¿Comerías insectos? ¡La Entomofagia es el futuro!

¿Comerías insectos? ¡La Entomofagia es el futuro!

En la gran mayoría de los países de occidente, la idea de comer insectos y arácnidos se hace desagradable. La sola idea de tener patitas y antenas de estos repugnantes animales en los dientes, la lengua y las encías a muchos les genera escalofríos y hasta arcadas. Contrario a lo que muchos podrían siquiera imaginar, la Entomofagia –ingesta voluntaria de artrópodos (insectos, arácnidos, crustáceos, y miriápodos con fines alimenticios- podría ser el futuro de la alimentación por numerosos factores como su fácil cultivo, sus numerosas propiedades alimenticias y sus ventajas ambientales.

Si bien la Entomofagia incluye el consumo de crustáceos de tierra, como las cochinillas (debido a que los crustáceos acuáticos como los cangrejos, gambas, langostinos, quisquillas, entre otros, es algo común en la gastronomía mundial), el término Entomofagia hace referencia casi en su totalidad al consumo de insectos, arácnidos y miriápodos: desde escarabajos, ciempiés y gusanos hasta arañas y alacranes.

¡Tus antepasados ya comían!

Aunque te resulte extraño, el ser humano ha consumido artrópodos a lo largo de toda su historia. Que haya existido un declive desde hace más de 10.000 años, es otro asunto. Se cree que el ser humano comenzó a comerlos al ver otro grupo de animales consumirlos, convirtiendo así a los artrópodos en un manjar al cual podían acudir cuando la oportunidad se dejaba ver. Saltamontes, orugas, arañas, gusanos, ¡todo tipo de artrópodos eran consumidos por el hombre primitivo!

Y… ¿Por qué no continuamos con su ingesta?

Tras el descubrimiento  de la agricultura y la ganadería primitiva, el hombre dejó poco a poco el consumo de artrópodos debido a que muchos de estos se consumían en épocas estacionarias, además de que la agricultura y la ganadería proveían todo lo necesario para subsistir. Con la primera, el ser humano se proveía de una alimentación casi fija, y de la segunda, además de nutrientes adicionales, se proveía de otro tipo de productos, como los lácteos y pieles, además de usarlos de tracción y transporte, sin contar que las partes óseas de su cuerpo podían ser usadas como elementos bélicos. Aun así, el motivo principal que llevó a que el ser humano dejara el consumo de artrópodos fue el problema que estos representaban para la agricultura ya que los insectos terminaron convirtiéndose en plagas, afectando así la producción agrícola, y las arañas –como depredador natural de los insectos- de ser consumidas, dejaban de ser adversarios contra sus compañeros de filo.

Otro motivo fue, debido a la gran densidad poblacional del ser humano que se generó tras el boom de la agricultura, la proliferación de insectos vectores como los mosquitos los cuales generaban transmisión de enfermedades en aquellas pequeñas sociedades. El hombre dejó de ver a los insectos como sus aliados alimenticios para convertirlos en sus enemigos naturales que acababan con su sustento diario, y empezó a ver a los arácnidos, no como alimento sino como un amigo depredador para las plagas.

Con todo lo anterior, en algunas regiones del mundo, como en Mesoamérica, las tribus y sociedades tras lograr controlar los insectos plagas de los cultivos con otros arácnidos y otros insectos, continuaron incluyendo en su gastronomía prehispánica, además de la agricultura y la ganadería, diversos platillos de insectos, como las chamas (larvas de la mariposa del madroño), ahuautles (huevos de hemípteros), xamoes (escarabajos comestibles), el gusano del maguey (larva de la mariposa saltarina), entre muchos cientos más. En Asia, especialmente en el Sureste Asiático, donde la Entomofagia lleva siglos de historia, el consumo de arañas, saltamontes, libélulas y larvas de abejorros, son los principales artrópodos consumidos. Muchos de estos territorios aún continúan con la ingesta a pesar del tabú que hay en el mundo sobre estas cocinas.

¡¿Qué?! ¿Hay gente que aún los come?

A pesar de que en gran parte del territorio mundial la idea de comer insectos se haga desagradable, pues muchos no entienden por qué el animal que podrías aplastar con un zapato podría terminar en la boca de otro ser humano, hay una gran lista de países, provenientes en su mayoría de Asia, África y América, que consumen insectos. Su ingesta en aquellos territorios se da por apropiación cultural y por los diferentes platillos que se pueden preparar con los artrópodos.

En países como Camboya, el consumo de arañas es algo muy común. En la ciudad de Skuon, los lugareños crían las arañas de la especie Haplopelma albostriatum, en agujeros para posteriormente freírlas en aceite. En China, siendo un país tan grande, muchas de sus regiones tienen por gastronomía el consumo de artrópodos, siendo los saltamontes y los escorpiones los más populares. En Wangfujing Street, en la capital Pekín, se encuentran pequeños mercadillos con artrópodos para el consumo, desde crisálidas de gusanos, hasta escorpiones, pasando por cien pies y algunos tipos de cigarras.

En México, el consumo de ciertas especies como los escamoles -larvas de la hormiga güijera (Liometopum apiculatum)-, considerados como el Caviar Mexicano, requieren de épocas estacionales, pues su cultivo se da en la temporada de cuaresma, aumentando así su valor muy por encima de un filete curado de res. También los aztecas, en la ciudad de Santiago de Anaya del estado de Hidalgo, llevan a cabo el festival gastronómico (el cual ya va en su trigésima novena edición) denominado “Muestra gastronómica Santiago de Anaya”, en el cual se comercializa en su mayoría comida prehispánica hecha a base de insectos.  Chapulines, gusanos de maguey, escamoles, shamues, chinicuíles, chamas, ahuautles y xamoes, son unos de los tantos tipos de insectos que se pueden encontrar en el festival gastronómico.

En África, el consumo de la langosta del desierto -Schistocerca gregaria-, la cual es una plaga que afecta la mayor parte de los cultivos de la región, es un manjar junto a sus huevos para muchos lugareños. En Sudáfrica, el consumo de la oruga de la mariposa Gonimbrasia belina, es muy común, siendo muy popular en recorridos gastronómicos del país.

Según cifras de la FAO - Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura-, más de 2 millones de personas en el mundo consumen artrópodos, tanto como base alimentaria como manjar gastronómico, siendo China, Tailandia, Camboya y México los países donde más se consumen. 

Beneficios alimenticios

Muchos podrían pensar que un artrópodo tan repugnante como las polillas, los chinches, las arañas y los saltamontes tendrían un sabor horrible, no obstante, están muy lejos de la realidad pues el sabor de estos animales es venerado por millones de personas. Tal vez se hace mal en juzgar al libro por su portada. Según datos de la FAO y de diferentes organizaciones en pro del consumo de artrópodos en países en desarrollo, un insecto como el saltamontes tendría aproximadamente un 72% de proteína versus un 52% de proteína que tiene la carne de res. La diferencia es muy notable, teniendo en cuenta que alimentar y mantener el crecimiento idóneo de una res para su posterior sacrificio y producción cárnica genera un costo económico y de tiempo alto, mientras el cultivo de saltamontes y grillos podría ser mucho más sencillo, producir mucha menos contaminación, mucho menos tiempo y recursos. Además de todo esto, los insectos serían una gran fuente de fibra y minerales, sin contar las numerosas vitaminas que poseen.

Los artrópodos, teniendo la mayor cantidad de especies descritas en el planeta –aproximadamente 1’100.000-, de las cuales 1.900 según estudios de la FAO hasta la fecha, pueden ser consumidas sin ningún tipo de riesgo para la salud, podrían ser en el futuro un remedio eficiente contra la hambruna en países en desarrollo.

El futuro alimenticio

En el informe de 2013 titulado “Future prospects for food and feed security”, la FAO urge a los países del primer mundo y a países en vías de desarrollo a realizar investigaciones, legislaciones y a implementar gradualmente el consumo de insectos (de quienes se habla en el artículo) o productos a base de estos con el fin de cesar la muerte de seres humanos por inanición. Según el informe, cultivar en número diferentes tipos de insectos tendría un costo en recursos económicos y naturales mucho más bajo que producir otros alimentos a base de otras especies, como la carne de res, de cerdo y el pollo.  De implementar el consumo de insectos, habría una mejora en la obtención de proteínas, fibra, aminoácidos, vitaminas y minerales en el ser humano, pues una baja ingesta de insectos o alimentos a base de estos en el día a día sería suficiente para reducir problemas como la insuficiencia de hierro en mujeres y mejorar el tracto gastrointestinal gracias a la fibra.

También el consumo de insectos podría ayudar a reducir el avance del cambio climático, pues estos pueden criarse en compost y heces de otros animales, reduciendo así costos económicos de producción, y ambientales como el poco costo hídrico que representan. El cultivo de insectos también es inmensamente inferior a la producción de la industria cárnica la cual mediante gases de efecto invernadero contamina gravemente el planeta.

Actualmente diferentes empresas en el mundo se dedican a la investigación y producción de productos a base de artrópodos, siendo en Europa el más común. En España, empresas como Entomafoods, comercializan pastas y harinas a base de insectos como saltamontes y grillos. Pero sus productos curiosamente llegan más allá, comercializándolos en barritas energéticas con nueces y cacao, condimentos, y hasta frituras para los tentempiés. En Colombia, la empresa ArthroFood, ganadora de cuatro premios internacionales, produce harina de grillo la cual sirve para preparar desde panes hasta galletas, nutritivas y deliciosas. 

- César Zalamea

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