Estado Islámico: un ciclo sin fin

Estado Islámico: un ciclo sin fin

Como no podía ser de otra manera en nuestra distópica realidad, el Estado Islámico hace aparición como invitado especial al caótico 2021. Tras la celebración por la derrota del Estado Islámico en Irak y Siria, el 23 de marzo de 2019, por parte de Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), compuesta y liderada en su mayoría por kurdos, muchos creían que era el fin de casi una década de horrores en Oriente.

Tras la celebración mundial, aparecieron diversas declaraciones de expertos y colectivos sobre la latente probabilidad de un resurgimiento del ISIS en aquellos territorios reconquistados por los Kurdos, los Sirios, los Iraquíes y otros externos beligerantes. Precisamente, en un Consejo de Seguridad de la ONU se determinó que para aquel momento habían más de 14.000 miembros activos del grupo terrorista en los territorios reconquistados, quienes aún cuentan con varios líderes, estrategas e ideólogos, que como cabezas de la Hiedra de Lerna no importaba si eran o no asesinados, pues siguen multiplicándose.

Aquellas declaraciones en su mayoría se las llevó el viento ya que “los vencedores” aseguraban que sin la presencia masiva y organizada de militantes del Dáesh en los territorios reconquistados, la posibilidad de una reunificación y ataques sistemáticos para arrebatar territorios era casi imposible. Aquella desventaja ha venido funcionando como una herramientas poderosa. Por la debilidad de la estructura terrorista, la organización se vio obligada a actuar casi de manera individual fijando objetivos de desestabilización en Iraq y Siria. Siendo su objetivo principal la ideologización de la población y los ataques enfocados en infraestructura política y económica. 

Tras la decisión de Donald Trump de traicionar a los kurdos del FDS en la frontera con Turquía, retirando las tropas estadounidenses a suelo americano (dejando únicamente a quienes cuidan pozos petrolíferos) y tras el posterior anuncio de retirar tropas de Iraq también hacia suelo americano, las células dispersas del Dáesh se fueron reagrupando. Al mismo tiempo la pobreza, la crisis económica y la destrucción casi total de diversas ciudades en Iraq y la injerencia del gobierno de Irán en la política del país, produjo una serie de manifestaciones en octubre de 2019 y finales del mismo año, que llevaron a que el primer ministro, Abd Al-Mahdi, renunciara al cargo. Manifestaciones que podrían ser el “ungüento del pasado” que no cierre las heridas dejadas por el Dáesh sino por el contrario las reavive, tal cual sucedió en el preludio a la Guerra Civil Iraquí de 2014. (Lea también: "Estallan Protestas Civiles en Irán" en Marginal.tv)

Con la llegada del 2020 y el arribo de la pandemia por el coronavirus con sus ya conocidas consecuencias (cuarentenas voluntarias y obligatorias, crisis económica, recesión en producción, esfuerzos por contener los contagios y la realización de test del virus), la crisis económica, política y social continuó efervesciendo, mientras el Dáesh continuó su reagrupamiento. Producto también del virus, diferentes coaliciones de contingentes militares entre las que destacan la CJTF de la cual Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España hacen parte, se han visto gravemente afectadas. Por una parte, las tropas cesaron en un gran porcentaje con su entrenamiento y patrullaje continuo de territorios, mientras otras fueron retiradas de la zona y devueltos a sus países de origen. El problema acrecienta cuando aquellas vastas fracciones de desierto que eran supervisadas y patrulladas por tropas extranjeras quedan a la deriva. A merced de quienes quieran tomarla por la fuerza.

Al caldero de desgracias se suman los apoyos de grupos terroristas como Boko-Haram y Ansar al-Sunna (conocido en Mozambique como Al Shabab) que en plena pandemia continúan sembrando el caos en África Septentrional y Occidental, y en África Meridional respectivamente.

 

Atentados en Irak

El 21 de enero del presente año, en la plaza de Al Tayarán en Bagdad, Irak, el Estado Islámico realizó un doble atentado suicida. En el primero, un sujeto que huía de las fuerzas de seguridad que le perseguían se mezcló con la multitud en la plaza. Posteriormente hizo gestos de pedir ayuda para que un grupo de personas se acercaran a auxiliarlo, acto seguido se inmoló. Tras la explosión, varias personas que corrían a auxiliar a los heridos en la inmolación, recibieron un impacto por el segundo terrorista quien se inmoló muy cerca de allí. El resultado, 33 personas muertas y 110 heridas. (véase también: "28 Muertos tras Ataque Terrorista en Bagdad" aquí en Marginal.TV)

Dos días después, once miembros de la Fuerza de Movilización Popular, un tipo de grupo paramilitar que cuenta con el apoyo del gobierno iraquí, fueron asesinados en una emboscada por parte del Dáesh al norte de Bagdad.

Como respuesta, 6 días después, el ejército Iraquí de boca del primer ministro Mustafa Al Kazemi anunció la muerte de Abu Yaser Al Issawi, quien se había proclamado como el “califa adjunto” y gobernador, miembro del Estado Islámico. Aquella muerte que fue celebrada, no deja sino un manto de incógnitas frente a quién será su sucesor y qué represalias se verán por su muerte.

 

Invasión en Mozambique

Desde principios de Marzo se conoció la noticia de una incursión armada de Ansar al-Sunna (Al Shabab), filial del Estado Islámico en Somalia y Mozambique, en Palma, una ciudad costera de la provincia de Cabo Delgado, al norte del país. Las incursiones se dedicaban a asesinar y a intimidar a la población, hasta que el 24 de marzo se desarrolló de manera masiva. El 27 de marzo, según el Gobierno de Mozambique, la ciudad habría sido capturada por Al Shabab causando decenas de civiles muertos, muchos de ellos niños que fueron decapitados, mientras mujeres y niñas fueron raptadas para ser obligadas a casarse con miembros yihadistas. La ofensiva generó el éxodo masivo de miles de personas que buscan salvaguardar su vida.

La incursión no es nueva. La provincia de Cabo Delgado se ha visto violentada en numerosas ocasiones por los yihadistas quienes según datos de El País han provocado desde 2017 más de 2.000 muertos y 670.000 desplazados. Según un ensayo publicado por Eric Morier-Genoud, titulado «The jihadi insurgency in Mozambique: origins, nature and beginning», las escaramuzas iniciaron en octubre de 2017 en Mocímboa da Praia, siendo principalmente realizadas con tácticas de guerrilla atacandoúnicamente a miembros activos de la policía de la ciudad. Incrementada la violencia en la provincia, la ciudad de Palma, habría sido target militar en numerosas ocasiones y recientemente debido al gran porcentaje de población musulmana que allí habita y por el campo de casi 5 billones de metros cúbicos de gas natural licuado a menos de 30 minutos de la ciudad, el cual le dejaría al país una ganancia de 3.000 millones de dólares por año. Campo petrolero explotado por la francesa Total S.A. Esto, sumado a la pobreza y a la poca presencia estatal es el caldo perfecto para que la ideología y el extremismo religioso acapare adeptos.

Esta situación que ha puesto los ojos de la comunidad internacional en Mozambique, se agrava por la decisión de Filipe Nyusi de no pedir ayuda internacional aún cuando países como Sudáfrica han anunciado públicamente la intensión de prestar ayuda militar. La situación también ha puesto en alerta a la Unión Europea quien teme un resurgimiento masivo de células del Estado Islámico en territorio africano. Por su parte, John Godfrey, enviado especial interino del Departamento de Estado de Estados Unidos en coalición contra el EI, expuso su preocupación ante la posibilidad de que continúe expandiéndose el grupo yihadista no solo en Siria e Irak, sino en otros países de la región y en África.

 

Atentados en Afganistán

El 12 de mayo de 2020, en medio del funeral del comandante de policía de Nangarhar, Afganistán, Shaikh Akram, el Estado Islámico utilizando un yihadista con cinturón bomba hirió y mató a 24 y 68 personas respectivamente. El hecho fue reivindicado por el grupo terrorista por medio de un comunicado en Telegram. El atentado generó el pánico pues tan solo horas antes en un hospital de atención materna infantil en Kabul fue víctima de otro yihadista suicida. En el recinto murieron 13 personas entre ellos dos bebés recién nacidos. El hospital tuvo que ser evacuado de emergencia por las fuerzas armadas del país.

El 11 de diciembre de 2020, Malala Maiwand, periodista y activista, fue asesinada a tiros junto a su chófer. Los hechos se produjeron también en Nangarhar en horas de la mañana. El Estado Islámico por medio de Telegram reivindicó el ataque.

 

Atentado en Indonesia

El 28 de marzo pasado, dos sujetos aún sin identificar lanzaron un explosivo frente a la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús, en Makassar, en el suroeste de Indonesia, todo mientras se llevaba la celebración del Domingo de Ramos. El atentado dejó un muerto y 14 personas heridas

 

Atentado en Mali

El 21 de marzo pasado, un grupo de combatientes del Estado Islámico emboscaron un convoy del ejército de Mali. Los militares que relevaban el puesto de Tessit, en el noreste del país, fueron rodeados por hombres en vehículos todoterreno y motocicletas quienes con diversos tipos de armamento cegaron la vida de 33 militares. Según las autoridades, en el ataque habrían muerto 20 yihadistas a manos de los militares.

 

Atentados en Níger

El ataque en Mali se produce horas después de que en Níger, en la frontera con Mali y Burkina Faso, miembros del Estado Islámico asesinaron a 58 personas inocentes que volvían de un mercado. Terror que se vio también marcado a mitades de septiembre de 2020 cuando el grupo yihadista le quitó la vida a seis franceses que iban de turistas y dos nigerinos, el guía y un chófer.

 

-César Zalamea

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 06/04/2021

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