Haití y otros impactantes magnicidios latinoamericanos

Haití y otros impactantes magnicidios latinoamericanos

El 7 de julio del 2021 América despertó con la noticia del magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moïse, quien habría caído en un atentado realizado en su propia residencia. Asalto donde resultó herida su esposa, la primera dama Martine Moïse.

El “hombre banana”, como conocían al ex mandatario por sus multimillonarios negocios en plantaciones bananeras, parecía ser el alter ego de Santiago Nasar, el protagonista de la novela Crónica de una Muerte Anunciada, escrita por Gabriel García Márquez en 1981. Tanto Moïse como Nasar, se enteraron poco antes de perder la vida de un cúmulo de confabulaciones por parte de allegados y conocidos para dar término a sus vidas. Información que no les sirvió para evitar su muerte.

Siendo Haití el país más pobre del continente, cualquier pequeña perturbación social o política produce un escándalo mayúsculo. Y es precisamente la decisión de Moïse de cerrar el Congreso del país a principios de 2020 lo que llevó a manifestaciones ciudadanas y calificativos como dictador, vociferados principalmente por la oposición del país.

Aquella movida política de Moïse, sumada a la caída del PIB desde 2018, el hartazgo ciudadano por la pobreza (llevándolos a uno de los mayores éxodos después del terremoto de 2010 hacia República Dominicana), la caótica pandemia del Covid-19, la corrupción y la grave situación de inaccesibilidad al agua potable, llenaron todos los requisitos para acaparar enemigos. Si ser elegido como presidente de cualquier nación ya es de por sí complicarse la vida, serlo de un país lleno de problemas y miseria como Haití, ya es pintar con su propia sangre, su epitafio.

Conocida la noticia y tras el anuncio de la apertura de investigaciones, el Gobierno capturó a 20 extranjeros, 18 de nacionalidad colombiana y 2 de nacionalidad estadounidense quienes serían los responsables de dar de baja a Moïse. Sin embargo, el Gobierno haitiano actuando por venganza o por encubrimiento, está cometiendo todo tipo de atropellos para juzgar y encarcelar rápidamente a los sospechosos.

Según información otorgada por informantes en Puerto Príncipe, los exmilitares colombianos habrían llegado a la casa presidencial una hora después del homicidio. Hasta se habla de que fueron quienes llevaron a la primera dama Martine Moïse al hospital. El tema se comienza a tornar más escabroso cuando se retoman las declaraciones hechas por el exmandatario en el diario El País, donde aseguraba que “un grupo de oligarcas” querían apoderarse del país.

Pero eso no es todo. No solo miembros del Gobierno les interesaba ver muerto al presidente. La oposición, banqueros y empresarios, miembros del Gobierno Dominicano (quienes tendrían interés de un mandatario que frene la migración hacia su país), pandillas (por los nexos del “hombre banana” con el grupo armado G9) y hasta se dice que los Estados Unidos, querían sacarlo del camino.

Aún es muy pronto para determinar quiénes y por qué tomaron la decisión de fechar la lápida del presidente haitiano. Por lo pronto hay que exigir una investigación transparente y más cuando se puede estar poniendo en riesgo la libertad y la vida de individuos que posiblemente no cometieron el crimen. Hay que estar con los ojos abiertos para evitar que los verdaderos culpables no queden en la impunidad.

 

Otros fallidos atentados en América Latina

América Latina ha visto en toda su historia como muchos de sus líderes políticos han sido víctimas de atentados. Si debemos referirnos a uno de los primeros, podemos mencionar al libertador Simón Bolívar, quien casi pierde la vida en un atentado cuando se desempeñaba como presidente de La Gran Colombia. La noche del 25 de septiembre de 1828 en Bogotá, un grupo de conspiradores comandados por Pedro Carujo ingresaron al Palacio Presidencial con la intención de asesinar al prócer. Tras cegar la vida de los guardias y subir hasta la habitación principal no encontraron a Bolívar. La pareja del Libertador, Manuelita Sáenz, cuando escuchó la faena que se desarrollaba atrás de la puerta, instó al prócer a escapar por la ventana. Cuando llegaron los atacantes, Sáenz los enfrentó verbalmente recibiendo un par de golpes. Por fortuna no sufrió más males. Tiempo después sería nombrada como la “Libertadora del Libertador”.

Aquel atentado se denominó en la historia como “La Conspiración Septembrina”, y esta tuvo varias consecuencias políticas entre las que destacan el destierro del prócer Francisco de Paula Santander y la desaparición de la Gran Colombia, tema que ya les contamos en el vídeo “Los Destinos Paralelos de Colombia y Venezuela”.

Aunque Bolívar tuvo mucha suerte, no fue el único. El gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, en plena guerra civil, recibió en 1841 una caja con un contenido desconocido como regalo. El objeto que había permanecido días en una cómoda, fue abierto por su hija Manuelita Rosas por petición de Rosas. Al abrir el recipiente se desató una pequeña explosión que por fortuna no hirió a la menor. La caja contenía 16 diminutas pistolas distribuidas en forma circular que atadas con un alambre a la tapa, acabarían con la vida de quien abriera tan “pomposo” regalo. Por fortuna o infortunio, el mecanismo falló casi en su totalidad.

50 años después se presentó otra curiosa historia, protagonizada por el ciudadano Arnulfo Arroyo, un hombre que en estado de embriaguez intentó atacar al presidente mexicano Porfirio Diaz en 1897. Si bien el individuo buscaba vulnerar la integridad física del líder mexicano, no tenía intención alguna de cegar su vida. Esto fue confirmado por las autoridades quienes determinaron que el sujeto iba desarmado y tenía un alto grado de embriaguez. No obstante, a pesar de su moribunda situación, Arroyo fue linchado por otros ciudadanos enfurecidos que clamaban justicia.

Nuevamente en Bogotá, el 10 de febrero de 1906 el presidente Rafael Reyes sufrió un atentado en la carrera séptima perpetrado por un grupo de sujetos que dispararon contra su carruaje. En el vehículo se movilizaba el mandatario con su hija y sus cocheros. De los nueve disparos realizados por los atacantes ninguno logró impactar contra la integridad de los ocupantes ni de los caballos. Los conspiradores fueron capturados y fusilados en el mismo lugar donde sucedieron los hechos. Curiosamente el mismo modus operandi se repitió 23 años después en Brasil, cuando Hipólito Yrigoyen, presidente de Argentina para la época, fue atacado a tiros por un desconocido hiriendo a sus custodios. El conspirador fue abatido en el acto.

Un intento de magnicidio que impactó a la región y al mundo fue el realizado el 16 de junio de 1955 contra el presidente argentino Juan Domingo Perón. Pasado el mediodía tres decenas de aviones comandados por militares antiperonistas ametrallaron y bombardearon la Plaza de Mayo y edificios sindicales en Buenos Aires. Aquel día murieron más de 300 personas y más de 800 resultaron heridas. Perón, quien se había enterado minutos antes huyó del lugar hacia el Ministerio del Ejército donde se resguardó mientras se restablecía el orden. Un delito de lesa humanidad. Cabe destacar que este vil acto se fraguó años antes de realizarse, pues en septiembre de 1951 un grupo de militares antiperonistas intentaron realizar el cobarde acto.

5 años y 8 días después del atentado contra Perón, a 5.000 kilómetros hacia el norte, en Caracas, Rómulo Betancourt, entonces presidente de Venezuela, fue víctima de un coche bomba que estaba estacionado muy cerca del vehículo en el que se movilizaba con sus escoltas. El atentado que arrebató 2 vidas y dejó 4 heridas fue financiado e impulsado por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en complicidad con militares venezolanos.

En las últimas décadas se han presentados presuntos atentados contra varias figuras latinoamericanas. Entre ellas destacan Hugo Chávez, quien siempre denunció presuntas intenciones de los Estados Unidos y Colombia de quitarle la vida. Álvaro Uribe, quien presuntamente se habría salvado de varios atentados perpetrados por la guerrilla de las FARC, entre los que destacan carros bomba, disparos con lanzacohetes y metralla.

Pero sin duda alguna los más populares fueron los que presuntamente se llevaron a cabo contra el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, siendo el famoso 30-S el más icónico. Aquel día se había presentado una revuelta ciudadana en la que el mandatario había sido secuestrado y posteriormente rescatado por el Ejército. Aunque aquella versión del presunto golpe de estado, sigue en debate por diversos sectores políticos ecuatorianos, fue una fecha que marcó la historia reciente del país.

También hay que mencionar el presunto atentado contra el “presidente” de Venezuela, Nicolás Maduro. Aquel 4 de agosto de 2018, mientras se desarrollaba la conmemoración por los 81 años de la Guardia nacional Bolivariana, se presentaron dos explosiones mientras Maduro daba un discurso en la Avenida Bolívar en la ciudad de Caracas. De este presunto atentado se viralizaron imágenes de cómo era protegido por su guardia personal.

Otro presunto atentado, y el más reciente en la región, fue el realizado contra el presidente colombiano Iván Duque en junio de 2021 cuando se movilizaba en un helicóptero. Según las autoridades, mientras el presidente se movilizaba en la aeronave hacia Cúcuta, en Norte de Santander, fue atacado con ráfagas de fusil por hombres en tierra. Curiosamente la ciudadanía repite que este sería un autoatentado apoyado en varias “pruebas”. La primera que el helicóptero tenía daños por fusil en la parte superior de la aeronave, lo cual es físicamente imposible debido a que no fue atacado desde arriba, sino en tierra. Todo mientras el helicóptero realizaba su recorrido en el aire. La segunda, que rápidamente fueron encontrados los fusiles utilizados por los conspiradores. La tercera, los retratos hablados que curiosamente tienen parecido con Mark Zuckerberg.

Pero fuera de presunciones, quien sí fue víctima de un atentado y sobrevivió para convertirse en presidente fue Jair Bolsonaro. El mandatario brasileño recibió una puñalada en septiembre de 2018, en medio de un acto de campaña en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais. El agresor, un hombre de escazos recursos llamado Adelio Bispo de Oliveira, había tomado la decisión de sacar un cuchillo de casa, ir a la manifestación y agredir al político por motivos personales. 

Magnicidios

Siendo América una de las regiones más violentas del planeta, no es de extrañar que se hayan presentado decenas de magnicidios, muchos de ellos marcando hitos en el panorama político y social. Crímenes que no son propios del siglo XX y XXI, sino muchos del siglo XIX cuando se formaban las primeras repúblicas. La lista es tan extensa que podríamos hablar por horas y no terminaríamos, de mencionarlos a todos.

Los relatos inician con el peruano José Balta, quien en 1872 se desempeñaba como presidente del Perú. Agobiado por una crisis económica decidió entregar un millonario contrato a una empresa extranjera, produciendo así que un grupo de militares le arrebatara el poder y lo encerrara en el cuartel San Francisco. Tras 5 días de cautiverio, fue acribillado en la celda. También en Perú, seis años después, el 16 de noviembre de 1878 el entonces expresidente Manuel Pardo y Lavalle fue asesinado en lo que hoy se conoce como Museo de la Inquisición en Lima. Al ingresar al recinto que para entonces era la cámara del Senado, Lavalle fue tiroteado por un sargento que se encontraba entre la muchedumbre del lugar. Curiosamente una caricatura publicada cuatro años antes en el semanario La Mascarada habría vaticinado los acontecimientos del crimen.

Aunque las armas de fuego son una constante en estas historias, no fue el arma homicida en el caso Rafael Uribe Uribe, uno de los políticos más importantes de la historia colombiana. Tras diferencias con sus colegas de partido, dos campesinos decidieron atacarlo con hachuelas en la cabeza el 15 de octubre de 1914 en la Plaza de Bolívar.

Siendo una muerte horrible, no lo fue si la comparamos con la del entonces presidente Vilbrun Guillaume Sam, quien el 28 de julio de 1915 en Puerto Príncipe fue golpeado hasta que dio su último aliento por una turba enfurecida quien estaba indignada por la decisión del mandatario de ejecutar a 167 presos políticos.

La historia se repetiría 31 años después en La Paz, Bolivia, cuando una turba enfurecida sacó del Palacio de Gobierno al presidente Gualberto Villarroel, lo golpeó, apuñaló y arrastró por la plaza Murillo, donde ya sin vida fue colgado.

En México, el 17 de julio de 1928 un joven llamado José de León Toral buscaba desesperadamente la manera de acabar con la existencia del entonces expresidente Álvaro Obregón. Siendo un golpe de suerte para el criminal y de infortunio para la víctima, este último decidió ir al restaurante La Bombilla junto a un grupo de partidarios políticos. En el lugar, el homicida se acercó a los comensales y usando sus habilidades como orador los convenció de permitirle ilustrarlos sobre papel. El individuo dibujó a varios de los presentes quienes no sospecharon las sanguinarias intenciones del joven. Cuando este retrató a Obregón, se acercó para mostrárselo. Cuando la víctima observó las líneas y soltó su última bonachona carcajada, el joven inmediatamente disparó su arma abatiéndolo en el acto. León Toral fue fusilado seis meses después.

Regresando a tierras peruanas, el abril de 1933, mientras organizaba una ceremonia bajo el marco de la guerra colombo-peruana, el presidente Luis Miguel Sánchez Cerro recibió varios impactos de bala por la espalda, arrebatándole la vida tras horas de agonía. Y ya que nombramos a Colombia, el 8 de abril de 1948 fue asesinado por Juan Roa Sierra uno de los políticos más importantes del país, Jorge Eliecer Gaitán. Su muerte la cual se dio tras disparos de revólver generó una de las mayores revueltas de la historia del país cafetero, el denominado Bogotazo. Su muerte partió la historia de Colombia en el Siglo XX.

El lunes 13 de noviembre de 1950, Carlos Delgado Chalbaud, presidente de los Estados Unidos de Venezuela, fue asesinado por Rafael Simón Urbina López, un militar que había intentado secuestrar al mandatario, pero todo se salió de las manos. El homicida fue capturado poco después y ejecutado por la Dirección Nacional de Seguridad.

En la Nicaragua de ensueño, dos magnicidios marcaron la historia del país y una familia. En primer lugar Anastasio Somoza García, presidente del país por dos ocasiones. En segundo su hijo, Anastasio Somoza Debayle, quien también fue presidente por dos ocasiones. Somoza padre fue asesinado el 21 de septiembre de 1956 en medio de una convención de su partido político que lo proclamaría nuevamente candidato presidencial. Llegando la media noche, el poeta sandinista Rigoberto López Pérez le disparó cegando su vida. El agresor fue asesinado en el acto por los escoltas de la víctima. Somoza hijo, murió el 17 de septiembre de 1980, tras un año de estar en el exilio en Paraguay, huyendo por los crímenes que cometió en el país. Somoza fue impactado con balas de fusil y un lanzacohetes. El crimen también fue perpetrado por integrantes afines al sandinismo.

Muy cerca de allí, en Guatemala la noche del 26 de julio de 1957 fue asesinado el entonces presidente del país, Carlos Castillo Armas, a manos de un soldado, al interior de su vivienda. Se desconoce aún cuál fue el móvil del crimen, pero entre las hipótesis se maneja una supuesta venganza del General Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana por más de 30 años. Todo porque Castillo Armas no lo condecoró con la Orden de Quetzal, una distinción honorífica de Guatemala. Verdad o mentira, lo único cierto es que el dictador dominicano tenía más de 40 distinciones honoríficas internacionales, entre las que destacan Caballero gran cruz de la Orden de Carlos III y Orden del Mérito de la República Federal de Alemania. Cabe mencionar que el dictador murió en 1961 en medio de una emboscada, aparentemente liderada por la CIA.

En Argentina, el 1 de junio de 1970 fue asesinado Pedro Eugenio Aramburu, uno de los presidentes de facto que llegaron al poder tras el golpe de Estado contra el Perón. Aramburu perdió la vida a mano de la organización conocida como Montoneros dos días después de haberlo secuestrado.

En agosto de 1989 fue asesinado en Soacha, Colombia, Luis Carlos Galán, el candidato presidencial del denominado Nuevo Liberalismo quien era el favorito para quedarse con la presidencia del país. Tiroteado por dos individuos llegó al hospital sin signos vitales. Los sicarios habrían sido contratados por paramilitares, narcotraficantes y políticos quienes no les interesaba que Galán llegara al poder.

Otro opcionado candidato a ser presidente de una nación era Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI de México, quien recibió impactos de bala un 23 de marzo de 1994. Convirtiéndolo en el magnicidio más importante del país. Y al igual que en el magnicidio del vicepresidente paraguayo Luis María Argaña el mismo 23 de marzo pero de 1999, no se han determinado quienes fueron los autores intelectuales y por qué les arrebataron la vida.

Finalmente podríamos haber hablado sobre Salvador Allende, quien es frecuentemente martirizado y catalogado su muerte como magnicidio. Aunque Allende, por el avance de los militares golpistas fue presionado para quitarse la vida el 11 de septiembre de 1973, no significa que sea en sí un magnificio. 

-César Zalamea.

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 11/07/2021

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