Igualdad II: el lenguaje inclusivo es absurdo

Igualdad II: el lenguaje inclusivo es absurdo

El problema del machismo a nivel global es real. No es una falacia inventada por unas locas que se quitan camisetas y muestran las tetas al aire. Evidentemente no hay un tal ‘patriarcado’ o una mano negra internacional que haga lo posible por subyugar a las mujeres para que nos cocinen y nos laven la ropa. El problema del machismo en nuestras sociedades, al igual que la gente que vota por Trump, son los pensamientos retrógrados, la falta de educación, tolerancia y una dosis de sentido común.

Pero a la par del machismo y la violencia contra la mujer, un grupo de sectores radicales del feminismo busca que muchas lenguas como el Inglés, el Francés y nuestro hermoso Castellano, sea vilmente mutilado por presuntamente ser machista y homofóbico.

Desentrañemos el problema del lenguaje inclusivo desde el principio: El surgimiento de las lenguas.

Brevísima historia del lenguaje:

Para empezar, definamos lenguaje: Según la RAE, lenguaje es “1. M. Facultad del ser humano de comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos.”, entre los que podemos encontrar lenguajes de señas para comunicarse con personas sordo-mudas, idiomas como el Castellano, el Inglés, el Rumano, el Alemán, etc., lenguajes de programación para comunicación directa con máquinas como el Javascript, HTML, C++, etc. Entendiendo esto, hay que entender exactamente qué es comunicación: palabras simples, es una acción en la cual un emisor transmite un mensaje/idea codificándolo por medio de una lengua el cual tras ser recibido por un receptor es decodificado para su interpretación.

Teniendo en cuenta lo anterior, la única especie conocida en el planeta que tiene la habilidad de comunicar por medio de señas, símbolos escritos/tallados y articulación de sonidos complejos es el ser humano, quien probablemente (debido a lo difícil de su estudio) habría empezado a desarrollar lenguajes básicos -primitivos- para comunicarse con sus próximos en pro de la subsistencia. A raíz de esto surgen dos hipótesis sobre el surgimiento de los idiomas modernos, están quienes creen en la Monogénesis (la cual para mí es poco probable) de un idioma único hablado por todos los hombres primitivos y que de allí se derivarían (a raíz de causas geográficas, sociales, políticas, etc.) otros idiomas; y la Poligénesis, la cual es todo lo contrario, dictando que los idiomas se generaron de manera más o menos simultánea en diferentes partes del planeta y que tras mezclarse unas con otras generarían idiomas y dialectos como los que conocemos hoy en día.

A lo largo de la historia de la humanidad diversas lenguas se han mezclado generando una sopa que a su vez ha sido el cultivo para otras más; diversificándose buscando mayor adaptabilidad, facilidad de comunicación y expresión. Un claro ejemplo de ello son el fenicio y el púnico, las cuales fueron una de las tantas lenguas más habladas en la antigüedad, siendo carcomidas por otras lenguas más fuertes como el árabe antiguo y lenguas que darían la unificación del griego antiguo (bañado por dialectos como el jónico, el ático, el eólico y el dórico). Debido al interés de preservar su historia y ampliar su cultura, muchas civilizaciones invirtieron tiempo en crear complejos sistemas de comunicación escrita. Parte de nuestro alfabeto surgió producto de modificaciones de los caracteres utilizados por los egipcios para sus jeroglíficos, de los cuales los fenicios y árabes sacan sus básicos alfabetos que a su vez fueron adaptados y modificados por los griegos antiguos y siendo catapultada y bañada en Europa por el Latín clásico. Con el surgimiento de este último, se derivaron decenas de lenguajes modernos como el francés, el castellano, el catalán, el rumano, el portugués y el gallego, el italiano moderno, entre otras. También, lenguas como el farsi la cual es una de las lenguas más antiguas del mundo -a pesar de diversos cambios-, hablada en Irán, Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán y otras grandes diásporas en el mundo y el Hebreo, el cual a pesar de su desaparición casi total en el 400 d.C., con el nacimiento del Estado de Israel, ha revivido potenciando su uso por jóvenes capaces de hablar y entender textos de la Torá casi a la perfección.

Siendo así y yendo resumidamente a lo que nos compete, el objetivo, razón, uso y modificación futura a esta de diversos lenguajes deriva de la necesidad de comunicación, migración, supervivencia y otros factores antropológicos, sociales, culturales, religiosos y hasta políticos. Todas las palabras vinieron por mezclas etimológicas. Un ejemplo de ello es pierna del latín perna, la cual en nuestro idioma hace referencia a nuestras extremidades inferiores pero en el latín hacía referencia al muslo de los animales. En el Catalán y otras lenguas, se usa Pernill para referirse por ejemplo a la pata comestible de un animal, como la pata ibérica, mientras que se usa en el catalán, ‘cama’, para referirse a las extremidades inferiores de un ser humano. Pierna es una letra escrita en género femenino y no por esto el macho opresor del patriarcado la cambió a “pierno” para referirse a lo anterior dicho. Porque el simple hecho de pensar que el lenguaje está ligado al machismo es una ‘pendejez’.  

El lenguaje inclusivo

Bajo la lucha del feminismo un grupo de mujeres enarbolan una lucha que para ellas es fundamental: la reforma del lenguaje de palabras con género (machistas) en idiomas como el inglés y el castellano. Esto debido a que palabras como ‘miembros’ se refiere exclusivamente (entre todos sus significados) a un grupo de hombres que hace parte de una institución o corporación, dejando de lado a las mujeres y a personas sin género binario. Ante esto, han surgido ‘varias soluciones’. Las menos radicales piden la inclusión de la ‘e’ (frente a las ultras que solicitan la inclusión de la ‘x’ o el ‘@’) en palabras con género asignado para no discriminarlas a ellas y a miembros de la comunidad LGBTI+. Por ejemplo: - ¡Eh! Amigue, ¡que chule tu anille de esmeraldes! -. Esa, quedaría corta ante la inviabilidad de pronunciarlo y la existencia de sustantivos que no terminan en esas letras. Otras, para no cometer tanta aberración lingüística sin sentido, abogan por la reducción de la economía del lenguaje comunicándose con extensiones para evitar la discriminación. Por ejemplo: -las miembras y los miembros de la asamblea de Ecopetrol-. -Las colombianas y las colombianos, los españoles y las españolas, los chilenos y las chilenas y las mexicanas y los mexicanos se reunieron para ver una competición de Game Sports-.

Ello se queda corto ante lo desgastante que es extenderse tanto para una frase que pudo ser más fácil de escribir, leer y recitar (46% menos caracteres). Sin contar que publicaciones escritas tendrían que contar con un volumen extra de páginas (solo El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas tiene más de 200 veces las palabras todos y todas -en contexto-, multiplicándose por 3 para incluir la “y” y su otro par “todos o todas” -según corresponda-).

Pensar que diversos hombres en la historia se levantaron con las ganas de joderle la vida a las mujeres asignándole género masculino a un grupo de palabras es un sinsentido. Es tan absurdo que el simple hecho de que existan palabras con género femenino y género neutro lo derriban, pues de querer ser unos machistas opresores del patriarcado habrían cambiado desde hacía décadas y siglos todas las palabras por género masculino, o bien, no habrían asignado género femenino a palabras tan hermosas como esmeralda o aurora, que evidentemente no se pueden pasar a neutro o masculino. ¡Eh! Amigo, ¡que chulo tu anillo de esmeraldos!

Los lenguajes, independientemente de que tengan palabras con género asignado no hacen referencia ni preferencia ninguna discriminación social. Los idiomas no está ligados a qué tan machistas sean las culturas o las sociedades que lo hablan. Un ejemplo de ello son idiomas sin géneros establecidos como el japonés, el chino y el swahili, los dos primeros hablados en países muy desarrollados, pero con estrictos roles de género por tradiciones y culturas ancestrales, el último hablado en países africanos donde se practica la mutilación genital en niñas.

Una idea genial que se ha popularizado recientemente es el uso de palabras como ‘todos’, ‘compañero’, ‘chicos’, ‘pasajeros’ y sus pares en femenino dependiendo del número de mujeres/hombres que estén en la situación. Un ejemplo aparece en el libro ‘El Olvido que Seremos’ de Héctor Abad Faciolince, donde Héctor asegura que su mamá cuando les llamaba a comer a él y a sus hermanas, las llamaba como ‘niñas’ debido a que era el único varón. Algo muy similar en un ejemplo publicado en letraslibres.com el cual dice: “Todas de pie, por favor”, “Para lo siguiente, busquen una compañera”. Si bien es una idea interesante, de aplicarse (que todos deberíamos llevar a cabo sin rechistar, solo por ser sentido común) tendría dos problemas. 1ero, no se puede tomar tan literal, pues el piloto de un avión no se pondrá a contar con las azafatas cuántas mujeres y hombres van a bordo, por lo cual tendría que hacerse ‘por encimita’. El 2do, deja por fuera a comunidades LGBTI lo cual vuelve al inicio de que independientemente de que haya palabras con género estas no discriminan por no ser un ser vivo racional.

Si por algún motivo (imposible) apareciera un dios y cambiara el lenguaje para que lo usemos todos de manera inclusiva, no dejaría de ser una solución para un problema inexistente. El verdadero problema en el que se enfocan las feministas de verdad que no están de acuerdo con el lenguaje inclusivo, es la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, la cual debe darse ahora no con la esperanza, por ser casi imposible, de que adultos y ancianos cambien su manera de ver el mundo, sino con la esperanza de que jóvenes y adolescentes migren a la conciencia social, el respeto, la tolerancia y la equidad, y que las nuevas generaciones lleguen a un mundo con políticas e ideales de equidad, no solo entre hombres y mujeres (como género) sino con comunidades LGBTI+, etnias, culturas y religiones. Aquí la solución frente a inconformidades con el lenguaje, como dije anteriormente con el ejemplo del libro de Faciolince, no es cambiar las palabras ya que de hacerlo habría cambiar más de 20.000, cambiar estructuras y los métodos de enseñanza para los más polluelos, sino cambiar la forma en que se usan lo cual tiene que ser progresivo, con calma y con la razón suficiente para no tratar de “hijo puta” a quien siga tratando de ‘todos’ a un hombre por estar en una conferencia con 999 asistentes mujeres.

 

-César Zalamea

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 14/06/2020

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