Bullying, asesino en potencia

Bullying, asesino en potencia

Es la definición de una actividad macabra y sombría tan conocida y a su vez tan indiferente, que encierra miles de historias contadas y no contadas por quienes lo padecen. Este tipo de acoso social no solo se percibe en las aulas estudiantiles, sino también en muchos ambientes laborales, incluso al interior de los mismos hogares. No solo los niños y jóvenes sufren este flagelo, los adultos también se enfrentan a este tipo de comportamiento violento e intimidatorio, que se representa de manera física y verbal.

¿El Bullying, una moda?

Desde siempre ha existido esta práctica violenta y peligrosa, a través de los años y por generaciones anteriores, hemos conocido de algún caso en particular que encierra una historia triste y sombría. Cuando era adolescente, por ejemplo, fui víctima del bullying por mis apellidos y por mi baja estatura, pero a pesar de ello, no me dejé vencer y le gané la partida al acoso escolar. Mi madre me cuenta también que cuando era niña, sus compañeros de clase le quitaban su merienda y la amarraban a un árbol. Estas situaciones de maltrato, burla y presión, desde siempre han estado presentes en la vida de cada uno de nosotros. De manera directa o indirecta, hemos sido espectadores, victimas o victimarios quizás, es solo que este hostigamiento y persecución años atrás no tenía nombre, ahora si lo tiene y es reconocido en la sociedad como Bullying o Matoneo.

Modalidades del Bullying

  • El Cyberacoso o Cyberbullying también denominado acoso virtual es otra modalidad de ataque, donde se presenta de manera sistemática y agresiva en las redes sociales. La victima elegida no solo es embestida por su verdugo, sino que también en algunos casos es extorsionada.  Recordemos que el Chantaje está contemplado por la ley como un delito penal, por lo menos en Colombia, dada la gravedad y la intención de dañar y destruir la reputación y la imagen de una persona. Uno de los casos más populares y que generó el surgimiento del término Cyberacoso, fue el suicidio de Amanda Todd, una joven canadiense de 15 años quien tras publicar un vídeo titulado “My Story: Struggling, bullying, suicide and self-harm”, donde contaba cómo había sido víctima de Cyberacoso por parte de un desconocido que habría compartido fotografías íntimas de ella, se quitó la vida.
  • Otro comportamiento tan común y despreciable que se da en los ambientes laborales y es liderado por una o más personas, es Mobbing, que, a través de ataques sistemáticos, hostigan y acosan a su víctima generándole estrés laboral, pánico y terror. ¿Cómo alguien puede manifestar un comportamiento tan vil y vergonzoso a una edad adulta, si finalmente tenemos la capacidad de pensar, razonar y diferenciar lo que está bien de lo que está mal? ¿Cómo una persona consciente de sus actos puede ejercer tanta violencia sobre otros? La respuesta nos remite a un sinnúmero de aspectos vacíos y carentes de validez y justificación, entre ellos, la competencia laboral, la envidia, las diferencias personales, el complejo de inferioridad y el abuso de poder. Este tipo de prácticas insanas son tan peligrosas y letales, como cuando sales a la calle armado con la intención de matar a alguien y finalmente cumples con tu cometido. Solo que para mi gusto prefiero sufrir una muerte súbita e instantánea y no una agonía larga y prolongada. En América Latina, una región de pocas oportunidades, es complicado salir corriendo hacia la puerta de emergencia y dejarlo todo atrás, pues pesan más los problemas económicos y las responsabilidades que cualquier otra cosa, es por ello que muchos aguantan y soportan jornadas desgastantes y de angustia constante. Es como pesar en una balanza la necesidad y el bienestar emocional de una persona para comprobar qué posee más   importancia, y seguramente para la gran mayoría pesa más la necesidad que cualquier otra cosa. Porque para quienes son padres, responsables de llevar el sustento diario a sus hogares, vale más la sonrisa de un hijo que cualquier otro infortunio. Este tema tiene demasiadas páginas por escribir y es difícil complementarlas en un solo artículo, pero si me gustaría dejar un precedente en todo esto y es que no podemos cerrar los ojos ante una realidad tan oscura y devastadora, no podemos ser partícipes de algo tan cruel, no podemos permitir que tantas almas se pierdan en la inmensidad del dolor y el desconsuelo. Rechacemos cualquier muestra de violencia, es inaceptable que este tipo de prácticas se lleven a cabo no solo por parte de compañeros de trabajo sino por superiores, gente con más jerarquía y poder que claramente deberían de representar un liderazgo y un ejemplo a seguir, este tipo de personas a mi particularmente me generan repudio y malestar. Mi lógica y sentido común sencillamente no conciben este tipo de comportamientos tan despreciables
  • En casos muy aislados pero extremos, hay personas que sufren de bullying familiar, el cual consiste en un acoso constante perpetrado por uno o más miembros de su hogar. Por lo general el hostigador es el propio padre cabeza de hogar, quien se burla de sus hijos varones por no ser lo suficientemente ‘machos” como él lo considera; o los hermanos mayores, quienes subyugan mediante la violencia a sus hermanos menores, obligándolos a hacer las tareas del hogar. En el caso femenino, hay veces que las madres ejercen bullying en contra de sus hijas por la atención que estas reciben por parte de los miembros varones de la familia, en otros casos son sometidas a un prototipo de machismo, por el que siendo mujeres son forzadas a realizar labores domésticas dejando de lado sus estudios y su crecimiento personal.

Familias distorsionadas

Es precisamente en el interior de un hogar, donde se forma un nuevo individuo mediante normas y valores, es donde se prepara a este nuevo ser humano para hacer parte del mundo. Los padres son los primeros gestores y responsables de su educación, son las figuras más importantes y representativas en la vida de un niño, por ello son tan valiosos los primeros años de infancia, porque a partir de ahí su manera de pensar, de actuar y de sentir se ve reflejada dependiendo del entorno en el que este niño se ha ido desarrollando poco a poco como individuo. Cuando un pequeño llega a una familia que le ofrece poca atención y poco amor, su personalidad   se ve muy afectada con el paso de los años.

Las familias distorsionadas no son más que un grupo de personas que conviven en un mismo espacio, pero que respiran una atmosfera diferente, pues cada miembro de este clan va a lo suyo, son personas indiferentes y distantes, su falta de afecto y de interés entre ellos mismos, es muy clara y evidente, ya sea porque cada uno asume un roll diferente, sea por la falta de tiempo o por las excesivas cargas.  En otras familias en cambio la violencia intrafamiliar y/o el maltrato físico y psicológico, hacen parte del diario vivir. El abuso del alcohol y las sustancias psicoactivas también hacen parte del escenario familiar de muchos, factores detonantes y contundentes que influyen de manera drástica y negativa en la personalidad de un niño o adolescente. Dando inicio a patologías un tanto complicadas, como la depresión y la ansiedad, entre otras.

¿Y los resultados? Niños y jóvenes con un alto índice de tristeza, solitarios, inseguros y desmotivados con un mayor riesgo de sumergirse en el alcohol y las drogas. Algunos se vuelven violentos y son precisamente quienes ejercen este tipo de bullying hacia sus compañeros. También recuerda que por más inofensivo que parezca un comentario, una burla, un sobrenombre puede generar complejos e inseguridades, hagámosle frente común al bullying, seamos actores participativos y cuidemos la vida, no solo la nuestra sino toda aquella que se pueda hallar y percibir a lo largo y ancho del planeta.

Sea cual sea el tipo de acoso elegido por el agresor y/o el lugar donde se presente, es algo verdaderamente aterrador, pues la angustia y la preocupación es muy severa y destructiva. Los daños emocionales como resultado de este tipo de prácticas en algunas ocasiones son irreversibles con consecuencias hasta fatales Para muchas personas no es fácil digerir las críticas, las burlas, la presión social, el maltrato físico y las amenazas, y es ahí cuando el daño se hace inminente y profundo, al punto de provocar un colapso emocional y destructivo para quien lo padece.

Este problema no es solo una percepción, es una realidad, incluso de salud pública, que muchos no quieren reconocer, en Colombia por ejemplo el estado emocional o mental de una persona no requiere de mayor importancia, pues lamentablemente no existe un organismo del estado que realmente se ocupe de esta problemática tan grave,  a pesar de que algunas fundaciones y organizaciones no gubernamentales –ONG- intentan hacerle frente a esto, no dan abasto, pues solo entre el 1 de octubre de 2017 y el 1 de octubre de 2018 se presentaron 2.981 casos graves de bullying. En México, por ejemplo, según datos de la OCDE, 18 millones de niños de primaria y secundaria, serían víctimas de bullying, situándolo como el país con mayor número de casos en el mundo.

Pero más allá de las estadísticas, políticas, normas y reglamentaciones, como ser humano siento una inmensa tristeza de ver cómo una persona tiene la capacidad de dañar y destruir a otra. Es duro ver como un niño, tiene tanta maldad en su corazón, ¿dónde se encuentran los padres? ¿quién los orienta? ¿acaso no debería de ser de vital importancia, enseñarles a nuestros hijos desde pequeños a amar y a respetar la vida, pero no solo la propia, sino también la de los demás? Es responsabilidad de cada uno de nosotros inculcarles a nuestros hijos valores que los lleven a ser mejores seres humanos, pues desde pequeños deben aprender a reconocer esas acciones y comportamientos nocivos que pueden dañar a alguien, enseñarles a autocorregirse, a ser compasivos y sensibles. La inteligencia emocional es necesaria para no llegar a ser la victima de nadie, pero sobretodo para no llegar a ser quien lastima y hace daño.

En Colombia la cifra de suicidios ha ido aumentando, por ejemplo, entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2019 se han registrado 1.458 suicidios, 62 más que el año pasado. Según estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal de Colombia, entre enero y julio del presente año, 165 suicidios se han presentado en menores de 17 años, de los cuales dos fueron de niños entre 5 a 9 años. 62 casos de menores de entre 10 y 14 años y 101 casos en menores de entre los 15 y 17 años de edad. Esto es bastante aterrador, porque si yo viajo en el tiempo y regreso a mi infancia, cuando tenía esa edad solo pensaba en cosas bonitas y agradables, en jugar y aprender, no en ideas suicidas. Aunque esa percepción de felicidad y bienestar fue cambiando un poco en mis años de adolescencia, que es ahí cuando por lo general comienza a vivirse esta dura situación.

Pero Colombia no es el único país con este grave problema de salud pública, pues según la OMS (Organización Mundial de la Salud) cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo. Las cifras registradas de 2016 indicaron que 800.000 personas fallecieron por suicidio, 81.000 de ellas en la región de las Américas y la mitad de este grupo en Estados Unidos y Canadá. Y aunque la gran mayoría de los suicidios (79%) ocurren en países con bajos y medios ingresos, las naciones ricas tienen la tasa más elevada (11,5 por cada 100.000 habitantes)

Debemos reforzar la mente y capacidad de nuestros hijos, formar niños con valores, que sientan empatía hacia los demás, resaltar el amor propio, que crean en sí mismos, no podemos darle cavidad a los miedos y a las inseguridades, porque precisamente de ahí se desprenden muchísimos males que, a la larga, de una u otra forma son generadores de múltiples patrones nocivos y peligrosos para quienes lo desarrollan Este flagelo se ha convertido en algo tan habitual, que ya nada nos sorprende y el hecho de encontrarnos con una noticia donde se ve involucrada una víctima del bullying es algo normal para estos tiempos. Vivimos en una sociedad egoísta e insensible que solo siente y despierta cuando algo así toca a la puerta de nuestra casa, de lo contrario somos incapaces de sentir empatía por los demás.

Esto no sólo es responsabilidad de los padres a la hora de educar a sus hijos, sino también de los centros educativos, pues en muchos de ellos, se permite este tipo de prácticas asesinas, no porque las promuevan sino porque pecan por omisión, pues son conscientes de lo que sucede al interior de sus salones de clase, pero aun así prefieren no involucrarse. Es normal entender que unos padres con tantas responsabilidades laborales y económicas no dispongan del suficiente tiempo de educar a sus hijos, pero de igual manera es vital hacer parte del desarrollo de estos niños y jóvenes, que muchas veces crecen solos sin ningún tipo de acompañamiento.

Como sociedad tenemos un compromiso y una misma responsabilidad colectiva y es la de no autodestruirnos, debemos preservar la vida y para ello no podemos ser indiferentes frente a ningún tipo de maltrato, no podemos ser solo espectadores y mucho menos avivar este tipo de situaciones, pues cuántas personas no han presenciado o son conocedoras de un caso de bullying y son cómplices o simplemente callan y siguen de largo su camino.

-Ángela Zalamea

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