Erotismo y suplantación de identidad

Erotismo y suplantación de identidad

Desde hace un par de años abunda en Internet hermosos seres humanos que, aprovechando su belleza, publican fotografías en sus perfiles de redes sociales. Unos por simple amor propio, mostrando aquella belleza que la naturaleza les regaló. Otros buscando la tácita aceptación que otorgan los ‘me gusta’. Los más corajudos, con objetivos meramente económicos.

Sea cual sea la razón, redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter, se prestan como vitrina para exhibir seres humanos tanto como producto, como figura ornamental. En sí mismo esto no es malo. Cada quién es dueño de su cuerpo y puede publicar en redes sociales lo que guste. Claro, siempre y cuando no viole los términos y condiciones de la plataforma.

Tristemente este escrito no tiene como finalidad hablar sobre la diversa belleza humana ni mucho menos ser un tutorial de cómo compartir contenido erótico en redes sociales sin ser expulsado ipso facto por la IA. Estas líneas buscan hablar sobre un extendido fenómeno que poco se denuncia y que está afectando a centenares de personas. El robo de fotografías para venderlas como pornografía.

 

La suplantación y el catfish

A pesar de que Facebook sea una red social inservible y poco innovadora, continúa abarcando un gran mercado de perfiles a nivel global. Siendo de las redes sociales más usadas, su jerarquía podría durar muchos lustros más. Claro, si no llega una nueva, más innovadora, más respetuosa con los datos personales y que pueda suplir lo que Zuckerberg ofrece.

Facebook, siendo una de las precursoras tiene la ventaja (o desventaja) de ser la cuna de muchas ‘movidas’ de Internet. Y es, como no podía ser de otra manera, la cuna de este ‘nuevo’ delito y otros más que parecen ser imposibles de detener (al menos que venga alguien y apague el Internet).

La mayoría de los códigos penales en el mundo tiene la figura jurídica de ‘suplantación de identidad’, la cual palabras más, palabras menos, es cuando uno o más delincuentes roban la información de uno o más grupos de personas, haciéndose pasar por ellos para obtener un beneficio. Un ejemplo simple y que todos conocen, es cuando un delincuente roba los datos de la tarjeta de crédito de la víctima para realizar compras a su nombre.

Sin embargo, este término se queda corto cuando la suplantación tiene fines más allá de los comunes y corrientes. Aquí es cuando nace el término Catfish, el cual es un anglicismo que significa usurpar la personalidad de alguien en redes sociales para ligar con terceros. En otras palabras, cuando alguien roba tus fotografías, crea un perfil falso y liga con un tercero. Esta modalidad delictiva nació, cómo no, en Facebook. Esto debido a la facilidad de encontrar perfiles con álbumes repletos de fotografías para hurtar.

En la suplantación el delincuente toma y usa la mayor cantidad de información de su víctima para obtener beneficios, mientras en el Catfish se toma y usa por lo general la imagen de una persona natural. Puede sonar relacionado y hasta lo mismo, pero no lo es.

Un punto de peso y hasta curioso en el Catfish y que diferencia abismalmente a la suplantación de identidad es la posibilidad de que la víctima jamás se entere que ha sido víctima de hurto de su imagen. ¿Por qué? Porque muchos de los perfiles e imágenes robadas se realizan por usuarios a miles de kilómetros de distancia. Es decir, un delincuente en un país como por ejemplo Tailandia, puede robar la imagen de una persona en México y usarla para ligar o robar en su país. La probabilidad de que la víctima se entere que han robado sus fotografías es mínima debido a que la mayoría de estos casos nunca trascienden a medios de comunicación ni locales ni nacionales. Así que, puedes ser víctima de catfish y no haberte enterado. Por el contrario en la suplantación de identidad tarde o temprano la víctima se entera de que fue víctima de este frecuente delito, sea por el cobro de un producto financiero que jamás adquirió o porque las autoridades dan aviso.

Por otro lado, quien padece de suplantación de identidad puede acarrear problemas financieros, jurídicos y hasta sociales. Si bien con el Catfish puede suceder, la probabilidad es casi nula por lo mismo que narré antes: muchas víctimas viven en el otro extremo del mundo comparado con el delincuente o bien porque en la mayoría de los casos el delito se usa para ligar. Es aquí cuando debe entrar el debate sobre la importancia de crear figuras jurídicas que puedan extrapolar la suplantación de identidad con otros actos delictivos que se le asemejen.

Tras la explicación y llegando al tema que nos compete, un nuevo delito ha inundado Internet cobrándose un masivo número de víctimas. Delito que se asemeja al Catfish y a la suplantación de identidad y que desafortunadamente no ha recibido ni la atención merecida por las autoridades, ni por los expertos en inventar términos útiles e inútiles.

 

La quimera

En este nuevo delito un delincuente roba las fotografías de una persona y usándolas en webs de índole erótico o sexual recibe un beneficio económico. En términos más coloquiales, prostituyen la imagen de la víctima en páginas con contenido +18 para enriquecerse. ¿Por qué se diferencia con la suplantación de identidad? Porque si bien te suplantan, te están prostituyendo y en casos extremos denigrando, arruinando así tu vida social. ¿Por qué se diferencia del Catfish? Porque el delincuente en muchos casos te conoce y no solo roba tu imagen para ligar, las usa para ganar dinero vendiéndola como pornografía.

Suena complejo pero es más sencillo de lo que parece. Por ejemplo: Vanesa es una joven de 18 años que vive en Tampico. Tiene un Facebook con centenares de amigos que le recuerdan lo bella que es cada vez que sube una fotografía a redes sociales. Lastimosamente un anónimo ve semejanzas entre Vanesa y alguna mujer con fotografías íntimas en Internet. Este anónimo crea un perfil en páginas que comercializan ‘packs’ (contenido erótico amateur) con fotografías de Vanesa y de la otra mujer. Las empieza a promocionar en el círculo de amigos y conocidos de la víctima, logrando así recibir un beneficio económico. El delincuente no solo suplantó la identidad de Vanesa, hizo Catfish con sus fotografías en redes sociales, sino también se lucró denigrando y barriendo con la dignidad de la joven quien difícilmente podrá limpiar su imagen en Internet.  Aunque el anterior ejemplo es un caso ficticio, es una realidad. Pasa ahora y no se vislumbra cómo detenerlo.

Recientemente se conoció la historia de una joven actriz y cantante colombiana quien denunció en redes sociales que inescrupulosos tomaron sus fotografías y crearon un OnlyFans e Instagram. Debido a su popularidad rápidamente los delincuentes empezaron a recibir suscripciones quienes querían ver el contenido +18 que presuntamente eran de la mujer. Así los delincuentes no solo suplantaron y denigraron la imagen de la joven, sino también robaron el dinero de los incautos que pincharon en suscribirse.

Otro caso, también de una colombiana quien se desempeña como periodista, fue denunciado en medios de comunicación televisivos. La mujer empezó a recibir numerosos mensajes en redes sociales de sus seguidores habituales quienes le preguntaban por el valor de sus fotografías en OnlyFans. Lo mismo le sucedió a una venezolana quien se desempeña como productora musical.

Aún no se ha determinado si los delincuentes realizan el robo de manera manual o bien si es una IA que les permite clonar el perfil. De ser así este tipo de delitos se intensificarán con el pasar de los días, meses y años si las autoridades no buscan la manera de ponerle freno.

Pero este no es el único modo en que estos criminales se lucran. Numerosas personalidades que venden contenido erótico en páginas como OnlyFans han denunciado que delincuentes roban sus fotografías y las comercializan en páginas web creadas por ellos. Estas suplantaciones son relativamente fáciles de encontrar en Facebook donde se popularizan rápidamente.

En todo tipo de grupos de Facebook (cocina, literatura, memes, política, etc.), entran perfiles creados recientemente que comparten publicaciones con fotografías sugerentes. Los perfiles en donde fueron publicadas las fotografías eróticas también son creados recientemente y cuentan con numerosas publicaciones donde comparten URL a páginas web que te piden datos personales. Los incautos que visualizan el contenido de estos grupos se topan con la publicación, ingresan al perfil “dueño de la fotografía” y si les pica el gusanillo entran a la página web donde pueden comprar uno de estos “packs” que termina por robarles el dinero. Algunos de estos grupos creados en menos de diez días alcanzan cifras astronómicas, llegando a contar algunas con más de 90.000 seguidores.  

Las víctimas de este delito denuncian que no solo se lucran vendiendo sus fotografías, sino también las ponen en riesgo pues muchos compradores de estos ‘packs’ falsos, se sienten robados por la víctima (de quien conocen su rostro y su nombre) y no de los delincuentes.

 

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Es importante que las autoridades den forma jurídica a estos delitos que son pasados bajo suplantación de identidad. No tiene mucho sentido dar la misma pena judicial a un delincuente que te realizó descargos en la tarjeta de crédito, a quien usando tu imagen crea un perfil que vende ‘packs’ y termina lucrándose por medio de denigrar tu imagen. Más cuando denigrar y ensuciar la imagen de una persona en Internet la condena para siempre al escarnio público. No solo ante familiares, amigos y conocidos, sino en el ámbito laboral y educativo.

 

-César Zalamea.

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 13/10/2021

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