LAS PRISIONES

LAS PRISIONES


Un grupo de prisioneros compartía una cena al intemperie de una noche fresca y totalmente estrellada. Hablaban entre tanto y tanto, sobre las prisiones en las que habían estado en distintas partes del mundo y la forma en que algunos de ellos habían escapado. -Yo estuve en el Cairo, en la prisión más seca del mundo. Descubrí el laberinto que hicieron de ella y pude salir. -Aseguró Damud.
-¿Ah sí? Pues yo escape de la mismísima prisión secreta de la CIA una vez, y otra más incluso de la contra parte rusa. -habló Trivianko, el polaco del grupo-. ¿Se imaginan? Escapar de las dos potencias en plena guerra fría. 
       Y así los seis hombres que acompañaban la charla, hablaron. Era la oportunidad del recientemente adherido al grupo, del que nadie sabía su procedencia...

-Y tú mi buen amigo, ¿Cuál ha sido tu mayor burla hacia una de las prisiones del mundo? -preguntó Cruzalta. Un esclavo brasileño.

       El hombre que sonreía al igual que todos, calló al momento de escuchar la pregunta. Desvió la mirada al cielo, observó el horizonte desierto y trató de darse a entender: 
-La prisión de la que yo puedo escapar a veces, es la misma de la que precisamente nadie puede escapar. -declaró un tanto desanimado-. Ésta se establece en donde quiera que se encuentre el prisionero, pareciera un juicio que le sigue y le condena a todas partes donde vaya.
         Tomó un sorbo del vino que compartían y continuó. -La prisión no se construye majestuosa de altos muros o torres que vigilen tu andar, sino de momentos que se mantienen en tus adentros, como una película que se repite y jamás acaba. Dónde hay princesas, estrellas en el alba y fuerzas infinitas a vencer.

-¿Brujería? -preguntó Quirino. 

-No, poco sería un hechizo comparado a la condena de la que somos víctimas los seres como yo. -aseguró el desconocido del grupo-. La fuerza de la que yo hablo se encuentra a donde quiera que volteés, y aun al cerrar los ojos; hueles, escuchas y presientes lo inevitable. Una que otra vez, suele haber un instante de calma. -terminó una voz adormecida. 

 

       Los ladrones que habían entendido muy poco, se sintieron aliviados de haberse mantenido cautivos en prisiones que al menos podían dejar atrás, para mudarse a un nuevo territorio. 

       Y así transcurrió el resto de la noche, con el pensamiento de todos en las palabras del muchacho de dudosa procedencia y cambiante conducta...

       Ahora lo recuerda bien el prisionero. Cada vez que le viene a la mente esa noche, como le viene también el amor que no pudo ser. Las alegrías de ver a sus padres juntos y los proyectos inacabados de toda una vida. Lo recuerda bien, aun después de tanto tiempo... Lo recuerda. Siempre en la prisión del recuerdo.

Gc

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