoyaron la decisión argumentando que Trump no solo instó a la violencia sino también junto a sus seguidores violó las políticas de servicio de las redes sociales anterior mencionadas, además por pasarse de la raya frente a la tolerancia de libertad de expresión.

Frente a lo anterior surgen las siguientes preguntas: ¿Trump realmente rebasó la línea de la libertad de expresión? ¿Trump realmente incitó a la anarquía con sus mensajes? ¿Estuvo bien la decisión de las redes sociales de cerrar las cuentas de Trump?

Indudablemente -para quienes tienen aunque sea poco sentido común- Trump rebasó desde hace décadas la línea de lo que debe ser tolerado en la libertad de expresión. Una de sus primeras polémicas por violar esta línea fue cuando en 1989 pagó una página completa con su firma en varios medios de comunicación escrita, en la cual pedía que volviera la pena de muerte y se realizara con los cinco chicos del caso Central Park Five. A pesar de la declaración de inocencia de los cinco chicos tiempo después, Trump continuó con declaraciones poniendo en duda su inocencia. En 2006, se dedicó públicamente a atacar al Islam argumentando que “el Islam los odia (a los estadounidenses)”, e insinuó que las mezquitas deberían cerrarse. En 2018 Trump dijo: “¿Por qué tenemos a toda esa gente de esos países de mierda llegando aquí?", haciendo referencia a gente proveniente de África, Centroamérica y el Caribe. También, en aquellas declaraciones dichas en un debate, habría dicho que todos los inmigrantes haitianos “tienen sida” y que los nigerianos “deberían volver a sus cabañas”. Sin mencionar todas las ocasiones que ha sido racista, xenófobo, misógino y machista.

Indudablemente, aquellas declaraciones lanzadas por alguien con el poder de influencia como Trump se convierte en un peligro para imbéciles con mentes débiles, sugestionables y heterónomos. Precisamente fueron declaraciones intolerantes las que llevaron a que Kyle Rittenhouse, un joven de 17 años, asesinara a dos hombres y dejara a otro par heridos en medio de una manifestación del Black Lives Matter en Wisconsin. Menor que fue tratado como un héroe por las juventudes hitlerianas trumpistas quienes aseguran que él sólo estaba evitando que los negros entrasen a robar.

Precisamente en pleno auge de las manifestaciones del Black Lives Matter en mayo de 2020, Trump twitteó un mensaje que fue catalogado como incitación al odio por parte de las políticas de Twitter: “Estos matones están deshonrando a la memoria de George Floyd y no voy a dejar que eso pase. Acabo de hablar con el gobernador Tim Walz y le dije que el Ejército está con él hasta el final. Ante cualquier dificultad nosotros asumiremos el control, pero cuando empiecen los desmanes, empezarán los tiros. ¡Gracias!”

Decir si Trump incitó a la anarquía el día del asalto al capitolio es faltar a la verdad. Tras la lluvia de críticas por no salirle al paso a las multitudinarias manifestaciones que vivieron Michigan y Minnesota en abril de 2020, tras decretarse cuarentenas generales por la pandemia del Covid-19 (las mismas donde Trump twitteó “Liberate Minnesota!” y “Liberate Michigan!” mientras hombres armados hacían presencia en lugares públicos), Trump ha andado con cuidado. Sus twitts el día del asalto al capitolio no incitaron a la violencia, no obstante, tardaron en pedir prudencia a los ‘ciudadanos’ que entraron con violencia y agredieron a varios uniformados. Minutos después de que el caos había comenzado Trump llamó a la prudencia, siendo para muchos demasiado tarde.

Tras los twitts:

“The 75,000,000 great American Patriots who voted for me, AMERICA FIRST, and MAKE AMERICA GREAT AGAIN, will have a GIANT VOICE long into the future. They will not be disrespected or treated unfairly in any way, shape or form!!!” y “To all of those who have asked, I will not be going to the Inauguration on January 20th.”

Twitter determinó que estos instaban a la violencia y violaban sus términos y condiciones, tal cual citaron y explicaron en el siguiente comunicado.  

Twitts que no solo fueron eliminados sino dieron pie para que la cuenta de @realdonaldtrump fuera cerrada de manera permanente. Si bien los twitts, como dije líneas atrás, no incitaron a la violencia y a mi modo de ver son flojas las declaraciones del comunicado de Twitter, la ‘vista gorda’ del magnate en el arribo violento de sus seguidores a la toma del Capitolio, fueron la gota que rebasó la copa tras años y años de numerosos twitts penosamente escandalosos que muestran su falta de pudor.

Personalmente estoy de acuerdo con el cierre de la cuenta personal de Donald Trump en Twitter y otras redes sociales. Muy por el contrario de lo que piensan muchos de ser la muestra fidedigna del ‘totalitarismo de las nuevas tecnologías’, demuestra que los grandes como Trump y otros no son intocables, que pueden ser juzgados públicamente como cualquier mortal. Al igual que cientos de miles de cuentas son cerradas día a día en numerosas redes sociales por incumplir los términos del servicio, ya era hora que alguien con el poder de influencia y de generar fake news como Trump recibiera una pequeñísima parte de lo que reciben los del vulgo.

A Donald Trump no se le ha censurado, en todos los años que ha existido el Internet y desde que él ingresó ha tenido la oportunidad de manifestar sus opiniones por deschavetadas y absurdas que sean, pero todo tiene un límite y más cuando se tiene el poder de influenciar sobre millones de cabeza-huecas.

Para terminar, la red social Parler, que ha sido usada casi en su totalidad por extremistas de derecha seguidores de Donald Trump, fue eliminada de las tiendas móviles de Apple Store y Google Play, mientras Amazon les retiró su servicio de almacenamiento. Inmediatamente los dueños de Parler salieron a manifestarse en contra de la decisión declarándola como arbitraria e ir en contra de la libertad de expresión. Aquella medida la aplaudo con fervor ya que Parler es una de las cunas recientes de las fake news donde no solo se incitó a arribar al capitolio y donde presuntamente se estaría organizando manifestaciones para el 17 de enero, sino también, donde se han compartido múltiples fake news frente al Covid-19.

Finalmente, ¿Debemos entender que cuanto menor sea la libertad de los demás, mayor será la nuestra?

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 14/01/2021

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