El problema de los Eufemismos

El problema de los Eufemismos

El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, informó para cierre del año 2020 que 309 líderes sociales habían sido asesinados por grupos armados al margen de la ley y otros vinculados con el Ejército Colombiano. La triste cifra recordó del debate que estalló en Colombia a mitades del 2020 tras las declaraciones del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, apoyado por el presidente Iván Duque, en las que denominó a las masacres que había vivido el país para entonces como ‘homicidios colectivos'. Por medio de aquel eufemismo, el Ministro le quitaba gravedad a un asunto que para entonces había dejado 181 personas asesinadas.

El debate tomó entonces diferentes líneas argumentales, entre quienes dicen que usar eufemismos está bien como quienes los rechazan, incluyendo una minoría que considera que, el mundo sin eufemismos es un mundo mejor. Los cierto es que, en un país tan violento como Colombia, usar eufemismos para evitar llamar las cosas como son, con el pretexto (oculto) de evitar la indignación del ciudadano promedio, es repudiable. Más aún cuando se han usado en diversas ocasiones para mitigar lingüísticamente graves tragedias como el asesinato de jóvenes inocentes por parte del Ejército -haciéndolos pasar por guerrilleros de las Farc-, haciéndolas pasar como ‘falsos positivos’; o llamar a las malditas (por todo lo que traen) Reformas Tributarias y Pensionales como ‘Leyes de crecimiento económico’.

 

Los eufemismos y el lenguaje

Gran parte de la humanidad ignora que el lenguaje es el engranaje más importante de la sociedad. Sin el lenguaje el ser humano no habría alcanzado la superioridad entre los animales, ni habría desarrollado la vida hasta el punto que hoy conocemos. Gracias al lenguaje no solo nos podemos comunicar, expresar y requerir una necesidad puntual, sino que, permite un desarrollo individual debido a que sirve como instrumento de reflexión y conceptualización. Por medio de un lenguaje enriquecido para llamar y describir lo tangible e intangible, lo visible e invisible, lo perceptible e imperceptible, un individuo o sociedad puede potenciar su razón.  En otras palabras, gracias al lenguaje el individuo no solo se desarrolla en un contexto, también lo puede comprender, aprehender y exponer a terceros. Existen numerosos tipos de lenguajes, no obstante, nos compete en esta ocasión el lenguaje por medio de signos sonoros, señales y símbolos, que son codificados e interpretados por el receptor del mensaje. Evidentemente este solo puede ser interpretado cuando se conoce parcial o totalmente el o los signos emitidos.

Entendido lo anterior, es importante mencionar que, en un aspecto sociolingüístico, es la sociedad quien se ve reflejada a través del lenguaje. En ella se determina lo que es lingüísticamente correcto o incorrecto, lo que es tabú, escatológico o de plano, no debería ser usado por nadie. Es por esta razón que palabras como ‘culo’ pueden verse de manera soez al utilizarse en un lenguaje cotidiano en Colombia y parte de América Latina, mientras en España no lo es –aunque depende del contexto y la intención de su uso-. Mientras una frase como “le pica el culo” en Colombia produciría miradas de rechazo, en España sería normal.

Aquí es donde entran los eufemismos: Wikipedia los describe como una palabra o expresión menos ofensiva que sustituye a otra de mal gusto o que puede ofender, sugerir algo no placentero o peyorativo al oyente. En términos generales un eufemismo sería la manifestación suave y poco decorosa de una idea que expuesta sería franca, dura y/o malsonante para el receptor. Sin los eufemismos, el lenguaje estaría cargado de odio y de falta de humor (debido a que muchos tienen tintes cómicos). Volviendo al ejemplo anterior del uso de la palabra ‘culo’ esta se relega en países como Colombia exclusivamente a jergas callejeras:

-“Care-culo”.

-“Ese man me cae como un culo”. 

Debido a eso, para referirse al culo, se utilizan eufemismos que aminoren la “vulgaridad”: cola, trasero, nalgas, pompis, etc. Otro ejemplo, es usar la palabra ‘miércoles’ para referirse a la mierda u ‘honorable parlamentario’ para referirse a los hijueputas del Congreso.

Los eufemismos se usan, en su mayoría, por tabúes sociales propiciados por doctrinas religiosas y la moralidad social. Por consecuente, la mayoría de quienes lo usan son religiosos, conservadores, de alto estatus social (debido a que las palabras soeces son del vulgo). Los eufemismos también se usan en culturas muy marcadas por la reserva, por esto no surge el mismo escándalo por el uso de ciertas palabras en países menos conservadores como Argentina y Uruguay, a países con una fuerte influencia de la Iglesia Católica como Perú y Colombia. No surge el mismo escándalo en una ciudad capital que en un pueblo con menos de 40.000 habitantes y donde la televisión y la iglesia son los adalides de la moral.

Lo cierto es que usar eufemismos no está del todo mal. El uso de estos simplifica, por ejemplo, una situación bochornosa: decirle a un infante que un familiar cercano ‘se fue de viaje’ en vez de explicarle sobre la complejidad de morir. (Nota: ejemplo que es válido usarlo en niños muy pequeños que aún no entienden, por superficial que sea, actos como morir, pues sería muy caradura quien le diga a su hijo de 12 años que su familiar se fue a pasear a las Bahamas. Habrá quien diga que lo correcto sería enseñar a los menores sobre la muerte desde una edad temprana, sin embargo, en gran parte de los casos estos no podrían concebirlo de la manera correcta pues su cerebro no ha madurado lo suficiente para entender que esta es irreversible y que quien haya muerto, más si es alguien cercano, jamás volverá).

Un caso muy extendido sobre los eufemismos fue el uso a mitades de siglo de términos como ‘subnormal’ para describir aquellas personas que nacían con patologías como el Síndrome de Down (trisomía 21) o Síndrome de Marfan. Todo con el objetivo de no enrollarse en largas descripciones sobre aquella patología. Lo cierto es que con el pasar del tiempo el eufemismo terminó convirtiéndose en un disfemismo, el cual al contrario del eufemismo que se encarga de maquillar un término o situación, este se encarga de exaltarlo y realzarlo, convirtiéndolo en muchas ocasiones en ofensas. Por lo tanto, es común escuchar a jóvenes usar el término subnormal de manera peyorativa para referirse a un individuo con una patología o simplemente para decirle a alguien que es tonto o similar. De la misma forma nació el disfemismo ‘mongolo’ o ‘mongólico’, usado en un principio para asociarlo con el Síndrome de Down y ahora utilizado para llamar a alguien como un cierto grado de estupidez.

En un plano más superficial, gran parte de la población utiliza diversos eufemismos para maquillar la palabra ‘gorda’ como si denominar a alguien con aquella condición corporal fuese "una tragedia". En las revistas de moda y vida social es común encontrar descripciones como: modelo de ‘tallas grandes’, ‘curvas generosas’, ‘voluptuosa’, ‘curvilínea’, ‘maciza’, ‘rotunda’, ‘huesos grandes’, ‘rellenita’ y en el plano pornográfico, ‘gordibuena’. Un eufemismo estúpido que evidencia el desconocimiento social sobre la condición de gordura y su diferencia con la obesidad. Lo mismo sucede con el eufemismo ‘persona de color’ para describir a los negros (que, a pesar de ser introducido en el Castellano como término peyorativo, está siendo reivindicado), como si todos no tuviésemos algún tipo de color y como si tenerlo fuese algún tipo de enfermedad contagiosa. Lo correcto aquí sería no describir a nadie por su tono de piel, ni usar palabras o términos como afrodescendientes pues en la lógica todos lo somos. (Nota: la excepción a la regla son los casos judiciales, pues es una característica que puede marcar una gran diferencia a la hora de capturar un criminal, al igual que su estatura, edad y contextura física).

Un grupo de eufemismos muy marcados y visiblemente polémicos son los eufemismos sexuales. Muchas familias optan por enmascarar palabras como pene con otras como “pajarito”, “manguera”, “bombero”, “lombriz”, y “pichirulo”, y a la vagina con palabras como “conejito”, “cosa”, “arepa”, “galleta”, “frutilla”, “huequito”, “eso” y “ahí”. Todo por un estúpido pudor a un par de palabras que describen una parte corporal.  Por esa razón, hay imágenes educativas que advierten sobre el peligro de enmascarar aquellas palabras, como el ejemplo del profesor que no entendía que una de sus alumnas era abusada sexualmente por uno de sus tíos, debido a que la menor le decía que “su tío se comía su galleta”, término que el profesor interpretaba como el producto de repostería y no como su órgano sexual. A pesar de lo complejo que puede terminar siendo un debate sobre si usar o no los eufemismos sexuales en menores, los expertos en educación sexual sugieren que desde temprana edad se les debe enseñar el nombre de sus órganos sexuales y la importancia de que nadie (excepto sus padres hasta cierta edad) deba verlos ni tocarlos.

A los anteriores eufemismos sexuales también se suman los utilizados por medios de comunicación, las Iglesias o personas conservadoras para referirse a las relaciones sexuales: hacer el amor, tener intimidad, llevar al huerto, ‘poner mirando a Cuenca’ o comer el higo. Muchos usados como ‘lenguaje encriptado’ delante de menores de edad. Mientras los jóvenes utilizan disfemismos como coger, follar, tirar, darle como a rata, etc.

Eufemismos peligrosos

El problema de los eufemismos surge cuando inescrupulosos lo utilizan para maquillar lingüísticamente problemas sociales haciéndolos ver menos graves. Un ejemplo, denominar en campañas electorales a candidatos imputados por cargos ilícitos como ‘investigados’, denominar los secuestros, como ‘retención ilegal’ o en el caso colombiano -como escribí líneas atrás-, denominar el asesinato de jóvenes inocentes en estado de indefensión por parte de las Fuerzas Militares para hacerlos pasar como guerrilleros de las FARC, como Falsos Positivos. Otro polémico eufemismo utilizado por quienes temen a decir las cosas como son, es el denominativo “polémico empresario” para referirse al narcotraficante ‘Ñeñe Hernández’ quien habría comprado votos para la campaña de Iván Duque como presidente 2018-2022. 

Aquella práctica de eufemizar problemas sociales se convierte en un peligro para terrenos conflictivos como Colombia. Recientemente Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica (gracias a su cercanía al uribismo) dijo que en el país no se podía hablar de "conflicto armado”, sino de “terrorismo de Estado”. Si bien estas declaraciones no se podrían empaquetar correctamente en todo lo que puede ser considerado un eufemismo, evidencian el problema de maquillar y negar sucesos que generan, generaron y generarán muertes en un país política y socialmente inestable como el nuestro. Negar un conflicto armado y denominarlo como guerra contra el terrorismo, quita de tajo cualquier tipo de correspondencia armada y política de los beligerantes del conflicto, pues en el caso de la ya extinta guerrilla de las FARC, estas no entraron al panorama bélico porque quisieran entrar al top 10 de millonarios, sino porque no veían una salida pacífica para el panorama político del país. Que con el pasar de los lustros empezaran a realizar atentados contra la población civil, realizaran actos barbáricos y se metieran en el narcotráfico (lo cual derivó en su futura inclusión como grupo terrorista), es otra cosa. No obstante, las FARC y el Estado no han sido los únicos beligerantes, pues ha habido numerosos grupos guerrilleros como el M-19, el EPL, el ELN, grupos paramilitares como las AUC, los Doce Apóstoles y Los Templarios, y otros como los carteles de la droga, los señores feudales y las BACRIM. Otro ejemplo es el M-19 quien sí tuvo unas líneas bien definidas sobre la guerra de guerrillas, apartándose de grupos subversivos problemáticos como las FARC y el ELN que para aquella época solo buscaban enriquecerse. Curiosamente, cuando iniciaron los primeros movimientos guerrilleros en Colombia, el entonces presidente Alberto Lleras Camargo, en su primer mandato, los denominaba como “bandoleros” para bajarle a la intención política que aquellos hombres tenían.

Por esta razón, los eufemismos que enmascaran los problemas sociales con el objetivo de reducir la indignación popular sólo deben producir repudio. En el caso específico de los hoy denominados ‘homicidios colectivos’ para referirse a las masacres que está viviendo el país, son la jugada perfecta para que aquellas personas ajenas a las redes sociales y que sólo se informan por los medios de comunicación tradicionales crea que aquellos homicidios no tienen nada que ver con la barbaridad real y tangible de lo que son las masacres de gente inocente por parte de grupos aún por identificar. El término usado ‘homicidios colectivos’ usado por el Gobierno presuntamente es correcto, pues según este se producen cuando acaban con la vida de cuatro o más personas, en estado de indefensión, en el mismo momento, lugar y por el mismo perpetrador. Lo absurdo es que la masacre, según la ONU, se refiera cuando tres o más personas son asesinadas en estado de indefensión, en el mismo momento, lugar y por el mismo perpetrador. En Colombia siempre ha sido utilizado el término masacre y sólo en estos momentos que nuevamente se ve comprometida la popularidad del Gobierno Duque por su incompetente actuar, cambian todo por eufemismos sacados del ‘trasero’.

 

César Zalamea

 

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 09/01/2021

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